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Sánchez y Marruecos

miércoles 14 de julio de 2021, 12:21h

Pedro Sánchez pretende sobrevivir con el cambio de gobierno y recuperar cierta iniciativa que le permita tener alguna opción de ganar las próximas elecciones. La apuesta por la recuperación económica, la agenda social, rejuvenecer el gabinete con más mujeres procedentes de la gestión municipal y recuperar al PSOE, más allá del sanchismo, pero sacrificando a sus peones más relevantes durante esta etapa, significa una huida hace adelante espoleado por las encuestas que dan la próxima mayoría al PP con Vox.

Además, su decisión de mantener la coalición con Unidas Podemos, con quien se disputará buena parte de los votantes en 2023 puede condicionar varias acciones políticas clave, tanto en el ámbito económico y social como en la política exterior. En este ámbito, el nombramiento del nuevo ministro, José Manuel Albares, se recibe con dos grandes cometidos a realizar: solucionar la crisis con Marruecos y recomponer los cauces políticos con la administración de Joe Biden.

Hay otros muchos problemas que resolver como Gibraltar, el peso político de España en la UE y en América Latina, entre otros. El gran reto de todos que es recuperar el consenso entre PSOE y PP para diseñar una política exterior con intereses de Estado a 30 años, como hacen los países serios, pero en estos momentos, con este presidente del Gobierno, ni se plantea, aunque Pablo Casado le ha ofrecido el pacto. El golpe de timón de Sánchez rezuma electoralismo cuando lo que necesita España son líneas básicas de actuación para consolidar su posición en el mundo, con sus socios de la UE, con sus aliados de la OTAN, en las relaciones del comercio mundial y, en concreto, con dos actores clave para nuestros intereses estratégicos: Marruecos y Estados Unidos.

Los despidos de Arancha González Laya, José Luis Ábalos e Iván Redondo aparentan la consecuencia de un trabajo muy mal hecho con Marruecos, con Venezuela, con Estados Unidos pero sería muy injusto e ignorante admitir que Pedro Sánchez no autorizó o impulsó acciones como la acogida del Polisario Brahim Ghali en España, el acuerdo del gas con Argelia, la visita con maletas de la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, y el paseíllo de 29 segundos con Biden en la OTAN, por citar algunos casos relevantes.

En el caso marroquí, González Laya ha jugado un papel desmedido con unas consecuencias políticas negativas evidentes y veremos si la vía judicial abierta en Zaragoza con la entrada de Ghali no reclama más responsabilidades. Cesar a González Laya no debe ser interpretado como un triunfo de Marruecos, además de la crisis bilateral la gestión en el Ministerio era caótica, pero sí un gesto de Sánchez para recomponer las relaciones y la confianza, a pesar de Podemos. Pero todo depende del propio Sánchez y como maneje a su amigo Albares.

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