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Iguales

jueves 18 de noviembre de 2021, 09:31h

Todo el mundo civilizado ha adoptado como propios los principios, que provienen de la Revolución Francesa, de libertad, igualdad y fraternidad. Como siempre, enunciarlos es mucho más fácil que llevarlos a la práctica porque, además, si nos pusiésemos a tratar de definir los tres, seguro que encontraríamos aristas, matices y límites que, posiblemente, no fueran compartidos por todos. Esos principios sostenidos a capa y espada por un liberal no tienen la misma orientación ni profundidad que puestos en boca de un comunista. Y, dentro de estos últimos, tampoco si quién los defiende es de tendencia trotskista, maoísta, leninista o estalinista, pongamos por caso.

Pero, en fin, en contra de nuestras habituales ideas, momentáneamente vamos a dejarnos de sutilezas y pensemos que, incluso al margen de ideologías y de tendencias, todo el mundo entiende cosas parecidas por ellos. Más aún, centrémonos exclusivamente en el principio de igualdad, según el cual todas las personas –mujeres y hombres-, somos iguales, independientemente de nuestra raza, nuestra nacionalidad, religión u orientación sexual.

Puede ser así, aunque llevado a la práctica diaria ese valor democrático, hay situaciones que, probablemente, no son igualmente entendidas por individuos de un mismo tiempo y una misma sociedad si entran en liza aspectos como el nivel cultural, el sentido del humor, la clase social o el estrato económico tanto de quién juzga como de quién es juzgado. No es lo mismo que uno u otro sean ricos o pobres, cultos o necios, que tengan o no su misma condición. Por ejemplo, un negro hablando sobre otro negro, un ciego sobre otro ciego, o, por el contrario, un blanco sobre un negro o un vidente sobre un ciego.

Viene todo esto a colación de un incidente ocurrido ante las pantallas de RTVE este pasado verano en el programa Estudio estadio. Una de sus colaboradoras, la periodista Lorena González, hizo un desafortunado comentario sobre el futbolista Camavinga, uno de los últimos fichajes del Real Madrid: “Es más negro que el traje”. Al ente público este tipo de apreciaciones le parece que “suponen una falta de respeto y son impropias en una televisión pública". A partir de ahí, a la periodista se le abrió un expediente informativo y se le separó del programa.

Desconozco si mi colega se ha reincorporado o no a su trabajo en Estudio estadio, si ha sido despedida o aún sigue en el limbo laboral, entre otras cosas porque no veo televisión desde hace muchos años como única forma de mantener una cierta salud mental y como método paralelo de protección ante la ola de propaganda y desinformación que invade todas las televisiones. ¡Lástima del uso nefasto que se hace de un medio que hubiera podido contribuir decisivamente a elevar el nivel cultural de la población!

Lo que me interesa aquí es mostrar cómo esta legión de nuevos inquisidores en que se han convertido los medios afines -y hasta menos afines-, al poder, se precipitan a la hora de censurar lo que les parece políticamente incorrecto, pero dejan pasar por alto decisiones de mucho mayor calado ético y político. Por ejemplo, y ya que estamos en RTVE, imagino el tratamiento informativo que tuvo en el ente público la sentencia del Tribunal Constitucional que declaraba nulo el nombramiento de Rosa María Mateo como administradora única.

Esta última sí que es una información de verdadero calado que debiera haber exigido más que un titular en el informativo de mediodía. Y es que, claro, esta información no es del gusto del gobierno y, sin embargo, mostrarse intransigente con cualquier tipo, no ya de racismo sino de atisbo del mismo, es guay y está la mar de bien visto.

Pero, aunque el de la periodista deportiva, fue indudablemente un comentario de mal gusto e inapropiado, no puede tacharse de racista. Menos aún después de ver cómo esta pidió disculpas inmediatamente a través de las redes y, posteriormente, cuando se entrevistó con el propio Camavinga para pedirle perdón y, según confesaba esta en una reciente entrevista en Radio Marca, el deportista “en ningún momento se sintió ofendido. Algunos son más papistas que el Papa".

Esta, creo yo, es la clave de lo sucedido, que por un comentario hecho inapropiadamente, y cuando la periodista creía estar a micrófono cerrado, sus palabras, al menos, han alterado su carrera profesional en la televisión pública. Y eso que no dijo, ni mucho menos, una expresión tan tajante y verdaderamente racista como una que, a mi pesar, pude sufrir personalmente en contra de un familiar : “¡Puto negro de mierda!”.

Son mucho más graves y en personas con muchísima mayor responsabilidad (representantes de partidos políticos, altos cargos de la administración, incluso ministros y ministras), que han sido cazados en afirmaciones muchísimo más comprometidas, denigrando incluso a compañeros de filas con epítetos que nunca se habrían atrevido a repetir públicamente y, sin embargo, se ha echado tierra sobre el asunto por meros intereses políticos. Se acude a la ética solo cuando afecta al de a pie, pero se diluye o se borra cuando el tocado hay que elevarlo a un puesto clave de la administración de justicia, por ejemplo. Recuérdese el caso de Dolores Delgado, exministra de Justicia y actual titular de la Fiscalía General del Estado, y su comentario más que machista sobre el actual ministro del Interior, Fernando Grande Marlasca.

Concluyendo, iguales sí, pero unos más que otros, unas veces más que otras, y según y cuando convenga. La ética es así de flexible o, mejor dicho, su utilización por aquellos que tienen unos principios y, si no gustan, los cambian inmediatamente por otros. Así es la vida.

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