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En aquella plaza esperaba la democracia

viernes 09 de junio de 2017, 09:22h

En la Asamblea de Madrid, en toda la Comunidad, pudimos quedarnos callados. Agarrar fuerte el sillón, acomodar la cabeza en el respaldo y ver la ignominia pasar.

Cuando Montesquieu teoriza la necesidad de la distribución social del poder recogió que la fuerza expansiva de éste hacia las distintas actividades de la vida social y su tendencia a concentrarse en actores reducidos era el contexto ideal para los despotismos. La corrupción actúa sobre regímenes democráticos trazando telas de araña de trasvase de poder entre su legítimo dueño, el pueblo y sus representantes, hacía manos privadas.

La corrupción es como Fernando VII urdiendo un golpe de Estado para recuperar las formas absolutas de concentración del poder en su persona contra el tímido intento de apertura del trienio liberal. Las redes de corrupción atan las manos de los representantes del pueblo como la Guardia Real secuestraba en Julio de 1822 al Consejo de Estado y varios Ministros.

Igual que el absolutismo había lanzado su reto a la Constitución, la corrupción le trata de torcer el brazo a la democracia. Al igual que Fernando VII, la corrupción se instala en Palacio, pertrechada por la Guardia de fiscales anticorrupción “preferidos” por los corruptos. Al otro lado, el pueblo de Madrid recompone su dignidad para salvar las libertades.

El día 7, cuando las tropas de la Guardia Real bajan de El Pardo a la Villa de Madrid, el pueblo madrileño pudo elegir haber permanecido en silencio, y el absolutismo habría nublado de nuevo la historia de nuestro país. Sin embargo, cuando las tropas absolutistas entraban en por la Calle Mayor encontraron un pueblo defendiendo las libertades conquistadas. En 1822 el pueblo de Madrid decidió no resignarse, y cuando las sombras del absolutismo giraban sobre la Plaza Mayor, la fuerza de un pueblo que había decidido ser libre rescató la democracia.

Tampoco abandonó el pueblo de Getafe en 1976 la defensa de su pan, conquistando para sus familias un salario que les permitiese poner un plato sobre la mesa. No calló Móstoles en el 80 para reivindicar su derecho a la salud, a una atención digna y a defender su vida. Ni el pueblo de Leganés, en los años 90, haciendo reconocido el derecho de la zona Sur de nuestra región a la educación de todos los ciudadanos, independientemente de la humildad de su origen.

El pueblo de Madrid siempre ha sido vanguardia de las libertades, a pesar de arrastrar la rémora de sus gobiernos. Hemos hablado mucho, entre los grupos de la Asamblea y con nuestra gente, y coincidimos: en la Comunidad de Madrid la corrupción es insostenible, el PP de Madrid está hasta el cuello y nos avergüenza. Sin embargo, hay quien nos dice “pero no podemos hacer nada”.

Creemos, como ha demostrado el pueblo madrileño, que la resignación no es una opción. Que sea hoy aquí, o aquí mismo mañana, pero que más pronto que tarde, las fuerzas democráticas seamos capaces de alzar orgullosos un gobierno que esté guiado por el interés público y no por el interés privado de quienes se han comprado su organización durante años.

A pesar de nuestras diferencias confío en que el resto de fuerzas democráticas sepan entender que si estamos aquí es para representar día a día la expresión de nuestro pueblo, no solo cada 4 años. Si hoy entendemos esto, les pido que no demos ni una hora más a este gobierno indigno de la ciudadanía madrileña. Si hoy deciden bajar los brazos, si hoy deciden resignarse a un lado del camino, sepan que lo que hoy no consigan los partidos políticos, será la gente quien lo abandere. Este pueblo ya se ha echado a la espalda la regeneración de las instituciones en nuestro país en 2019. Ni los cien mil hijos de San Luis de la corrupción pueden con un pueblo madrileño que ya ha decidido ganar su futuro y sus libertades.


María Espinosa (diputada y portavoz adjunta en la comisión de corrupción de la Asamblea) y Jesús Santos (concejal en Alcorcón). Ambos consejeros ciudadanos

María Espinosa y Jesús Santos

María Espinosa (diputada y portavoz adjunta en la comisión de corrupción de la Asamblea) y Jesús Santos (concejal en Alcorcón). Ambos consejeros ciudadanos

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