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Una imagen de un mercado en Madrid
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Una imagen de un mercado en Madrid (Foto: Chema Barroso (MDO))

Escasez y desabastecimiento: así afectan a los madrileños

jueves 18 de noviembre de 2021, 09:44h

Listas de espera de hasta seis meses para hacerse con un coche en el concesionario, incremento del precio de los alimentos, escasez de combustible y facturas de la luz disparadas. Aunque los efectos de las múltiples crisis que asolan al planeta llevan ya meses lastrando a las grandes industrias, es ahora cuando el ciudadano de a pie comienza a sufrir en su piel las consecuencias del desabastecimiento y el encarecimiento de los bienes de consumo.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el precio de los alimentos a escala mundial se ha desatado desde el inicio de la pandemia. Tanto es así que la cesta básica, compuesta exclusivamente por alimentos de primera necesidad, cuesta ahora un 35 por ciento más que en 2019.

El precio de la botella de aceite, por ejemplo, se ha duplicado desde la puesta en escena del coronavirus. Los lácteos y productos cárnicos, por su parte, han subido, de media, más de un 15 por ciento. También se ha disparado el precio de los cereales, en torno a un 35 por ciento, y del azúcar, más de un 60%.

El mercado español, aunque de forma menos dramática que en otros países, también se ha visto afectado. Desde la Confederación de Consumidores y Usuarios de Madrid (CECU) aseguran que, fruto del encarecimiento de la energía, se ha producido un incremento en el precio de la cesta de la compra que ronda el 15 por ciento.

Así lo confirman los vecinos del barrio de La Guindalera, en el distrito de Salamanca. “No ha sido una subida escandalosa, ¡pero vaya si se nota a final de mes!”, comenta un grupo de jóvenes a las puertas del mercado.

Los comerciantes, por su parte, se manifiestan en la misma línea. “Muy a nuestro pesar, nos hemos visto obligados a subir el precio de algunos productos porque todo nos cuesta más. Aunque intentamos que no sea un incremento demasiado alto”, reconocen.

Pero, ¿cuáles son las razones que explican la escasez de determinados productos y el incremento de los precios?

Escasez de materias primas y la industria del automóvil

Por un lado, la escasez de minerales comienza a limitar la fabricación de aparatos tecnológicos. La industria más afectada hasta el momento es la automovilística, fruto de la ausencia de componentes electrónicos como los chips y los microchips.

De acuerdo con los datos aportados por la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones, la producción en España ha bajado en un 16 por ciento en los últimos doce meses. La reducción de la tasa de matriculación es otra prueba inequívoca de la caída libre que experimenta el sector. Tanto es así que se ha registrado un 15 por ciento menos de matriculaciones en el pasado mes de septiembre.

En la práctica, las consecuencias no han tardado en hacerse notar. El mismo Ayuntamiento de Getafe ha sido víctima de la escasez. De los 26 vehículos eléctricos que adquirió para sus técnicos hace casi seis meses, hasta la fecha únicamente ha recibido ocho. Hasta dentro de unos meses, "debido a una demora por la falta de componentes a nivel mundial", no se incorporarán otras 18 furgonetas municipales para carga y transporte de materiales, según ha informado el Consistorio.

Asimismo, son varias las empresas que se han visto obligadas a realizar parones planificados en su producción. Otras han optado por la vía del tijeretazo, es decir, han abrazado reducciones de plantillas por la vía del ERTE.

Los consumidores, finalmente, se han visto obligados a armarse de paciencia y asumir esperas de varios meses no solo para adquirir un vehículo nuevo en el concesionario, sino también para recoger su coche en el taller. “Mi coche lleva en el taller desde hace más de mes y medio. Para arreglarlo hace falta un sensor que no cuesta más de 40 euros. Es una avería pequeña y, sin embargo, continuamos esperando a que llegue la pieza porque esta no se fabrica en España”, cuenta la presidenta de CECU Madrid, Itziar Marín.

Para más inri, no es esperable que la situación mejore a corto plazo. De acuerdo con lo expuesto por el comisario europeo de Industria, Thierry Breton, la falta de semiconductores podría dilatarse hasta bien entrado el 2023. En suma, se espera que la producción de vehículos caiga en casi ocho millones con respecto a las cifras de años anteriores.

Otros sectores afectados

El ámbito de la construcción tampoco es ajeno a esta cuestión y está experimentando paros forzosos fruto de la escasez de materiales, fundamentalmente acero, aluminio y cobre. La madera, por su parte, es una de las materias primas que más se han encarecido en los últimos meses. Tanto es así que su precio se ha incrementado hasta en un 200 por ciento si se compara con el que presentaba en verano de 2019.

Aunque de forma menos acuciante, algo similar ocurre con otros sectores que requieren de materias primas minerales, como el juguetero, que emplea mayoritariamente plástico, el de las bicicletas, donde ya se empieza a notar la falta de piezas de repuesto, el de los electrodomésticos y, uno de los que más inquieta a los consumidores, el de los aparatos de telefonía móvil, ordenadores y tabletas.

De ahí que exista ya una cierta preocupación con vistas a un posible desabastecimiento o, en el mejor de los casos, un incremento de los precios, en fechas claves para la actividad comercial, como son el Black Friday, que este año está previsto para el 26 de noviembre, o la campaña de Navidad y Reyes.

Sin embargo, desde CECU prefieren ser precavidos y no poner el grito en el cielo. “Es cierto que existe un sentimiento de miedo generalizado en el ambiente. Sobre todo, en lo que tiene que ver con la tecnología. Pero no hay que volverse locos. Todos los años se agotan juguetes y no pasa nada. Lo que se debe hacer si se pretende conseguir un producto muy concreto es ser precavido y no esperar al último día para salir a comprarlo”, afirman.

Crisis del transporte y consecuencias del Brexit

Por otro lado, la congestión de los puertos marítimos ha dado lugar a un gran incremento en el precio del transporte por mar. Tanto es así que, en la actualidad, enviar un contenedor de mercancías desde China, uno de los principales proveedores a nivel mundial, hasta España cuesta hasta siete veces más que el año pasado. De 2.000 euros en 2020 a 14.000 hoy.

Esta cuestión viene agravada, además, por el alza en los precios de los combustibles, que han alcanzado ya máximos no registrados desde el año 2013. El descenso de la producción de diésel, de hasta un 10 por ciento si se compara con cifras de 2018, se encuentra detrás de tal burbuja.

A la crisis mundial del transporte hay que sumar también las consecuencias del Brexit. En un mundo globalizado, las trabas burocráticas (y por ende económicas) que experimenta a diario el comercio británico traen consigo importantes atascos en las aduanas. Además, se ha detectado también una importante carencia de transportistas, sobre todo camioneros, que se presten a cubrir sus itinerarios en las islas. Todo ello como consecuencia de los largos tiempos de espera que deben afrontar para cruzar la frontera.

Uno de los efectos que mayor repercusión mediática ha despertado en las últimas semanas es la escasez de bebidas alcohólicas de alta graduación, fundamentalmente en determinadas marcas de ginebra y ron, y que ya comienza a dejarse notar en la hostelería y, en menor medida, en los pasillos de los supermercados.

Por último, tampoco es posible despejar de la ecuación la excesiva dependencia del mercado asiático y el frenazo de la actividad económica que trajo consigo la pandemia del coronavirus. Un lastre del que las grandes economías mundiales continúan recuperándose en la actualidad.

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