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Los jueves, apocalipsis zombi

jueves 19 de agosto de 2021, 14:51h

Se ha estrenado en estos días en los cines españoles una curiosa película búlgara, Pequeños milagros en Peckham St., traducción no menos curiosa del título original, Cat in the Wall, que la crítica ha despachado en general con displicente desapego calificándola de comedia absurda en clave de melodrama escasamente eficaz y comparable a las peripecias vecinales de la serie Aquí no hay quien viva.

Quien esto escribe, se barrunta que tal subestimación y vilipendio podría derivar de la negación inconsciente de lo que en la cinta se denuncia: que el “estado de bienestar” en el que pretendidamente vivimos es cada vez más un decorado tras es el que se esconde el “apocalipsis zombi” de una sociedad en la que la ciuadadanía pierde cada día más y mas de los derechos conquistados durante siglos y se avoca a un sistema semifeudal de poseedores y desposeídos, porque el durante tanto tiempo confortable colchón de las clases medias se ha convertido en un mezquino jergón de borra.

La acción se sitúa en un suburbio del Gran Londres post Brexit y narra las peripecias de una familia compuesta por una arquitecta y madre soltera (que mientras intenta convalidar su titulación elaborando un proyecto final de carrera, trabaja a doble jornada de camarera en varios pubs), su hijo en edad escolar, y el hermano y tío sin papeles, licenciado en historia y ex profesor de universidad, que se ocupa de las faenas del hogar y a ratos perdidos coloca antenas de televisión a cambio de retribuciones irrisorias.

El conflicto se desata en varias direcciones cuando la familia adopta un gato que creen abandonado, mientras el edifico está siendo remozado por decisión unilateral del ayuntamiento londinense, lo que supondrá una derrama inasumible para la mayoría de los pocos propietarios, mientras que los que habitan el edificio como asilados sociales baten palmas ante una inminente reubicación. La gentrificación urbana vista desde distintas insolidarias atalayas de miserias e infortunios.

La película, escrita y dirigida por la actriz y directora Vesela Kazakova y su compatriota la dibujante y directora Mina Mileva, es el primer largometraje de las cineastas búlgaras tras sonados éxitos con documentales como La bestia sigue viva, en el que abordaban la continuidad del poder burocrático del “socialismo real” y sus tentáculos de corrupción en el país que entró en la “democracia” destruyendo con júbilo el imponente mausoleo erigido en Sofia, la capital del país, en honor de Gueorgi Dimitrov, el estadista que consiguió ser absuelto por los tribunales nazis defendiéndose a sí mismo, tras haber estudiado a conciencia la legislación alemana vigente, en las cárceles de los primeros años del Reich.

Como tantas otras operas primas, se sumerge en el vértigo amateur de contarlo todo de una vez por todas: los mendaces procesos de rehabilitación urbanística en zonas deprimidas o deterioradas (casi siempre tras episodios de criminalidad, drogadicción y “okupación”, artificiosamente provocados y convenientemente jaleados por los medios), que deriva en un desplazamiento paulatino de los vecinos tradicionales y empobrecidos del barrio, que pronto serán sustituidos por otros de un nivel social y económico más elevado, proporcionando pingües beneficios sobre los promotores; el incremento estremecedor del racismo y la xenofobia entre las clases trabajadoras y el proletariado lumpen, que convierte a las masas desposeídas en alelados cómplices de sus enemigos objetivos; el timo de la estampita del “paraíso capitalista” perpetrado sobre un fabuloso aluvión de inocentes ciudadanos del bloque de países ex comunistas, ilusoriamente convencidos desde siempre de que el occidente encontrarían tierras de promisión y oportunidades; o el enseñoramiento de una brutal e inmisericorde burocracia administrativa que se desentiende de los problemas acuciantes de los administrados, envolviéndolos y atrapados de por vida en laberínticos litigios y pleitos sin horizonte real.

La película hace su particular relato de todo eso y, como se dijo, el intento se despacha con incuria manifiesta y como si se tratara de una comedia de situación con ínfulas de realismo social británico, dejando a una lado que uno de los máximos exponentes de tal movimiento, Ken Loach, estrenó en 1966 Cathy Come Home, un docudrama que se sumergía en el problema de la vivienda y la pobreza en su país y cuyo impacto social provocó que se produjesen modificaciones en las leyes de los menesterosos y sin techo; algo que hoy, en el contexto del neoliberalismo de la globalización y el capitalismo salvaje, resulta un sueño del pasado que no parece estar dispuesto a volver.

Claro que siempre cabe esperar el milagro y quizá sea esa la razón del título en español que nada tiene que ver con el original del gato en muro, y mucho con la delirante comedia berlanguiana de los años cincuenta, Los jueves, milagro. Quizá no sea casual que la misticidad y la fe por el san Dimas del pueblo de Fontecilla tenga un cierto paralelismo con la visión del gran poeta, pintor y grabador William Blake, que en 1767 creyó ver un ángel encaramado a un árbol del suburbio del mismo Peckham al sur de Londres.

Lo más descorazonador es que desde hace tiempo sabemos que en el resultado final de la película de Luis García tuvo mucho que ver la mano y el lápiz rojo del Padre Grau, a quien la censura franquista le había encargado vigilar el rodaje de cerca y que por ende hubo que limar muchísimas asperezas con Pepe Isbert, afecto sin fisuras al régimen, para que hiciera del santo apareciéndose a Mauro, el tonto del pueblo que interpretaba el inefable Manuel Alexandre.

En fin, que el asunto es complejo y quizá convenga volver a Blake, ya que ha salido en la relación: “Para ver un mundo en un grano de arena/ y un paraíso en una flor silvestre, / sostén el infinito en la palma de la mano/ y la eternidad en una hora”. No es que venga mucho a cuento pero redondea el escrito y le proporciona un reconfortante aroma a jamón del bueno.

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía.

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