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'Black lives matter' a la madrileña

lunes 22 de marzo de 2021, 08:03h

Recientemente, el movimiento Black lives matter ha recorrido el mundo a raíz de la muerte, por asfixia tras violenta reducción policial, del afroamericano/negro George Floyd, el 25 de mayo de pasado año en Minneapolis, aunque el lema nació en 2013 y en redes sociales cuando un jurado de seis mujeres absolvió a George Zimmerman de todos los cargos por muerte a balazos del adolescente desarmado e igualmente afroamericano/negro Trayvon Martin. Hoy, el mundo civilizado conviene en distintas lenguas y credos en que las vidas negras importan y cuentan. Pero, claro, una cosa es decirlo y otra hacerlo realidad o, lo que ya es infinitamente más complejo, cotidianidad.

La larga, penosa e inacabada lucha por los derechos civiles de los afroamericanos/negros en Estados Unidos se ha narrado en un sinfín de estudios académicos, ensayos, novelas, películas, reportajes y otros soportes informativos, pero con frecuencia se orilla el relato de la pugna llevada a cabo fuera de las fronteras norteamericanas. Justamente en ese ámbito fosco y opaco, España y especialmente Madrid ocupan lugar que debiera ser iluminado más allá del resplandor reservado a minorías que han tenido acceso, por ejemplo, a libros como De Misisipi a Madrid. Memorias de un americano negro en la Brigada Lincoln, de James Yates o Paul Robeson de Paula Parko; al cómic La Brigada Lincoln, de Pablo Durá, Carles Esquembre y Esther Salguero; o al documental Héroes invisibles. Afroamericanos en la Guerra Civil española, de Alfonso Domingo y Jordi Torrent.

Estos y muchos otros documentos dan fe, en mayor o menor medida, de la peripecia de los 85 afroamericanos/negros que llegaron a España en 1936 para luchar contra el fascismo y el nazismo. Todos ellos se sentían indignados por el hecho de que diez semanas antes de que se produjera el Golpe de Estado en España, Etiopía había sido literalmente arrasada por las tropas de Mussolini, el emperador Haile Selassie se había exiliado en el Reino Unido y la Liga de Naciones miraba hacia otro lado. Como resumía un miembro del Batallón, Milton Herndon, días antes de morir en Fuentes de Ebro: “Ayer ha sido Etiopía, hoy es España y mañana puede ser América. El fascismo no se detendrá en ningún lugar hasta que lo paremos nosotros”.

Oliver LawLos jóvenes se integraron en la XV Brigada, también llamada Batallón Abraham Lincoln, donde por primera vez en la historia los soldados estadounidenses luchaban juntos sin que importara lo más mínimo el color de su piel y donde, por primera vez en la historia, un contingente armado norteamericano fue comandado por el afroamericano/negro Oliver Law. Tuvieron su bautismo de fuego en febrero de 1937 en la llamada Batalla del Jarama, donde la Lincoln se batió entre el río Jarama y los cerros, barrancos y olivares de Morata de Tajuña. No son pocos los historiadores que hoy la consideran el primer gran enfrentamiento bélico de la Segunda Guerra Mundial.

En su libro, James Yates explica: “En España pude ir a cualquier hotel, pude comer en cualquier lugar. En España fue la primera vez en mi vida que, como negro, me sentí libre”. Convendría leer o releer este relato, a juicio de la escritora y periodista Carla Fibla García-Sala “pormenorizado y bien construido”, gracias más que probablemente a la notable aplicación del autor en los cursos de escritura para obreros que en los años treinta organizaba el partido comunista estadounidense.

Paul RobesonDentro de ese casi centenar de afroamericanos/negros que viajaron a España durante la Guerra Civil destaca sobremanera el atleta, actor y cantante Paul Robeson, quien a principios de 1938 recorrió el país por las zonas de máximo conflicto bélico para animar a los combatientes republicanos, especialmente a sus paisanos adscritos a la XV Brigada. Estuvo en Madrid, en Albacete, en Barcelona y en el Ebro. Cuenta la leyenda que la batalla de Teruel se paró durante un par de horas para que los soldados de ambos bandos escucharan sus canciones y se deleitaran con su hermosísima y profunda voz de barítono bajo.

Paul nació en Princeton, Nueva Jersey, en 1898, hijo de un esclavo que había conseguido huir de una plantación en Carolina del Norte para acabar siendo predicador en el Este. Favorecido el muchacho por una beca deportiva como un excelente jugador de rugby, baloncesto, béisbol y fútbol americano, pudo estudiar en la Universidad de Brunswick, desde donde, con las mejores calificaciones, pudo dar el salto a la prestigiosa Universidad de Columbia, en Nueva York, para completar brillantemente la carrera de Derecho. Sin embargo, el color de su piel no le permitió entrar en ningún bufete de abogados y terminó emigrando a Londres, donde, en 1822, consiguió su primer papel protagonista en el teatro. Con cierta fama ya cimentada regresó a USA para estrenar en 1924 la obra El emperador Jones, de Eugene O'Neill, con la que obtuvo un éxito extraordinario. Un año después interpretó el papel principal en la película Body and Soul y en 1927 estrenaba el musical Show and Boat donde dio a conocer la mundialmente famosa Ol’Man River y donde interpretaba Ah Still Suits Me junto a Hattie McDaniel, la Mammy de la película Lo que el viento se llevó.

En 1934 viajó a la URSS invitado por el cineasta Sergei Eisenstein, y ya empezó a ser vigilado por los servicios secretos estadounidenses. No obstante, siguió haciendo muchísimo cine con papeles principales en películas como Jericho, Big Fella y Las minas del Rey Salomón, las tres de 1937, The Proud Valley, de 1940 o Native Land, en 1942.

Paul Robeson con su amigo Albert EinsteinEn 1946 creó la American Crusade Against Lynching, organización norteamericana contra los tan frecuentes entonces linchamientos de negros en el sur, a la que no tardó en unirse su buen amigo Albert Einstein. Pero pronto llegaron malos tiempos para la lírica de las libertades y la justicia social y en 1956 fue llamado a declarar ante el Comité de Actividades Estadounidenses creado por el senador por Wisconsin Joseph Raymond McCarthy dedicado a la caza masiva de fantasmas y brujas comunistas.

Pau siempre había mantenido unas muy cordiales relaciones con distintos dirigentes comunistas, pero jamás se había afiliado al partido. Los miembros del Comité le acosaron a preguntas cuya respuesta trataba siempre de eludir por considerarlas improcedentes y cortinas de humo sobre los verdaderos conflictos raciales que asolaban al país: “Algunos Paul Robeson en Cibeles enero de 1938de los estadounidenses más brillantes y distinguidos están a punto de ir a la cárcel por el hecho de no responder a esas preguntas, y yo voy a unirme a ellos si es necesario”. En la refriega dialéctica, un senador republicano le acabó gritando que si tan a disgusto estaba en Estados Unidos por qué no se iba a vivir a la Unión Soviética. La respuesta de Robeson fue de una contundencia que aún estremece a los aficionados: “Porque mi padre fue un esclavo y murió tratando de construir este país. Yo me quedaré aquí y seré parte de él, y ni usted ni persona alguna de mentalidad fascista me sacará de mi país… ¿está claro?”.

Merece la pena oír el testimonio en extenso de este gran hombre ante el infame House Un-American Activities Comitteee, durante la jornada del 12 de junio de 1956:

Y otra cosa, que dentro de nada, elecciones.

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía.

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