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Adiós a Redondo, el último sindicalista histórico

viernes 06 de enero de 2023, 11:16h

¡Ay, sindicatos españoles de mis entretelas!, ¡Quién os ha visto y quién os ve! Cualquier parecido entre el sindicalismo tradicional de Nicolás Redondo Urbieta, que acaba de dejarnos a sus 95 años de honradez y coherencia, o de Marcelino Camacho, los dos secretarios generales de UGT y CC.OO. en la época del tardofranquismo y de la Transición, y los secretarios actuales de ambos sindicatos, Pepe Álvarez y Unai Sordo, respectivamente, es pura casualidad.

Y aún así cuesta un inmenso trabajo encontrar alguna.

Nicolás Redondo (Baracaldo, 1927), obrero metalúrgico y secretario general de UGT durante dos décadas, fue el hombre que, con una inmensa generosidad y visión política, cedió el paso a Felipe González para que liderase el PSOE cuando, en principio, era él quién parecía concitar la mayoría de los apoyos en aquel ya lejanísimo Congreso de Suresnes.

Años después, sin embargo, llegaría a promover junto a Comisiones Obreras una huelga general, la del 14 de diciembre de 1988, contra el gobierno de González. A raíz de esa decisión, la brecha entre Redondo y González se ensanchó ya de forma irreversible.

En todo caso, más de lo debido y las cosas se le pusieron tremendamente difíciles a Nicolás Redondo y, por pura coherencia, fue capaz de dar un paso al lado. Más tarde, incluso, renunció a su acta de diputado en el PSOE por desavenencias con la política presupuestaria y laboral del Gobierno de Felipe González, un acto que le honra y que le coloca como espejo ético en donde mirarse ante toda esta clase política y sindical que, con tal de no abandonar el sillón, es capaz de aguantar las contradicciones más escandalosas. Ande yo caliente y ríase la gente, como diría el clásico…

Ejemplo imponente el de Nicolás Redondo en un tiempo sin complejos, sin principios éticos ni morales que hacen posible que políticos mediocres se mantengan al frente de ministerios, en los escaños del congreso de los Diputados y del Senado. O de sindicalistas que actúan de correa de transmisión del gobierno -solo si es de izquierdas, claro-, y que montan huelgas en función del color del gobierno de turno, y no en verdadera defensa de los intereses de los trabajadores a quienes, al menos teóricamente, debieran defender.

Y ahora, unas horas después de conocido el fallecimiento del último sindicalista histórico, llueven los mensajes de condolencia, de glosa, de capitalización de su figura. En España, y en esto no variamos nada de nada a lo largo de los siglos, no hay más que morirse para que hablen bien de uno hasta sus propios enemigos.

Retirado de toda actividad política y sindical desde 1994, fecha de su renuncia a la secretaría general de UGT, ha mantenido un silencio elocuente y lo cierto es que ni sus compañeros de sindicato ni de partido han loado su figura hasta la hora de su muerte. Una costumbre muy española de la que tampoco se ha librado un hombre que ha sido desde su juventud un verdadero referente de la defensa de los derechos y la dignidad de los trabajadores españoles. Descanse en paz.

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