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Autofagia

lunes 10 de octubre de 2016, 11:08h

Ha sido noticia científica la concesión del Premio Nobel de Medicina al investigador japonés Yoshinori Ohsumi, coincidiendo con el proceso de autofagia política emprendido por la célula central del Partido Socialista Obrero Español. La autofagia es el proceso de que disponen todas las células para purificarse sin destruirse. La palabra autofagia proviene del griego “auto” (a sí mismo) y “fageir” (comer). Es decir, digerir contenidos propios, cerrando en un compartimento donde no molesten los elementos que necesitan degradarse y reciclarse. “Es un proceso normal y necesario”, explicó el profesor de oncología molecular Ricardo Sánchez-Prieto, refiriéndose, por supuesto, a la investigación científica y sin la menor intención de aludir a vicisitudes políticas. “Es un sistema encargado de eliminar las capacidades de cada célula que ya no le hacen falta y es esencial para mantenerlas limpias” dijo la doctora Boya, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Esta doctora que, según parece, es de lenguaje más contundente, añadió: “las células que no se pueden dividir necesitan de la autofagia para eliminar la basura”.

El partido socialista ni puede ni se debe dividir, por muy contrapuestas que sean algunas opiniones que se mueven en su interior. Bastante dividida está la izquierda española para que, además, el socialismo complicara más la composición de nuestras Cortes Generales con problemas en su disciplina de voto y cohesión interna. Por ello no hay mejor imagen que la fotografía del ala izquierda del Congreso difundida la semana pasada con importantes cambios de escaño y alguna muy notable ausencia. No es todo un completo proceso de autofagia, pero por algo se empieza. Esta es la difícil e irreversible labor que ha encomendado a Javier Fernández una clara mayoría del Comité Federal del PSOE. Otros partidos tienen que pasar por procesos penales, pero estos son asuntos en manos de los jueces y no de los políticos. Lo del PSOE no es un litigio a resolver por sentencias de magistrados sino una enfermedad a tratar por los médicos de la casa.

Tienen que desinfectar la herida de los gérmenes destructivos del separatismo y de las bacterias extraeuropeas de Podemos y reconducir hacia lo que los científicos llaman “el lisoma”, los orgánulos que sobran para la buena salud de la célula básica. No es científico suponer que el orgánulo era, exclusivamente, Pedro Sánchez en cuanto persona-tapón sino aquello que significa una concepción radical de la política, polarizada en el duelo esperpéntico entre una derecha y una izquierda a la manera guerracivilista de los viejos esquemas de la lucha de clases del marxismo, superpuesta y contrapuesta a los superiores valores de libertad, patriotismo y convivencia, comunes a los grandes partidos operantes dentro de una democracia constitucional estable.

Este tratamiento terapéutico era necesario, tanto si se produce una nueva sesión de investidura como si nos arrastran a unas nuevas elecciones. Los doctores más experimentados y sensatos aconsejan al paciente que es mejor atajar el mal a tiempo y cuanto aún se conservan defensas numéricamente estimables. Es verdad que persisten algunos aventureros que creen que la aventura del “no” puede tener algún recorrido. Se equivocan, pero nadie está en condiciones de imponer un criterio desde fuera de la célula básica. Por ahora estamos, como el sabio Yoshinori Ohsumi, estudiando el mecanismo pero no hemos llegado a la fase de traducirlo en aplicaciones médicas concretas. Pero en política no se puede esperar a la confirmación de las pruebas de laboratorio. Hay que actuar con lo que hay, en el momento oportuno para librar a España de las amenazas del separatismo y el neocomunismo populista con la fuerza de la estabilidad del sistema.

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