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Cómo me la maravillaría yo

jueves 21 de enero de 2021, 20:06h

La jeta de los politicastros sinvergüenzas que se han vacunado fuera de turno es una forma infame de corrupción que debe ser castigada con dureza e inmediatez. Desde luego, la primera medida a tomar tiene que ser prohibirles recibir la segunda dosis y que sean los últimos de todo el país en vacunarse, todos juntos y en cola para escarnio y conocimiento público.

A nuestros políticos no se les cae de la boca la expresión “los países de nuestro entorno” para justificar sus múltiples y habituales tropelías. Sin embargo, se vuelven sordos cuando les recuerdas que en “los países de nuestro entorno” se dimite por no citar algunas fuentes en su tesis doctoral en los 90 (Karl Theodor zu Guttenberg, ex-ministro de defensa con Merkel); se dimite por no declarar en su currículo cargos honoríficos (Jean Paul Delevoye, ministro francés con Macron); se dimite por saltarse el confinamiento en la pandemia (Roman Prymula, ex-ministro de sanidad de Chekia); se dimite por presionar para cerrar una web de extrema derecha que publicó caricaturas de Mahoma (Laila Freivalds, ex-ministra de exteriores de Suecia); se dimite porque unos cacos entraron en un museo y robaron piezas de cerámica (Pavlos Geroulanos, ex ministro de cultuira griego) y hasta se dimite por intentar librarse de una multa de tráfico (Chris Huhne, ex-ministro británico de energía).

En la democracia española, un vicepresidente (Pablo Iglesias) puede decir que un fugado de la justicia es un exiliado al mismo nivel que los exiliados republicanos del tirano Franco (como si él fuera vicepresidente de una dictadura) y no dimitir; en la democracia española un presidente del gobierno (Mariano Rajoy) puede enviar un whatsapp de apoyo al tesorero de su partido imputado por corrupción y malversación y no dimitir; en la democracia española uno puede ser líder de la oposición tras haber copiado trabajos enteros de un máster o haber “aprobado” (¿?) doce asignaturas en tres meses tras ser elegido diputado (Pablo Casado) y no dimitir; en la democracia española un partido político puede cobrar un impuesto revolucionario del 3% a todos los que contraten con la administración por ellos sostenida (CiU) y no dimitir nadie; en la democracia española un partido puede ser condenado por destrucción de pruebas y por financiación ilegal (PP) y no dimitir nadie; en la democracia española una alcaldesa puede ser acusada de cohecho, malversación y estafa y no dimitir a pesar de que será condenada a 15 años de cárcel y 45 años de inhhabilitación para cargo público (María Victoria Pinilla, ex alcaldesa de La Muela, Zaragoza).

En España no tenemos una democracia homologable en Europa, tenemos un cortijo en el que políticos de granja, criados con los mejores piensos del peloteo desde muy jóvenes y arreados por la senda de la obediencia y la aquiescencia a sus jefes, advienen por cooptación y sin preparación a cargos de gobierno en los que trincar desde el minuto uno, amparados por sus mayores, trincones también, que no van a permitir que se desmorone el tinglado.

La penúltima es la vacunación masiva de miserables con poltrona a los que no les toca según el plan de vacunación, mientras entre su ciudadanía mueren personas que sí tienen derecho a la vacuna, sanitarios o ancianos. La penúltima es el gobierno de traidores que llevan una década larga intentando derribar España que quieren anular las elecciones que ellos mismos convocaron solamente porque el candidato de la oposición presenta mejores expectativas que el suyo. La penúltima es una ministra que quiere imponer una ley queer que obligará a los padres a “transexualizar” a sus hijos desde los ¡ocho años! si los niños piden ser niñas y las niñas piden ser niños. Supongo que si piden ser mesas camilla, elefantes o asteroides siderales se les concederá en la subsiguiente ampliación de la ley. La penúltima es un gobierno dirigido por otro mentiroso -como el anterior del partido opuesto- que está a la gresca porque la muleta sobre la que se apoya pone palos en las ruedas boicoteándose a sí mismo y acatando manu militari la agenda oculta de un vicepresidente autocrático y tiranizante. Eso sí, aquí todos siguen en sus cargos porque Dimitir es solo un nombre ruso.

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