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La plaza de Isabel Díaz Ayuso

lunes 08 de noviembre de 2021, 10:59h

Nadie tiene el derecho a enfrentar a Ayuso con Casado (T.G.E. dixit). Pero nadie, desde la cúpula del Partido Popular, tiene el derecho a alimentar el despropósito de enfrentar a Pablo Casado con su propia base electoral en la Comunidad de Madrid. Una de las cosas más difíciles de entender para los electores del entorno madrileño son las complicaciones creadas en la casa del Partido Popular sobre la inevitable futura elección de Isabel Díaz Ayuso como presidente provincial de su partido. Tras ser elegida clamorosamente como presidenta del conjunto de todos los habitantes de esta comunidad, la elección de Frau Ayuso como presidenta de su partido es una consecuencia natural, puesto que ya ha sido votada previamente, pues hay que suponer que también los afiliados de su partido censados en esta provincia la votaron, a no ser que supusiésemos que los votantes que la eligieron eran una mayoría de habitantes independientes de Madrid, a excepción de aquellos afiliados al Partido Popular que se abstenían por motivos secretos para no votar a la candidata de su propio partido.

Conozco sobradamente que se trata de dos procedimientos distintos y que existe una mecánica de votaciones internas primarias y en su caso elecciones de compromisarios para votar en el Congreso regional del partido. Pero resulta disparatado pensar que, una vez expresado públicamente el deseo de presentarse a la elección partidaria por parte de Díaz Ayuso, pueda haber algún personaje, sin una mayor capacidad de convocatoria electoral demostrada, que pueda tener la osadía de presentarse a competir contra quien llega respaldada por la anterior aceptación mayoritaria de la población madrileña. Tal idea solo puede pasar por la mente retorcida de algún personajillo interpuesto por los maquiavelos del sanchismo en la grasa sucia de la sala de máquinas del partido.

A Díaz Ayuso solo se debe agradecer que se ofrezca a las tareas, a veces ingratas, de la conducción de un partido nada fácil, lleno de azares, peligros y antecedentes dudosos, a pesar de ser la única alternativa de eficacia comprobada contra el sórdido consorcio socio-comunista-separatista que padecemos y, por tanto, está puesta en el punto de mira de toda la artillería antiespañola, antiliberal y anticonstitucional de los poderosos elementos coaligados contra el progreso y el bienestar de los sistemas constitucionales abiertos. No darle la bienvenida sinceramente y brindar espectáculos de división para el regocijo de una izquierda en declive solo puede ocurrir gracias a la ceguera de quienes disfrutan ocasionalmente de apariencias formales de poder superiores a su categoría personal.

Es una desgracia que un tema de esta naturaleza pueda flotar en los medios informativos gracias a sentimientos fratricidas y envidias purulentas de gentes acomodadas en el ascensor de un partido con futuro, sin tener en cuenta que los motores que impulsan al ascensor son los triunfos precursores de Madrid, Galicia, Castilla y León, Andalucía y Murcia y no los acuerdos negociados a precio de saldo con el enemigo. Frente a la fórmula de los gobiernos Frankenstein como conjunto de minorías consorciadas solo se puede vencer con quienes han demostrado que pueden ganar. Comprenderlo y no tenerlo en cuenta, minusvalorando a los ganadores probados y dando oído a personas sin eco popular, es elegir un camino suicida en las contiendas democráticas. Cualquier táctica que no valore el derecho de la protagonista de un triunfo histórico para presidir a su partido en el territorio de su victoria es dilapidar la renta de aquella victoria. Solo una fruta podrida en el cesto del PP puede haber sugerido dividir una tendencia electoral ascendente movilizando elementos de dimensión local contra la presidencia regional de la Comunidad. Solo una mente podrida puede imaginar que es una demostración de autoridad de la presidencia del PP un antipático y negativo procedimiento de enfrentarla contra su propia base electoral. El prestigio de la dirección nacional de un partido no se fortalece sino que se rebaja cuando se muestra desconfiada y recelosa de los éxitos populares de su gente en vez de basarse en ellos. Cuando Isabel Díaz Ayuso se convirtió en la esperanza de la derecha española no había otra elección que darle su plaza en el tren de la victoria con todos los honores. Es ridículo pretender situarla en el furgón del equipaje, Hay que confiar que a ella le sobran arrestos para ocupar la plaza que le corresponde por su propio impulso. Los que le faltan a otros para dar la cara y exponer sus razones, sin las tienen, para condicionarla o limitarla.

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