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Diplomacia a cara de perro

sábado 13 de febrero de 2021, 11:17h

Lo primero que puede pensar un lector es que si es diplomacia no puede ser a cara de perro en público. Y eso que esta frase hecha no se corresponde con el comportamiento de la mayoría de las razas caninas. La diplomacia es el arte de enfrentarse a los problemas con la mayor delicadeza posible cuando se comparece ante los medios de comunicación, sin perder la firmeza de tus argumentos para terminar consiguiendo tus objetivos, o al menos, los más relevantes.

Una regla imprescindible para poder realizar acciones diplomáticas productivas es no menospreciar al contrario ni pensar que puedes abrumarlo con la contundencia de tus argumentos en su contra y, menos, hacerlo en su casa y delante de varias docenas de periodistas de todo el mundo. Supongo que un político como Josep Borrell, Alto Representante para la Política Exterior de la Unión Europea, habría preparado con sus asesores y con representantes de países clave en las relaciones con Rusia, su reciente visita a Moscú.

La primera de un representante diplomático europeo en cuatro años porque las relaciones atraviesan por graves problemas desde la crisis de Ucrania, la anexión rusa de Crimea y las sanciones impuestas por la UE y Estados Unidos que tanto molestan y dañan a la economía rusa. Ucrania es un caso muy desgraciado para los propios ucranianos y ha supuesto una nueva guerra fría entre Rusia y Occidente, donde cada uno tiene sus argumentos. El tiempo pasa, las circunstancias cambian y la trascendencia de las relaciones entre la UE y Rusia obligan a intentar un acercamiento que tiene primero su dimensión de funcionarios y expertos y segundo el encuentro de los ministros y responsables de las relaciones exteriores.

En qué momento de este proceso se le olvidó a Josep Borrell algo imprescindible en este tipo de situaciones que es: la no injerencia en asuntos internos cuando compareces en público y en casa de tu anfitrión. Esto es algo que hemos aprendido durante muchos años. Por ejemplo, en las relaciones con Cuba o con China. Nunca había confrontación directa en público por los derechos humanos o los presos políticos, que allí y en Venezuela sí que los hay, pero primaban los intereses de mantener las relaciones por diferentes motivos.

Por eso, es increíble que un político tan inteligente y experimentado como Borrell, que asumía una iniciativa valiente y necesaria para los intereses europeos como es mejorar las relaciones con Rusia y además iba a pedir apoyo con las vacunas contra el coronavirus, que escasean en la UE, planteara en público en Moscú, de la manera en que lo hizo el caso del opositor Alexie Navalni, absolutamente inaceptable sin duda, y la represión de las protestas.

La respuesta rusa, demagógica, fue demoledora al compararlo con los políticos catalanes presos, que fueron los únicos que ganaron algo de cara a las elecciones. La polémica desatada en España por la posición del vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, en favor de Putin afirmando que en España hay anormalidades democráticas, debería tener su influencia en las elecciones, tanto catalanas como generales cuando lleguen, aunque queda demasiado tiempo. En Moscú, la portavoz del Gobierno Putin se jacta de haber provocado la división en el Gobierno de España y pregunta a qué parte del Ejecutivo hay que tener en cuenta. El descrédito internacional es inaudito e intolerable por sus graves consecuencias en todos los ámbitos para los intereses de España.

En Bruselas, Borrell se niega a dimitir y ha sufrido una avalancha de críticas, aunque algunos de los vociferantes deberían tener vergüenza incluso de salir a la calle, aunque sea en la capital belga cómo el fugado Puigdemont. La gestión en Moscú ha sido un desastre porque ni siquiera ha servido para que Europa pueda tener más vacunas contra la Covid, que es el problema grave que estamos sufriendo en estos momentos.

La diplomacia a cara de perro no es el camino. El trato al opositor Navalni es absolutamente inaceptable pero se le defiende mejor con la diplomacia discreta habitual que con cruzadas públicas, sobre todo cuando hay numerosos intereses para reconducir las relaciones con el régimen ruso y muchas claves están en Ucrania y en las sanciones. Además, la calefacción en invierno de los alemanes es un buen indicativo, entre otros muchos, como los turistas rusos que echamos de menos en España.

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