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Constitución versus proceso constituyente

martes 16 de junio de 2020, 07:44h

El patio político español está verdaderamente alterado y, por lo que se ve, sin viso alguno de volver a transformarse en las aguas calmadas de un lago interior. Por el contrario, nuestro país parece hoy un Titanic, un trasatlántico a la deriva en pleno océano de adversidades y con unos cuantos icebergs rondándonos a babor y a estribor, por la proa y por la popa. Si no es ya suficiente la creciente crispación entre Gobierno y oposición como consecuencia de las responsabilidades de todo orden derivadas de la pandemia en la que estamos todos inmersos, se suma ahora la decisión de la Fiscalía del Tribunal Supremo de investigar las actividades del rey emérito, Juan Carlos I, relacionadas con comisiones del AVE a La Meca.

Ha sido un regalo para quienes buscan un cambio inmediato de régimen en España, para aquellos que quieren acabar con el espíritu de la Transición, con la Constitución de 1978, que ha ordenado de forma modélica la convivencia entre todos los españoles durante más de 40 años.

Pero, de una u otra forma, ya se ha convertido en habitual que los populistas ataquen de distintas maneras en el Congreso de los Diputados el sistema monárquico constitucional actual y pongan en cuestión su legitimidad. Una tesis que ya sostiene también el propio gobierno que, a través de su ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, expresó en el último pleno que “junto a la crisis constituyente tenemos también un debate constituyente”.

Una afirmación que ha dejado estupefactos y desconcertados a muchos constitucionalistas que, unos días después, no acaban de salir de su asombro por una afirmación de este calado social y político, más aún proveniente de un ministro considerado del ala moderada del gobierno. Y, entre tanto, Pedro Sánchez da siempre el silencio por respuesta, una actitud que más parece tender a refrendar las palabras de sus ministros que a mostrar su voluntad de permanecer en una cierta equidistancia del problema.

El pacto constitucional de 1978 y hasta la misma forma de Estado están, pues, hoy en entredicho por parte de la izquierda.

El asunto no parece ser ya la necesidad de abordar urgentemente algunas reformas puntuales, o de temas concretos de la constitución del 78 sino, más bien, de su sustitución porque un proceso constituyente implica elaborar una constitución desde cero que, posteriormente habría que aprobar tras un referéndum constitucional y vinculante, de manera que los ciudadanos ratifiquen el contenido del nuevo texto constitucional y, acto seguido, se convocarían elecciones generales en base a esta nueva constitución.

A todo esto, ni a Andoni Ortúzar, presidente del PNV, ni a Felipe González, expresidente socialista del gobierno, parece que vayan a proponerles como presidentes del club de fans de Sánchez, y menos aún de Unidas Podemos, sus socios de gobierno. Ninguno de los dos lo disimula, hasta el punto de que este último ha llegado a calificar al gobierno actual como el camarote de los hermanos Marx. Sin embargo, el otro expresidente socialista, Rodríguez Zapatero, está encantado con la coalición PSOE-Podemos y así lo manifiesta en cuanto tiene ocasión.

El panorama es tan convulso como confuso. No está nada claro que este gobierno de conveniencia entre PSOE y UP, con discrepancias evidentes y con mayoría parlamentaria débil, y de geometría variable, vaya a ser capaz de agotar la legislatura. No parece tampoco probable que el PP vaya a abandonar su línea de agresividad y de acoso y derribo al gobierno de Sánchez. Con un Vox aún más determinado a hacer oposición frontal al ejecutivo tanto en el parlamento como en la calle. Y, para colmo, unos partidos independentistas y secesionistas catalanes y vascos que no quieren dejar pasar su oportunidad en este maremágnum político. Pero, además, en un contexto económico general que, como volvía a poner de relieve el Banco de España hace solo unos días, apunta a una crisis económica sin precedentes en España desde la posguerra. No parece que se viva en un marco ideal para afrontar proceso constituyente alguno con garantías sino de tratar de buscar denodadamente puentes de entendimiento entre todos, izquierdas y derechas, para intentar hacer frente a este cataclismo económico que se nos viene encima, que ya está aquí, y del que no saldríamos en décadas de no ser por la ayuda necesaria y providencial de Europa.

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