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Vergüenza política y democrática

viernes 27 de noviembre de 2020, 13:00h

Los populismos y los nacionalismos extremistas no pueden ni deben adormecer a la sociedad a la que pretenden engañar engatusándola con promesas incumplibles y con arengas demagógicas.

En estos momentos convulsos que vivimos en el mundo por la pandemia del coronavirus y por la acción incongruente de los populistas en el poder hace falta todavía más que las personas se pregunten por qué, cómo y para quién; reflexionen sobre la verdadera naturaleza de los problemas y de las opciones a seguir para solucionarlos y exijan el mayor rigor y profesionalidad posible a los medios de comunicación en su servicio público de informar.

En los últimos días hemos podido asistir a diversas reacciones de sectores de la sociedad de varios países y, lo que puede ser más imprevisible, de miembros del mismo partido político que practica políticas que pretenden controlar a los medios de comunicación con supuestos Ministerios de la Verdad.

La justificación de luchar con las noticias falsas y las campañas de injerencia que sufren numerosos países democráticos no es mínimamente asumible cuando la forma que se pretende utilizar es el resorte más cercano al poder ejecutivo en lugar de recurrir a profesionales independientes de incuestionable prestigio. Ocurrió el pasado miércoles durante la entrega del Premio de Periodismo Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos a Vicente Vallés, director y presentador del informativo nocturno de Antena 3.

Los reyes entregaron el galardón y Don Felipe destacó la necesidad para una buena democracia de medos de comunicación libres e independientes; Vallés aseguro que el periodismo es la antítesis del fanatismo y el presidente del jurado, Abel Caballero, alcalde socialista de Vigo, ensalzó el trabajo periodístico del premiado, un profesional puesto en duda por Pablo Iglesias.

España tiene un grave problema por la polarización que pretenden instaurar aquellos populistas que denigran a quienes no escriben o dicen lo que ellos quieren. Ocurrió también en los Estados Unidos. A Donald Trump solo le queda, y no siempre, el recurso de Twitter porque las grandes televisiones, incluida la Fox News, cortan sus intervenciones cuando insiste en denigrar el sistema y denunciar sin pruebas un supuesto fraude que nadie cree. Es patético como el fanatismo o las prebendas lleva a personas, que se presentaban competentes como el ex alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, a sudar tinte del pelo por su cara mientras afirmaba, iracundo, que había fraude en las elecciones presidenciales norteamericanas.

Trump insiste en denunciar el fraude aunque el gobernador republicano de Georgia ha avalado con su firma los resultados electorales, tras un nuevo recuento manual, que dan ganador a Joe Biden. Hasta tal punto está haciendo el ridículo y perjudicando al sistema, que los integrantes del G-20, organizado por Arabia Saudí, en reunión virtual, prefirieron no tratar temas trascendentes y esperar a que en la próxima reunión esté presente ya el nuevo presidente Biden.

Hace falta mucha más vergüenza política y democrática.

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