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Reunión de pastores

miércoles 23 de septiembre de 2020, 07:51h

El lunes, el Dr. Sánchez giró visita pastoral a la sede de gobierno de este Distrito Federal (Díaz Ayuso dixit), antes Madrid, con toda la pompa y boato que corresponde a la circunstancia. Entre abucheos e insultos del pueblo soberano, fue recibido por la gobernanta, sobre la placa del kilómetro cero, hoy símbolo huero, ya que las carreteras se hacen de circunvalación.

Allí, junto a la Presidente, esperaban el Sr. Franco, Delegado del Gobierno Central, para rendir pleitesía a su jefe y arroparlo ante la libertad de expresión previsible, y el Sr. Aguado, Vicepresidente del Distrito Federal, dispuesto a arrimarse para chupar cámara y salir en las fotos.

Ese mismo día, entraban en vigor restricciones a la movilidad en 26 zonas de la provincia, ni mejores, ni con peor intención, ni distintas a las que han estado activas en Zaragoza, Lérida, el barrio del Rabal de Barcelona, etc.

Antes que España se viera obligada a recurrir a la autarquía y organizase lo del INI, tiempos a extinguir, el solar patrio estaba compuesto de majadas, oteros y besanas. La cultura era pastoril, bucólica, de égloga virgiliana y yunta de mulas, rural, o de noche oscura y cántico espiritual de Juan de Yepes, o Juan de San Matías, o Juan de la Cruz, que nunca sé, a ciencia cierta, cómo se llamó aquel hombre místico.

Hasta el siglo XIX, la Mesta era dueña del territorio y los ganados trashumantes se enseñoreaban de veredas y cordeles. De cuando en vez, moría una oveja, quizá reventada de cansancio, quizá ahíta de sol, hambre y sed, o abrumada por los años instalados entre las vedijas de su vellón. Como no había veterinarios, ni miedo a las encefalopatías espongiformes, la oveja muerta era cocinada al anochecer y la abundancia de carne congregaba, en torno al caldero, a los rabadanes y mayorales propios y extraños, que compartir era una fiesta.

De aquellos usos, nació una anáfora -¿reunión de pastores?, oveja muerta-, hoy en desuso que, no obstante, conserva su sabiduría.

Mientras el Dr. Sánchez, con su consabida palabra de honor, insistía en que venía para cooperar, ayudar y contribuir al bien común, el Sr. Franco, Jano bifronte, que preside el PSOE madrileño a la vez que es delegado gubernativo, convocaba una manifestación para protestar por las restricciones decretadas por la Sra. Díaz Ayuso. La navaja cabritera en la faja, por si acaso. Luego ha dado marcha atrás, mientras el socio gubernamental aprieta el acelerador en pro de la convocatoria del fin de semana próximo.

La portavoz Lastra echaba su cuarto a espadas, haciendo interpretaciones paranoicas, para alentar el malestar y la malquerencia contra Ayuso; incluso, llegó a hablar de medidas injustas…

Por si fueran pequeñas las incongruencias esquizoides, el Dr. Castells, catalán de Hellín (Albacete) y catedrático de Sociología en Barcelona, daba una lección de lo que es cohesión de grupo y respeto al líder, criticando a la contertulia con quien su jefe estaba colaborando, en abierta y franca armonía, a cara de perro y miradas fugaces de soslayo.

Es notable la confluencia de catalanes, autóctonos y charnegos, afiliados al PSC, que se concentra en las alturas del Estado. Se ve que en Cataluña no recalan y se vienen al Distrito Federal para hacer recolección. Pero, a un catedrático de Sociología y más si es académico y muy mayor, de esos a los que Iglesias pide que “cojan el helicóptero y se vayan a Castelgandolfo, o a la m.” (la grosería es de él), hay que exigirle que aplique sus conocimientos. Al líder y sus acciones sólo se critica cuando hay una operación para desbancarlo. El Dr. Castells, rondando los ochenta años, con varios infartos, un asunto renal y escondido por el pánico al coronavirus, no es presumible que esté en esa operación. Por tanto, probablemente, pese a su halo de sociólogo urbano, estuviera hablando por boca de ganso, diciendo, tanto él como Lastra, lo que les había dicho Rubén Cuadrado que dijeran, igual que el Sr. Franco obedeció con su convocatoria.

¡Vaya cuadrilla! Cualquier día consagran el Valle de los Caídos a Judas Escariote, saltándose el protocolo y remilgos canónicos vaticanos, que para eso son ateos, agnósticos o relativistas.

En la solemne reunión de presidentes, surgió una idea magnífica: crear un comité. Como epidemiólogos expertos, se van a reunir semanalmente, el filósofo Sr. Illa, cuya brillantez nos ha deslumbrado durante el confinamiento, y el informático Sr. Aguado, que no duda de arrimarse a cualquier árbol. Las ideologías siempre han sido contraproducentes y no sirven para gestionar. Por tanto, poca luz podemos esperar de este comité.

Sin embargo, autoridades científicas de prestigio, en agosto pasado, mientras el Dr. Sánchez sesteaba en La Mareta y Doñana, solicitaron hacer un estudio científico serio sobre los procedimientos y medidas adoptadas hasta la fecha en la lucha contra la pandemia. El objetivo es decantar las decisiones acertadas y corregir las inocuas o fallidas, ya que nadie sabe nada sobre este virus. No obstante, por pronto, Illa posterga la decisión a octubre. Eso se llama procrastinar que, en ciencia, puede ser funesto y, en la desgracia que vivimos, de fúnebres consecuencias. Tan fúnebres y luctuosas que la expectativa de ovejas muertas, a finales de 2020, es superior a 51.500. ¡Qué festín de bronceado y atracón de gambas se va a tomar el Dr. Sánchez en La Mareta, por Navidad!

A pesar de todo, en España hay gente inteligente, profesionales de postín, investigadores que son respetados, sabios y prudentes, que unen esfuerzos, realizan simposios, aunque sean virtuales y comparten conocimientos, su tiempo, su entusiasmo y su vida. Lo están haciendo, por encima y por debajo de las ideologías y las miserias de unos políticos tan ignorantes, como fatuos.

Mientras los mayorales se reúnen, “nous à nous moutons” dicen en Francia, que es como cuidarse de uno mismo y dejar las manifestaciones para liberados y zanguangos, que viven de eso.

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