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Tormenta perfecta en las aulas

jueves 11 de junio de 2020, 07:49h

La perplejidad de los niños durante estos meses de confinamiento por el Covid-19 es de unas dimensiones tales que dudo que nunca olviden esta situación a lo largo de sus vidas. Probablemente en la historia de la educación en España tampoco nunca ha habido tantos escolares y con tantas ganas y tan generalizadas de volver a las aulas. Pues aún así han de esperar un poco porque el curso académico va a terminar con esa multitud de quehaceres en casa , en muchos casos con sus padres teletrabajando y poniendo a prueba diariamente su paciencia, su capacidad de organización y sus habilidades logísticas para poder hacer un uso adecuado de los recursos informáticos familiares existentes. Y eso en el mejor de los casos, porque no podemos olvidar que , en muchos hogares, no se cuenta más que con el móvil de sus padres como única herramienta de conexión entre los niños y el colegio.

Y menos mal que los pobres permanecen ajenos a la incertidumbre reinante en todas las Comunidades Autónomas -las competentes en España en materia de educación-, a la hora de plantearse cómo va a ser la vuelta al cole a partir de septiembre próximo. La actitud de los directores de centros escolares solo está clara en lo relativo a medidas de higiene personal y la limpieza exhaustiva de los centros. En todo lo demás, oscila entre la paciencia y la resignación, junto al agobio y la impotencia por su incapacidad para despejar una ecuación de dificultad mayor que la de resolver la cuadratura del círculo. Digo esto porque las necesidades de los centros escolares tras la pandemia tendrán que compatibilizar la optimización de los espacios existentes –muchos de los cuales habrán de reasignar su uso-, el aumento del profesorado y la reducción del número de alumnos por clase. Y todo ello , y a poco más de dos meses vista, sin instrucciones específicas ni planes concretos para la vuelta por parte de las autoridades políticas en materia de educación. Dicho de otra forma, la tormenta perfecta en la educación primaria y secundaria está servida…

La reapertura de las escuelas, institutos y colegios tendrá que combinar , al menos, estos factores y posibilidades , según la situación concreta de cada centro: garantizar un espacio de 4m² por alumno a pesar de que el sistema actual contempla sólo 1,5 m². Con esta premisa no podrán caber más de 10 o 15 alumnos por aula. Así las cosas, y por mucho que puedan repensarse los espacios de cada centro (bibliotecas, salas multiuso, salones de actos, incluso gimnasios….), va a ser muy difícil mantener los mismos horarios con todos los alumnos en el centro, aún en el caso de que pudieran caber todos.

La situación es muy compleja y, ante la incertidumbre de un posible rebrote del coronavirus, autoridades académicas y direcciones de centros tendrán que hacer uso , probablemente, de todas las alternativas existentes y combinarlas según la situación de cada momento y las posibilidades del centro. Habrán de barajar la presencia de alumnos –posiblemente estableciendo también turnos en días y horarios alternos-, en el instituto o colegio, al menos para las asignaturas clave (Lengua y Matemáticas), y con clases reducidas en cuanto a número de alumnos, con las clases virtuales para las demás asignaturas.

Rotación de alumnos y clases online supone, además, un enorme quebradero de cabeza para los profesores de edades más avanzadas y, por tanto, mucho menos familiarizados con el uso ágil y seguro de herramientas informáticas. Muchos de ellos –conocemos varios ejemplos-, van a optar por adelantar su jubilación e, incluso, por dejar su puesto de trabajo a maestros más jóvenes y con mayores recursos personales para enfrentarse al reto informático. Son también algunos de los flecos que nos va a dejar la crisis del coronavirus que está arrasando con los viejos modos educativos. Podría decirse , sin miedo al error, que lo que no ha conseguido en España el consenso político en los últimos decenios, lo va a imponer un bichito letal que, además, ha arrasado con las vidas de decenas de miles de muertos, abuelos y bisabuelos de los alumnos que muy pronto comenzarán unas merecidas y extrañas vacaciones escolares.

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