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Cambio de imagen o, al menos, intento

martes 21 de septiembre de 2021, 09:01h

Ha pasado de exhibir su palmito hace solo unos meses en un sorprendente, inesperado, no suficientemente explicado e innecesario periplo por Estados Unidos a ponerse en primera fila para recibir en España a refugiados afganos; a visitar un año después a la primera anciana española en recibir la vacuna del covid; a compartir unas horas con pensionistas, trabajadores y voluntarios que habitualmente realizan actividades en el Hogar de Mayores de Navalmoral de la Mata (Extremadura), o a visitar en primera línea a los afectados y a ver de cerca los estragos provocados por el volcán de la isla de La Palma.

Está claro que Pedro Sánchez quiere transformar al ególatra, trilero y falaz supermán que ha mostrado públicamente en sus dos primeros años de gobierno, por un nuevo Pedro Sánchez mucho más humanizado -si se me permite el término-, mostrando al mundo mundial que él tiene un lado vulnerable, bondadoso y que también sufre con la adversidad de sus conciudadanos.

Prepárense, pues, para asistir durante los próximos meses, ya en la segunda parte de la legislatura, a presenciar a un presidente del gobierno a pie de calle –siempre convenientemente rodeado de acólitos y adeptos para contrarrestar los probables abucheos e insultos espontáneos de los ciudadanos-, al lado del común de los españolitos, para recordarles que él es uno más entre todos, que nada de lo humano -léase de lo que afecta al pueblo-, le es ajeno.

Pero la realidad es tozuda y la capacidad de hipocresía política, terreno en el que Sánchez se mueve como pez en el agua, no siempre basta para enterrar una actitud que viene siendo justamente la opuesta en estos más de dos años de presidencia del gobierno para Sánchez.

Será difícil, no obstante, que la gente olvide su manifiesto déficit de gestión frente al covid; su fracaso en política exterior (prolongado ninguneo de Joe Biden, enfado del vecino Marruecos, creciente descrédito en la UE, etc.); las constantes meteduras de pata de su ministro del Interior al que protege porque le hace el trabajo sucio (polémica destitución del coronel de la Guardia Civil Pérez de los Cobos por negarse a incumplir la ley frente al ministro, además de su apoyo a los indultos de los catalanistas responsables del 1-O, el acercamiento de presos etarras a cárceles del País Vasco, y la falsa agresión homófoba de un imaginativo chaval veinteañero en Madrid …). Pero, no es eso todo para el presidente del gobierno: también el meteórico ascenso de los precios de la luz y, consecuentemente, la subida de la inflación; las sentencias adversas del Tribunal Supremo y del Constitucional, y tantos y tantos otros escándalos políticos más que apuntan a que el presidente está más preocupado por mantener el sillón en Moncloa que en preservar el mantenimiento de las libertades públicas, el bienestar o la salud de los ciudadanos.

Arregui

Frente a Sánchez es aún más ejemplar el profundo cambio de actitud que, en los últimos años de su vida, dio el recientemente fallecido político vasco Joseba Arregui (Andoáin 1946–Bilbao 2021), intelectual, exconsejero de Cultura en el gobierno vasco con el lehendakari José Antonio Ardanza, y político honesto donde los haya. Histórico militante de un PNV del que se alejó desencantado por la deriva soberanista de Juan José Ibarretxe, Arregui fue amante de una Euskadi plural, opositor feroz al totalitarismo de ETA, defensor de la memoria y de la dignidad de las víctimas del terrorismo, además de ensayista honesto. En su muerte, políticos de uno y otro signo (PNV, PSE y PP) loaron su figura al tiempo que lamentaron su desaparición.

Su cambio de postura, su evolución política no estuvo marcada por interés personal alguno. Al contrario, su honestidad y su coherencia le granjearon en vida ciertas antipatías, incluso desde dentro del partido político, el PNV, en el que había militado durante muchos años.

El de Arregui fue un cambio real, profundo, sopesado, doloroso y lleno de razones que pueden oponerse al cambio de imagen (es decir, de apariencia, de fachada, no de las ideas…) en el que está sumido ahora Sánchez. ¿Será lo suficientemente hábil para hacer olvidar al Pedro Sánchez capaz de defender en menos de horas 24 una cosa y la contraria? Los ciudadanos tienen la última palabra al decidir periódicamente con su voto en quién depositan su confianza para ser gobernados. Y será difícil que olviden el cúmulo de falsas promesas que Sánchez hizo en la última campaña electoral para ir destrozándolas, una a una, cuando llegó a un acuerdo de gobierno con Unidas Podemos y apoyarse, al mismo tiempo, en las fuerzas nacionalistas radicales.
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