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Los espejos rotos

miércoles 26 de abril de 2017, 11:05h

Los espejos de Europa están cuarteados, con pedazos de cristal desprendidos de su superficie que, antes, reflejaba un paisaje humano completo vestido con colores alternativos. El espejo francés tiene un roto importante a su derecha. Pero tiene un seguro de reparación: la segunda vuelta. Hay un hombre joven que no está comprometido con ningún partido y, por tanto, va a valer para todos los pedazos que conserva el espejo: Emmanuel Macron. Habrá quien quiera creer que es producto de la casualidad. Quizá porque no conocen una sabia sentencia del viejo Winston Churchill: “En política nada es casual y cuando parece casualidad es que ha sido muy bien preparado”.

Es un error seguir analizando la química del poder en términos de izquierda y derecha. Esa antítesis ya no le importa casi nada a casi nadie. Todo el mundo sabe que los políticos de derechas aplicarán fórmulas de izquierdas si convienen para gobernar sin motines y que los políticos de izquierdas aplicarán fórmulas de derechas para gobernar sin bancarrotas. Por ello podrán votar a Macron, en la segunda vuelta, lo mismo los derechistas que los centristas y lo que quede de los socialistas. Los que no podrán votar unidos con nadie serán esos monstruos prehistóricos de Le Pen y Mélenchon que, cada uno encerrado en su caverna, son inasociables entre sí e inasociables con nadie con dos dedos de frente. Pero han sumado entre los dos el cuarenta por cien del electorado francés. una cifra lo suficientemente terrorífica para medir hasta que línea de peligro han puesto a Francia y, por riesgo de contagio, al resto de Europa la crisis económica, la corrupción de los dirigentes y la debilidad en la defensa de la seguridad y la ley atacadas por la intolerancia y el terrorismo.

Es ingenuo suponer que los políticos disfrazados con las caretas de la extrema derecha y de la extrema izquierda no sepan que es ridículo predicar que una nación aislada pueda hacer frente a los equilibrios de una economía global. También es ingenuo suponer que se crean que unas estructuras militares tan escasas y fragmentadas como las de cada una de las naciones europeas pueda hacerse respetar sin su alianza trasatlántica con los Estados Unidos. Saben que no es posible mantener una economía de mercado y un marco de fortaleza para la libertad sin alianzas y organismos de cooperación plurinacionales. Lo saben y cuando predican en contra de la Unión Europea o de la OTAN saben lo que hacen: engañar a los más débiles para poder traicionar a los más fuertes. Son los caballos de Troya del totalitarismo. Pero unos caballos muy gordos. Por ello la concentración del voto en la segunda vuelta que hay que esperar que se produzca en Francia no es un asunto entre izquierda y derecha sino entre europeísmo y barbarie, entre democracia y totalitarismo y entre calidad de vida y miseria.

En España también está cuarteado el espejo. Lo malo es que, aquí, no existe la previsión de las segundas vueltas. Lo menos malo es que los fragmentos de cristal desprendidos de la superficie del espejo es menor por ahora. Aquí aún no ha prosperado un extremismo disfrazado de derecha. Solo nos visita un monstruo insolidario a la izquierda que se autocalifica como “Podemos” pero que no puede. Este monstruo se alimenta de la corrupción espectacular ligada a los viejos partidos. La corrupción es la traición de los codiciosos. Hay parte de la izquierda democrática dispuesta a dar por buena la demagogia en vez de fortalecer la justicia. Son aquellos que no han tomado nota de la agonía del socialismo francés que ha dejado sin apoyo a sus líderes con mayor proyección, incluyendo al actual presidente de la República. Pero las cifras no engañan y son allí las peores de su historia como aquí lo son las de Pedro Sánchez. La desorientación se acentúa con el bullicio de ciertos separatismos que creen que son viables las micronaciones en el siglo XXI. Por todo ello el espejo español tiene difícil arreglo. Pero lo tiene. No existe un disparate a la derecha ni está consolidado el disparate del socialismo crepuscular. Lo que hay en España es la urgencia de un profundo servicio de limpieza en donde quiera que sea necesario. Y lo es a todos los niveles.

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