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Madrid, castillo famoso...

martes 20 de octubre de 2020, 14:52h

Tras un estado de alarma propagandístico y poco efectivo y un verano irresponsable, el Gobierno decidió disparar contra Madrid sus armas arbitrarias. Aquel verso tan popular antaño, que usaban tópicamente quienes aludían a las singularidades de la capital de España, recordando su modesto pasado de fortaleza inexpugnable, ha recuperado una vez más su fama con los desgraciados episodios del coronavirus. Sometido a la tropelía de cerrar la capital del Estado por un Gobierno irritado por no manejar las instituciones autonómicas con la misma facilidad con que hace bailar a los títeres del dúo “SimónIlla”, Madrid ha sido acusado de rebelde y pinturero por plantar cara al chantaje autoritario. O tiene el Gobierno muy malos asesores o no los consultó. Porque no era necesario saber mucho Derecho para comprender que solo una medida con rango de Ley podía limitar el ejercicio de los derechos fundamentales. Nunca una orden ministerial que ni tan siquiera firmó el ministro podía limitar correctamente la libertad de desplazamiento y circulación de los madrileños pero el problema del Gobierno es que le gusta mucho mandar pero poco legislar. Isabel Díaz Ayuso pudo enfrentarse humildemente frente a un Pedro Sánchez con modales de tiranuelo que tuvo que recurrir a la caja de truenos del estado de alarma para imponer su terquedad. Ello calentó el ambiente con la demostración de que hay instituciones y poderes capaces de actuar con autonomía y libertad para defender el famoso castillo madrileño de la madrileñofobia sanchista.

Hay comunidades con pretensiones independentistas que se dejan comprar por un puñado de euros o por una promesa de alivios carcelarios. Madrid se confronta con el Gobierno central poniendo sobre la mesa los datos de evolución epidemiológica. Madrid no exige mesas de fantasmones para negociar lo que no se dice y decir lo que no se negocia. Madrid pide grupos técnicos mixtos para estudiar realidades. Madrid presenta sus avances en la difícil lucha contra la pandemia logrados en condiciones penosas y lo hace saneando sus aguas residuales, sus estaciones depuradoras, sus redes de alcantarillado, además de mantener la estructura sanitaria mejor y más abierta de todo el territorio nacional, reforzada con ampliaciones hospitalarias.

Un Gobierno que no ha sido capaz de decir la verdad sobre el número de fallecidos en medio año no está en condiciones de criticar la labor de una comunidad ni de dudar del descenso de la presión hospitalaria detectada por los profesionales de la sanidad. Las primeras quincenas de alerta y reclusión fueron solo consecuencia del desacuerdo entre el Gobierno del Estado y la realidad y los cambios de criterio, las imprecisiones estadísticas y las incompetencias del equipo de Sánchez. Mientras la Organización Mundial de la Salud dice que los confinamientos son el último recurso para contener el virus, el Gobierno de España ha descubierto que la madrileñofobia es la primera multa que deben pagar los habitantes de la capital del Reino por el grave delito de votar contra los dogmas políticos de la vieja izquierda. La reacción de bebé furioso de Sánchez añadió inseguridad jurídica y malestar popular a sus relaciones con la Comunidad madrileña a la que ofreció la pura disyuntiva “o cierras tú o te cierro yo”. El Gobierno había sido avisado once veces antes de las manifestaciones de Mayo. Sesenta mil muertos más tarde, vuelve a las declaraciones de alarma que él mismo desactivo en verano. Cuando ya la Declaración de Great Barrington, firmada en aquella ciudad norteamericana por más de cinco mil científicos y doce mil médicos pone en duda que las estrategias de confinamiento sean las más útiles para evitar la propagación del Covid-19. Mantener en vigor confinamientos de millones de personas hasta que haya vacuna disponible y esta haya sido aplicada universalmente, causará daños irreparables a la economía y a la salud del conjunto de la población que debería alcanzar una inmunidad médica relativa en su vida normal, mientras se protegen afanosamente los sectores de alto riesgo. Esta reflexión, aun siendo discutida y discutible, pone en tela de juicio la furia de niño mal criado de Pedro Sánchez interviniendo en Madrid más para demostrar su fuerza que para defenderlo de una tragedia sanitaria.


Empantanado en las ocultas razones del intocable y fracasado dúo “SimonIlla”, con sus asesores fantasmas invocados una y otra vez, no se han cumplido las previsiones científicas que se esperaban de una estrategia general. La pertinaz tarea de erosionar los cimientos de Madrid “Castillo famoso”, eleva cada día un poco más la figura de Isabel Díaz Ayuso a la vez que descompone la palabrería de Pedro Sánchez cuando dice: “Pido luchar contra el virus desde el punto de vista técnico y científico”. ¡Menudo tecnocientífico está hecho el doctor Frankenstein de la Moncloa! Las medidas son más eficaces cuanto antes se tomen y él llega tarde por costumbre. Esta es la realidad que Sánchez no comprende. No lo comprendió en siete meses ni lo comprende en este otoño en que el coladero del aeropuerto es el auténtico punto débil del castillo famoso madrileño. Ese mal control que provocó la carta a Ursula von der Leyen presidenta de la Comunidad Europea, de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad Madrileña, solicitando una normativa común para todos los aeropuertos europeos, que el Gobierno de Sánchez es incapaz de proponer a iniciativa propia.
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