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Y ahora, ¿qué?

miércoles 07 de enero de 2026, 19:25h
Actualizado: 08 de enero de 2026, 08:32h

La política de los hechos consumados es un punto perdido entre la política y la política por otros medios, la guerra, que decía Clausewitz. Hay muchos ejemplos, la Crisis de los Misiles en los 60, la invasión de Kuwait por Irak en el 90 o la anexión rusa de la península de Crimea en 2014, todas contrarias al derecho internacional.

Ahora el matón del curso ha decidido actuar en Venezuela y deponer al dictador Maduro. Los efectos de esta acción son difíciles de calcular porque en esta maniobra hay muchos aspectos oscuros.

De entrada, quién es el topo. Todo apunta a Delcy Rodríguez o alguien cercano. Si es ella, ¿qué ha negociado? Ella está tan implicada como Maduro en la represión política y el saqueo clientelar del estado, así que si Delcy ha sido la elegida por Trump y su grupo de halcones es porque ha debido negociar algún tipo de ventaja para ella.

Escuchados los discursos de Trump y Rodríguez tras la detención de Maduro y las palabras que han ido siguiendo en estos días, parece que ambos han llegado al acuerdo de que ella asuma la presidencia y que haga lo que le digan desde Washington. Funcionará si tienen bien agarrada a Delcy, y no debe serles difícil habida cuenta de la cantidad de países, incluyendo la UE, en que la ya presidente de Venezuela tiene prohibida la entrada por delitos graves. Además, querrá salvar su fortuna que, al decir de muchos -me refiero a prensa local venezolana en particular y latinoamericana en general-, se cuenta en millones de dólares y está en Catar y Turquía.

Puedo entender a Trump: la maquinaria madurista pervive por más que haya caído Maduro y la oposición no tiene poder real. Además, está unida por la aversión a Maduro pero que, muerto el perro, se disgregarán con rabia. (Aún así, el 70% de los votos a Edmundo González provinieron de las filas de M.ª Corina Machado). Además, está el ego del yanqui que no puede perdonar que Machado obtuviera el Nóbel de la Paz y no él, muñidor de mil paces, así que se la devolvió tras la detención de Maduro: no cree que esté preparada. Y hay un fleco del que nadie habla: Diosdado Cabello, poderoso como Delcy y peligroso como un escorpión. Cabello es el número dos real desde los tiempos de Hugo Chávez. Preside el legislativo, es ministro, dirige el partido y uno de los suyos es Vladimir Padrino, general y ministro que controla el aparato represor. ¿Lo tienen controlado?

Los estadounidenses no saben liderar transiciones, casi todas han resultado un fiasco. Un caso distinto aunque parecido fue la invasión de Panamá en enero del 90 para lo mismo, deponer y detener a Manuel Antonio Noriega. Hoy, 35 años después, Panamá ha encontrado la paz y la prosperidad convertida en paraíso fiscal y otras opacidades financieras.

Panamá es un enano de 4’5 millones de habitantes en 75.500 km² (como Castilla la Mancha) y Venezuela, casi dos veces la extensión de España, tiene algo menos de 30 millones de habitantes. Comparar la selva panameña del Tapón del Darién con la Orinoquía venezolana es como comparar una bañera con una piscina olímpica, así que las probabilidades de repetir con Maduro y Venezuela lo de Noriega y Panamá son más bien pocas. La parte más compleja de controlar es la que conecta la coca producida en Colombia con Venezuela. Se trata de una selva de 645.000 Km2, más grande que la península Ibérica, donde no hay muchas carreteras asfaltadas, donde la selva arranca las torres de electricidad y la frontera es una quimera. Los narcos y la guerrilla conocen la zona como la palma de la mano y su infraestructura está asentada hace décadas así que un cambio en el palacio de Miraflores difícilmente afectará a su negocio.

Mientras más vueltas le doy, más aristas veo. ¿Habrá negociado Trump también con Xi Jinping la anexión de Taiwán? ¿Y con Putin los territorios conquistados a Ucrania? ¿Les habrá garantizado seguir chupando del petróleo venezolano como hasta ahora? ¿Y qué pasa con Irán, archienemigo gringo y otro de los amamantados por Maduro? ¿Y qué con Groenlandia? ¿Vamos a tener otra invasión de los Sudetes con este nuevo matón? Así que ¿Y ahora qué, míster Trump?

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