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No puede ser tan difícil

martes 26 de enero de 2021, 14:44h

Vale que todavía no sepamos científicamente cómo combatir el virus de una manera definitiva, pero todo lo demás roza el disparate.

Todos podemos entender que la situación económica es dramática y lo será aún más en función de las medidas que se tomen restringiendo movilidad y consumo, pero también entendemos que no podemos poner nuestras vidas en peligro por ir a trabajar.

Dicen los grandes tertulianos que de todo saben que es que los gobernantes “no quieren asumir el coste político” de tomar decisiones duras. ¿Perdóoooon? ¿Entonces para qué demontres están en política? Cuando uno se dedica a la gestión en cualquier campo de la vida tiene que tomar decisiones y raramente las decisiones son favorables a todos: siempre hay una pérdida y una ganancia, más aún en tiempos de crisis. Y más aún en el servicio público que es, justamente, poner por delante de los intereses propios, personales o partidarios el interés de la mayoría.

Aún así, la excusa que proponen los tertulianos que de todo saben es ridícula porque hay mil pequeñas cosas que se podrían hacer “sin coste político”.

Por ejemplo, exigir que se fomente el teletrabajo en lugar de permitir que las empresas no solo lo restrinjan sino que exijan presencialidad cuando sabemos que casi el 60% de los trabajos se pueden realizar telemáticamente.

Por ejemplo, incentivar que la producción que requiere la asistencia de trabajadores (la construcción, la fabricación, los mercados de abastos…) se divida en turnos de menos trabajadores, al fin el día tiene 24 horas.

Por ejemplo, reducir las inversiones presupuestarias a lo indispensable y no comprar aviones o carros de combate o equipamiento militar -es un ejemplo fácil de entender, pero es extensible a coches oficiales, abastos suntuarios en embajadas e instituciones del estado, uniformes, maquinaria de infraestructuras, viajes en aviones privados, etc- y dedicar esos recursos a paliar la situación del sector hostelero y turístico. ¿Y cómo? Pues hay mil maneras, desde la solución alemana (pagar el 70% de lo recaudado el último ejercicio) hasta otras soluciones más o menos imaginativas que se han propuesto.

¿Y el resto de sectores afectados gravemente como el de los eventos, por ejemplo? Pues repartir hasta donde se pueda y cortar donde no se alcance, tal vez bonificando con rebajas impositivas o anulando las cuotas de autónomos.

Entendemos que los ingresos del estado van a caer seriamente en los ejercicios 2020 y 2021 pero también entendemos que el presupuesto se puede reajustar, que los intereses de la deuda se pueden refinanciar y liberar recursos hoy y que, incluso, se podría solicitar un nuevo préstamo.

Lo que no entendemos es tanta ineficacia junta: ¿cómo es posible que no haya un calendario de vacunación preciso y nominativo publicado y en marcha? ¿Cómo es posible que el proceso de vacunación esté yendo tan lento? ¿Cómo es posible que no haya jeringuillas de 1 ml. para administrar las vacunas y las estemos administrando con jeringas de 5 ml. perdiendo en el camino nada menos que el 20% de las dosis, por más que para el ínclito Jesús Aguirre, consejero de Sanidad de la Junta de Andalucía, sean na y na. ¿Cómo es posible que sigamos sin un confinamiento profundo? ¿Cómo es posible que el presidente del gobierno central esté prácticamente desaparecido y que el ministro del ramo eche balones fuera diciendo que las responsabilidades están en las CCAA? ¿Cómo es posible que las CCAA estén tan descoordinadas que cada una aplique un plan de vacunación distinto y que ni siquiera haya protocolos comunes? ¿Cómo es posible que tantísimas personas hayan conseguido burlar las directrices de vacunación y vacunarse fuera de turno? ¿Cómo es posible que la seguridad en el proceso sea tan endeble -por no decir inexistente- que ya hay estafas, robos, desapariciones y vacunados no prescritos prácticamente por todo el territorio?

¿Cómo es posible que estemos en manos de gente tan corta e incompetente? Bueno ésta sí me la sé: es lo que pasa por tener políticos de granja, pollos que desde niños son educados en la aquiescencia al jefe, por inepto que sea, y en la no rendición de cuentas por su gestión sino por una lealtad boba, deletérea y mal entendida.

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