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La ONU sin líderes

sábado 03 de octubre de 2020, 14:51h

Una organización multinacional como las Naciones Unidas actúa como los países miembros quieren que lo haga. Puede parecer una obviedad, pero cuando algunos lanzan sin piedad críticas contra una organización imprescindible para el mundo actual no parece que valoren realmente los equilibrios de poder que rigen las actuaciones y decisiones en el seno de la ONU.

Se cumplen 75 años desde su nacimiento y son muchos los aciertos y, también, los errores o en el peor de los casos, los bloqueos por los vetos interesados de las cinco grandes potencias que forman parte del Consejo de Seguridad. La balanza se inclina, claramente, por las múltiples razones favorables y por los millones de vidas salvadas por las agencias que forman parte de la organización. Pero el debate de estos días debería centrarse en los dirigentes de los países miembros, en sus intenciones políticas al margen de los intereses globales que marcan el camino a seguir de manera multinacional y en la utilización demagógica y partidista de sus intervenciones ante la Asamblea General con mensajes impropios del nivel de la celebración y de la trascendencia de la situación creada por la gravísima crisis del coronavirus.

Cada uno ha utilizado su tiempo pensando más en sus electores locales que en las medidas urgentes que precisa el conjunto de la humanidad para superar una de las peores crisis de la historia. No se trata únicamente de sopesar el número de muertes causadas por el virus y sus circunstancias, que se acerca al millón y superando los 32 millones el de contagiados.

La Primera y Segunda Guerras Mundiales tuvieron efectos devastadores para muchos países del mundo, pero no provocaron la paralización del movimiento de las personas y de la economía con una enorme cantidad de desempleados.

Además, la desconfianza y la incertidumbre en el horizonte más cercano porque las opciones de lograr una vacuna eficaz, fiable y colectiva no están nada claras porque la carrera investigadora se ha producido de manera casi individual por países y por laboratorios, buscando más los beneficios económicos que los científicos en favor de todos y no solo de los habitantes del país capaz de comprar por adelantado los millones de dosis que puedan convertirse en millones de votos. No hace falta dar nombres porque son pocos los dirigentes que no claudican ante su estricta necesidad personal y partidista a la hora de tomar decisiones y de proponer medidas.

En este caso, sólo podríamos destacar el mensaje del secretario general de las Naciones Unidas, el portugués Antonio Guterres, con altura de miras y enfocando el grave problema global que son las desigualdades y la falta de soluciones multilaterales por el egoísmo nacionalista reinante.

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