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El circo nuestro de cada día

viernes 25 de junio de 2021, 16:24h

Dice Carolina Darias, ministra de Sanidad y campeona de la sonrisa beatífica y feminista, a colación del levantamiento parcial de la obligación de llevar puesta la mascarilla durante todo el día y en todos los espacios, que el hecho en cuestión “es tremendamente importante porque va a significar que las mascarillas dejan paso de nuevo a las sonrisas”. Con esta frase tan lapidaria como cursi, posiblemente Darias quiera proponerse para ser la nueva sonrisa del régimen, sucediendo así en el puesto al simpático José Solís, el que fuera ministro del otro régimen, el franquista, que tantos desvelos ha dado al gobierno Sánchez.

Debe de ser que la factoría de propaganda de la Moncloa está ya iniciando sus horas bajas porque, si lo piensan bien, no encuentran una frase más artificial para ese último anuncio del pan y circo (bajada de la luz, vuelta del público a los estadios para septiembre y adiós a las mascarillas al aire libre), con el que el gobierno parece querer contrarrestar esa “dolorosa” decisión de conceder el indulto contra su voluntad –no la del gobierno sino la de los nueve políticos catalanes indultados, digo-, a costa de bajar aún más la popularidad de un presidente, Pedro Sánchez, que seguro que ha vuelto a tener dificultades de conciliación del sueño tras un periodo valle iniciado después de que su vicepresidente, Iglesias, anunciase su huida del gobierno para salvar Madrid. Al final, ya lo saben, lo uno quizás devolvió el sueño a Sánchez por un tiempo, pero lo otro acabó muy mal, hasta el punto de que Iglesias arrojase la toalla para abandonar el ring político.

El caso es que, si no es por Iglesias, es por la impopularidad que sus mentiras encadenadas (¡vaya, sin querer me ha surgido espontáneo el título de un posible remake del clásico de Alfred Hitchcock!-, el hecho es que Sánchez no gana para disgustos. Los últimos que están saliendo a la luz –salvo el de su amigo Tezanos, claro-, apuntan hacia un desplome de la figura del presidente y de su partido si hoy se celebrasen las elecciones generales.

Negar sistemáticamente lo que acaba haciendo al final (pacto con Bildu, pacto con los nacionalistas catalanes, acuerdo de gobierno con Unidas Podemos, entre otros muchos ejemplos), acabarán pasando factura a Sánchez, y, al día de hoy, la media de las encuestas publicadas y hechas hasta mediados de junio, dan al PP una ventaja de más de 30 escaños sobre los socialistas. Claro que eso seguramente le trae al fresco al presidente, el campeón de la resiliencia, que ha dado ya cumplidas muestras de que “hasta el final del rabo, todo es toro”, es decir, que “quién ríe el último ríe mejor”, y aún quedan más de dos años hasta una nueva cita electoral nacional que él mismo convocará cuando los idus de marzo le sean propicios.

Y, hablando de los idus, ni siquiera esa vieja táctica del pan y circo, que tiene ya la friolera de más de 20 siglos (el Circo Máximo en Roma fue construido hacia el 600 a.C., y ampliado por Julio César en el siglo I a.C.), parece que vaya a terminar con la memoria de la ciudadanía, que no está por la labor de dejarse deslumbrar por el equivalente actual de aquellas interminables carreras de cuadrigas en donde competían cuatro equipos que vestían de verde, rojo, azul y blanco representando los elementos, y cada uno conducía cuatro caballos que recordaban a las cuatro estaciones del año. Una carrera duraba siete vueltas y cada día había 24 carreras… ¡ Todo sea por apaciguar al pueblo…!

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