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La gestión pública

domingo 17 de enero de 2021, 11:58h

Dedicar unos años a la política es muy digno, pues conlleva sacrificio personal y profesional. Repito, unos pocos años, y siempre que previamente se tenga otro quehacer laboral reconocido.

Desde las instituciones educativas hay que educar en la ética y la filosofía, para dotarse de capacidad crítica, para leer a Kant en su ensayo «Hacia la paz perpetua» donde utiliza la ética, para diferenciar entre dos clases de políticos, los que la usan como un mero barniz para camuflar sus tropelías y aquellos que la toman como principio rector de sus decisiones.

Nada tiene que ver lo que significa político, es decir ciudadano, a convertirse en embaucador de los ciudadanos.

En tiempos de pandemia y en todo tiempo y lugar deben desaparecer de la gestión política los moralistas políticos y debe reconocerse, también desde los medios de comunicación a los políticos morales.

Hemos de considerar que la relación de lo político, con lo moral, es posible, si bien y como señalamos a continuación, la ética y la política se encuentran reñidas en demasiadas ocasiones.

Platón propugnaba que fueran los filósofos quienes deberían llevar la nave del Estado. Cuando quiso adoctrinar al tirano de Siracusa, Dionisio I, casi le vendieron como esclavo.

Maquiavelo, primer politólogo, escindió las consideraciones religiosas, del ámbito estrictamente político. Cobró mala fama al escribir «El Príncipe», que habla de las ruindades que cabe hacer para conseguir o conservar el poder.

Voltaire, uno de los promotores de la Revolución Francesa, se rebeló contra la intolerancia, denunció el fanatismo religioso. Sin embargo, aduló a un monarca, Federico II de Prusia, aún cuando ese rey defraudó las expectativas depositadas en él.

Diderot criticó el absolutismo de Luis XVI y el colonialismo del nuevo mundo por parte de las potencias europeas. Dialogó con Catalina la Grande y la aconsejó como llevar adelante reformas en Rusia, pero el erudito también le vendió su biblioteca personal.

Weber dictó la conferencia «La política como vocación», distinguió entre una ética de las convicciones y una ética de la responsabilidad, siendo esta la necesaria. El filósofo concluyó que una cosa era vivir de la política y una muy diferente vivir para la política.

El coronavirus nos ha puesto a prueba, mostrando que individuo y comunidad deben de aportarse mutuamente, la virtud de cada ciudadano, y la colectiva deben perfeccionarse en comunión.

La «res pública» (propiedad pública) exige que sus administradores temporales no sean amorales, no piensen en el beneficio personal, en intereses particulares, pues traicionan la confianza en ellos depositada.

Las personalidades egocéntricas, narcisistas y antisociales son más propensas a corromperse. Su comportamiento se basa en el engaño y la manipulación, se trata de un proceso premeditado, razonado, y evaluado de costes y beneficios.

Mal asunto cuando los incentivos de lucro se valoran más que la ética, ese es el diagnóstico psicológico. El mal pronóstico viene de la mano de quien reelige a quien ya se sabe es corrupto, pues lo legitima.

Javier Urra

Director de la Clínica de salud mental infantil juvenil RECURRA GINSO

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