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La Generación Culicagada

jueves 07 de octubre de 2021, 09:11h

Los boomers conquistamos la mayor cuota de libertad jamás alcanzada por la humanidad hasta entonces y los 1980 y los 1990 fueron la puesta en práctica de las luchas mantenidas por nosotros y nuestros padres desde los años 50 del siglo pasado: la igualdad humana, la revolución sexual, el esfuerzo individual y colectivo, el valor de la lucha, la responsabilidad y la libertad.

Nuestro lema era Vive y deja vivir, no había ofendiditos porque teníamos sentido del humor y podíamos decir lo que quisiéramos sin que ningún inquisidor montara un patíbulo en la plaza pública. Fue una época de arte, creatividad, crecimiento y emprendimiento y los resultados son hoy parte de la historia en cine, pintura, música, literatura, deportes, empresa, finanzas y democracia. ¿Qué méritos puede presentar la tabula rasa de los descriteriados nacidos después de 1995? Ninguno me temo.

Vivíamos en una crisis permanente pues toda la década de los 1980 se vio lastrada por la crisis del petróleo de los 1970, pero ni nos pusimos a llorar ni exigimos una paguita para ir al cine: estudiamos y trabajamos como cabrones para que España creciera, entrara en Europa y se hiciera un lugar de fama en el mundo. Y nos creímos que aquella libertad no se perdería, pero nos equivocamos.

Un psicologismo estúpido y la huída de todo lo que oliera a opresión nos llevó a creer que educar a la siguiente generación en el razonamiento sin castigo y en la comprensión conceptual los haría mejores que nosotros y en 1990, siguiendo las tendencias nórdicas, implantamos la LOGSE donde se aprobaba sin estudiar y sin esforzarse; una ley que trajo un sistema educativo en el que la competitividad era un pecado mortal, la ortografía una tortura fascista y el cálculo mental un residuo nazi de La letra con sangre entra. Y nos lo creímos. Y la cagamos. Y hoy una generación de llorones incapaces de luchar por nada, dictadores mentales que aniquilan al que destaca o piensa distinto, se está apoderando de la libertad; una generación cobarde, sin rigor intelectual y de una torpeza mental que lleva a extremos de idiocia profunda en la que los gallos violan a las gallinas, la genética es una patología disfórica y el esfuerzo una cosa del fascista Cristóbal Colón. Una generación de mierda, sinceramente, que no entiende el valor de las banderas que defendimos, la igualdad, el progreso, la libertad y que, al heredarlas, desecharon la tela y se quedaron con los palos para amedrentar a todo el que no se pliegue a sus disparates de comportamiento social uniformizado.

Hoy, en ese engaño permanente en que se ha convertido la política y, de paso, la vida, unos cuantos desalmados con mando en plaza han decidido que con nuestros impuestos les van a pagar el cine, las copas y el alquiler a cambio de su voto, algo que los culicagaos ni siquiera valoran: adormecidos y entreteniditos seguirán sin ser capaces de ver la tristeza de su penuria vital, pobres eloi en manos de los morlock con ministerio.

Esta panda de culicagaos, buenos para nada, incapaces de autoexigencia alguna, van a dirigir el mundo en breve y quedarán a merced de aquellos, pocos y elitistas, que han sido formados con exigencia y dureza y que no dudarán en esclavizarlos pues tal es el destino para el que existen: pan y circo para unos bobos sin criterio ni capacidad de lucha a los que se les prestará un manifestódromo y alguna causa menor como derribar estatuas o comer zanahorias con forma de hamburguesa para darles contentillo. Y se lo darán y funcionará.

No sé si tendrá éxito la lucha pequeña e individual, a contra corriente, que mantenemos mi mujer y yo para que nuestros hijos no sean gilipollas y aprendan el valor del esfuerzo, del aguante a los reveses y del valor del trabajo bien hecho, pero estamos seguros de que les irá mejor que a la mayoría lerda de sus coetáneos y, en cualquier caso, el mundo que se irá al carajo es el suyo, no el nuestro. Qué lástima, qué pena, qué desperdicio de tiempo.

La mejor esperanza reside en que esta generación tendrá hijos que, con suerte, entenderán que una sociedad de gomaespuma y muffins de cremita y cables cruzaditos no puede prosperar y amoblarán mejor las cabezas de sus propios hijos. Así tal vez solo perdamos el medio siglo en que los bobos estarán al mando.

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