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Marxismo del siglo XXI

viernes 13 de enero de 2023, 10:07h

No descubrimos la pólvora si afirmamos que, en el último siglo y medio, Karl Marx ha sido el teórico más estudiado y discutido. Su influencia sobre los movimientos políticos y sociales ha sido inmensa y aunque la caída del Muro de Berlín y la consecuente desintegración de la URSS y su modelo político y económico ha sido considerado por muchos como la prueba empírica de la falsedad de sus postulados, aún son muchos los pensadores, filósofos, politólogos y políticos que siguen abrazados a su doctrina, el marxismo.

Sus Manuscritos Filosóficos y económicos, 1844, La ideología alemana, (1845-1846), su Manifiesto comunista (1848) y, sobre todo, El capital, vol.1, (1867), vols.2 y 3, (publicados póstumamente), siguen siendo objeto de estudio tanto en el ámbito académico universitario como en el seno de partidos políticos y sindicatos de izquierdas.

Claro que hay también profesores y líderes políticos cuyas publicaciones y sesudos estudios e interpretaciones varias sobre el pensador alemán del XIX, han superado ya con mucho sus postulados sobre el desarrollo del capitalismo y la lucha permanente entre una clase dirigente y otra oprimida.

No estoy pensando en Karl Kautsky, Eduard Bernstein, y muchísimo más influyentes como Lenin (el leninismo aportó la interpretación del imperialismo, una nueva teoría del Estado y los principios de la organización revolucionaria liderada por el partido), Stalin, Trotski, Mao Zedong o Antonio Gramsci fueron los autores de aportaciones diversas que fueron haciéndose al pensamiento de Marx.

Todos esos nombres son ya del siglo XX y este primer cuarto de siglo en el XXI está dando también sesudas lecciones sobre el particular que, además, tienen la particularidad de que sus seguidores tienen la ventaja de vulgarizar instantáneamente sus ideas, lanzarlas a través de las redes, y en breves dosis de apenas unos cuantos caracteres, alientan a las masas, enfervorizan a sus más fieles seguidores y, además, les facilitan la tarea de tener que estudiar tantas páginas marxistas como se han escrito desde que su fundador conquistó el campo de las ideas y de la reflexión empírica, a que baste con apuntarse las máximas lanzadas ahora por sus líderes y repetirlas como un papagayo, aunque no tengan idea exacta de lo que estén defendiendo y desconozcan las bases teóricas en las que se apoyan esas ideas.

En nuestro país, por ejemplo, Pablo Iglesias, exvicepresidente del gobierno Sánchez, y sus dos colegas de partido y de movilizaciones del 15-M, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón, están completando la lista de teóricos marxistas rejuvenecedores de la ya vieja doctrina.

El primero ha sido claro ejemplo de cómo multiplicar en el más breve espacio de tiempo y por varios enteros su renta personal y familiar que, incluso, le ha llevado a abandonar ciertos principios expresados públicamente de limitación de sus ingresos mensuales, o de guardar fidelidad al barrio de Vallecas, al que tanto debe. Todos hemos visto como su gran fuerza de voluntad le ha hecho mirar más alto y, por un lado, trasladarse a una zona privilegiada de la sierra madrileña y, por otro, estrechar sus vínculos con diversos medios de comunicación y volver a compatibilizarlo con sus clases universitarias para poder seguir pagando la hipoteca del caserón. Quizás también para demostrar así que el voto de pobreza se queda para algunos monjes que lo abrazan voluntaria y libremente.

Por su parte, Monedero ha consagrado últimamente su tiempo a abrir cuentas corrientes por doquier (algunos medios hablan de más de 90), probablemente con el ánimo de estudiar desde dentro el complejo mundo bancario para intentar desmontarlo cuanto antes y así poder favorecer las cuentas de sus seguidores cuando desvele los mecanismos que rigen la búsqueda del beneficio en las entidades bancarias. O, quizás también, y ahora que estamos en el comienzo de la despenalización de la malversación, lo mismo así contribuimos decisivamente a la financiación de Unidas Podemos para consolidarlo como formación política a pesar de lo mucho que está haciendo Irene Montero y sus chicas para impedirlo con la gestación de leyes como la del Sí es Sí.

Lo del líder de Más País es otra historia difícilmente conectable con las teorías y las praxis marxistas. O lo mismo es que uno, que no es muy experto en ellas, no acaba de verlo. Pero bueno, el caso es que el madrileño predica en sus redes sociales su hartazgo de que, en ellas, sobre todo en Instagram, se prodigue el goteo de anuncios para conseguir un cuerpo perfecto. El líder político querría que las redes se conviertan en un espacio sano, y no un escaparate donde intoxicar a la gente con estos mensajes. Sin embargo, un avezado twittero, @polinitito, ha descubierto que en el Instagram de Íñigo Errejón hay varias decenas de mujeres que podrían encuadrarse dentro de ese grupo de beldades, aunque, una vez desvelada la noticia, el político ha reducido notablemente las mujeres 10 que marcan su ideal. Una vez más se demuestra que no es lo mismo aconsejar que poner en práctica el consejo. Esto les pasa por tener ya más que trilladas las teorías marxistas y no encontrar en ellas muchos atractivos. Si no, ¡qué fácil sería ir extractando algunas afirmaciones de Karl para emocionar a los seguidores de Más País.

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