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Presupuestos preelectorales

lunes 18 de octubre de 2021, 10:57h

Estos Presupuestos Generales expansivos que debate -es un decir- el Congreso huelen a elecciones generales tal y como las entiende Pedro Sánchez. No solo porque incluyen bonos para los jóvenes nuevos votantes y otros objetivos desconectados de los problemas estructurales de nuestra economía, destinados a aparentar crecimiento a pesar de un gasto descontrolado. Es una receta tradicional de unos malos administradores. La receta de Sánchez fue llegar a la Moncloa con solo 85 diputados pero con el apoyo de comunistas, separatistas y algún político local. Su sistema no teme ni le importa demasiado que el PP pueda ser el partido más votado, como pronostican las encuestas, sino mantenerse con los apoyos de un complejo frente antisistema para seguir siendo el mal menor para los enemigos de la unidad de España o el mejor cómplice para los roedores de nuestro sistema constitucional.

Lo que Sánchez teme es la desintegración de Podemos que, tiempo atrás, recolectó el voto caótico de los “indignados” y se lo regaló. Esta seña se ha convertido en poco más que una embajada de Maduro en Europa. Sin estos votos capaces de apuntalar su coalición no sería posible formar Gobierno mañana. Por ello las empresas audiovisuales favorables a la izquierda están creando la imagen de “Yolemos”, es decir el proyecto de un frente amplio de izquierdas capitaneado por la imagen femenina no comprometida con el chavismo de Yolanda Díaz. Un frente en el que quepan cómodamente los de Íñigo Errejón, los de Mónica Oltra, los de Ada Colau y las cenizas de Pablo Iglesias. Este frente y todos los particularismos regionales, provinciales o locales, podrían ser suficientes para mantener el artificio de un presidente escaso de votos propios. Hoy por hoy este frente amplio tiene muchas dificultades, pero serían superadas por el temor a una nacionalidad más sólida recuperada por la derecha. Por ahora Ione Belarra no parece formar parte de los tanteos de Yolanda, pero su subordinación dentro del Gobierno y su pobre imagen pública hacen pensar que todo se puede amalgamar a la postre. Ante esa perspectiva Sánchez puede subrayar un tono socialdemócrata que pueda despertar simpatías en Europa mientras deja crecer a su costado al imprescindible aliado comunista. Resulta peligrosa ante esta perspectiva la pretensión de Pablo Casado de conquistar él solo la fortificación de la Moncloa por una milagrosa conversión de los electores a la doctrina del voto útil. Somos los únicos que podemos desplazar a Sánchez de la Moncloa, predican con peligrosa insistencia desde Génova. Pero no es cierto. El voto resistente de VOX está ahí y seguirá estando por encima de cualquier razonamiento táctico. Será de 50, de 40 o de 30 diputados, pero van a estar ahí como un imprescindible factor aritmético al que es inútil disuadir ideológicamente. Por tanto, se equivocará quien ahonde las distancias y presuma de ser el único salvador de la patria. El verdadero líder del futuro no será quien agrave las distancias sino quien provoque convergencia. Solo esos “indignados”, ahora desde la derecha más que desde la izquierda, pueden contrapesar a la tropa de los “yolemos” de Yolanda Díaz que sustituirán en el futuro a lo que fueron los “indignados” de Podemos. Yolanda, de cuando en cuando, amenaza con marcharse pero no declara si es para irse a su casa o para liberarse de la deriva declinante de Sánchez. No sería imposible imaginar que pase por su mente un futurible que no se juegue entre Sánchez y Casado sino entre Yolanda Díaz e Isabel Díaz Ayuso.

Mientras llega ese impredecible futuro, los españoles habrán de tragarse como digeribles unos Presupuestos fantásticos que fían sus ingresos a un crecimiento económico superior al estimado por el Fondo Monetario Internacional y por el Banco de España. Unas cuentas que no están calculadas para una gestión de crecimiento razonable tras la pandemia sino para engrasar al sanchismo como máquina electoral e intentar recuperarse de su propio descrédito y del temido impulso creciente de una derecha cuya división puede ser más fácil de superar, un día de mañana, que la prolongación indefinida del rompecabezas Frankenstein. Los Presupuestos están diseñados con una alegre y confiada expansión del gasto público y un endeudamiento creciente del Estado bajo la presión de unos ingresos vía impuestos que supondrán un hachazo fiscal a familias, autónomos y medianas empresas que vendrán añadidos a las consecuencias económicas y sociales de la subida de la luz y del gas. Un oscuro panorama para un periodo preelectoral.

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