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Multinivel, asimetría y caos

lunes 02 de agosto de 2021, 09:03h

Más que hacia una España multinivel, como dicen ahora desde la Moncloa, hemos ido a parar a una España asimétrica. Me explico, una parte de esta España, la que toca a vascos y catalanes, ha visto que puede sacar tajada constante al mantener cogido al hot president por salva sea la parte para recordarle permanentemente que son ellos quienes lo mantienen al frente del ejecutivo. ¿Que no te avienes a darme más competencias o más millones? Vale, pues te dejo con el culo al aire cuando haya que votar los Presupuestos Generales del Estado. Y, claro, con amenazas así ni en Moncloa ni en Hacienda quieren correr riesgo alguno y, en consecuencia, dádiva a dádiva, queja a queja, que con los madrileños no podemos competir porque esta Ayuso no hace más que bajar los impuestos y así cualquiera se hace querer por los administrados.

El resultado, ya se ve, es que la España que nos están dejando no es multinivel sino asimétrica. Nos entretienen con palabrejas de nuevo cuño que pretenden nombrar nuevas realidades que no son tales sino, más bien, viejas circunstancias que han asentado privilegios para unos pocos que, a la postre, nunca llegan a contentarse porque siempre quieren más, y más y más…

Pero, dejémonos de monsergas, aquí de lo que se trata es de ponderar el nivel de crecimiento, la creación de empresas, el nivel de inversiones y el empleo que es capaz de generar cada región y en esa liga es Isabel Díaz Ayuso quién encabeza la clasificación y eso le duele a Pere Aragonés, el último lugarteniente que ha puesto en la Generalitat Oriol Junqueras, que es quién manda de verdad en Esquerra, que presiona a Sánchez y este, campanudo, prepotente y soberbio, se enciende de placer ante la sola idea de seguir intentando hacer daño a la presidenta madrileña. Y, por otro lado, el lendakari, Íñigo Urkullo, el del avinagrado carácter -¿alguien lo ha visto sonreír alguna vez ya sea en privado o en público?-, mucho más discreto, pero tanto o más efectivo que su colega catalán, va atesorando competencias y acercando a los presos etarras con más lustros de condena que años tiene nuestra era. Y, cuando conviene, también pone la cara el presidente peneuvista, Andoni Ortúzar, que recuerda a Sánchez cuando les conviene que no se está portando bien con los vascos, o que ya está harto de que acusen al PNV de chantajista o de pirata. ¡Cómo sufren estos chicarrones del norte!

Luego Sánchez hace alusiones a la insolidaridad de las derechas, a su incapacidad para el diálogo, a la nueva era poscovid en donde España –es decir su misma mismidad y su gobierno- han conseguido la medalla de oro de la vacunación mundial -como si las vacunas las pusiesen en Moncloa y no en hospitales, centros de salud y dependencias varias de todas las comunidades autónomas-, y bla, bla, bla…

Pero, al final quien recibe los abucheos en la conferencia de presidentes autonómicos en Salamanca es él, mientras que los aplausos y los parabienes del pueblo llano, ese a quién él dice representar, van para Felipe VI y para Ayuso. Las cosas se le han puesto ya tan mal al presidente del gobierno que no puede ni salir a la calle, a un teatro, a una sala de cine, o a un museo, porque esas se han convertido en actividades de riesgo para la imagen de Sánchez. Por eso contraprograma después con esa curiosa visita a Calvarrasa de Arriba, un pueblecito salmantino de unos seiscientos habitantes que nunca se ha visto en otra como esta de recibir a todo un primer ministro, y ni aun así puede evitar que uno de esos paisanos le espete a bocajarro: “¿Es usted Pedro Sánchez?, ¿el mentiroso?” Y es que uno puede engañar de vez en cuando a algunos, pero no hay humano que sea capaz de hacerlo permanentemente y a todo el mundo.

Y lo cierto es que, quizás salvo Francina Armengol, la presidenta balear, y Ximo Puig, su colega valenciano, más sanchistas que el propio Sánchez, son muchos otros los presidentes autonómicos quienes critican soto voce eso de que haya que darle más ayudas europeas a vascos y catalanes simplemente porque así lo quiere, o más bien, lo necesita el inquilino de la Moncloa. Claro, que son muy pocos los que lo confiesan abiertamente, con luces y taquígrafos, porque temen seguir los pasos de Ayuso en el ranking persecutorio presidencial y para eso es mejor callar. Así, y, para empezar, seguro que es María Jesús Montero, la ministra de Hacienda, quién se vuelva atrás y donde dijo digo diga ahora Diego a unos cuantos y vuelva otra vez a negarle a esas autonomías díscolas los cientos de millones de euros que les retuvo hace dos años porque sí, porque andan las huchas del ministerio más flacas que Rocinante.

O sea, y, en definitiva, que, si no os atenéis a lo que nosotros os decimos desde el gobierno, no podemos hablar de cogobernanza sino de deslealtad institucional, de resentimiento histórico y de oposición sistemática. Y así, claro está, no podemos seguir siendo progres y guays y modernos y todo eso. Así es que, presidentes autonómicos levantiscos, ya sabéis: O yo, o el caos.

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