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Qué rápido pasa una década para lo que cuesta acabar cada jornada

sábado 07 de octubre de 2017, 10:05h

Juan Carlos Maté

Ya está aquí un nuevo otoño. Otro más. Aunque para nosotros se trata de uno muy especial: Caralin Group cumple 10 años. Una década que se ha pasado volando, y en la que hemos hecho muchas cosas. Algunas muy especiales y otras más corrientes, aunque siempre con el mismo objetivo: intentar ayudaros a todos los que habéis confiado en nosotros.

«…el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno…», cantaba el bueno de Gardel cuando el mundo era aún en blanco y negro. Y es que no se puede mirar hacia delante, si antes no se ha mirado hacia atrás.

Me vuelvo y pienso en el otoño de 2007. Mientras llegaban a España los primeros modelos de ese dispositivo inteligente, a medio camino entre teléfono móvil y ordenador portátil, con el que Steve Jobs y Apple revolucionaron el mundo occidental, José Luis, Paloma y quien suscribe estas líneas dábamos nuestros primeros pasos como empresa.

De las elucubraciones de todo un verano convulso surgía Caralin –acrónimo que debemos a la genialidad de un íntimo amigo, Paco Sedeño, que supo enlazar las primeras letras de los nombres de mi esposa y mi hija con el mío–, y lo mismo que sucede con cualquier recién nacido, daba comienzo un largo e ilusionante camino.

Caían las primeras hojas, y mis imprescindibles “manos derechas” y un servidor dábamos un giro a nuestras vidas y apostábamos por un proyecto que, si tal vez al principio sonaba más ambicioso que real, invitaba a apostar por él.

Así lo hizo Jose Luis López. Un tipo valiente que supo entender lo que había dentro de mi cabeza, y se apuntó sin reservas. Recuerdo que me dijo que si la cosa no salía bien, y acababa en la calle al mes siguiente, era capaz de renunciar al sueldo o al coche de empresa, pero que el reloj que le había regalado… se lo quedaba.

El segundo valiente fue mi abogado, Raul Sánchez. Acababa de ser padre, en mitad del verano, y no le conocía de nada. Sólo le hice una pregunta: «¿Eres capaz de poner en legal mi proyecto? Que sepas que lo mismo cierro en un par de meses». Me dijo –con esa adorable sequedad castellana– que contase con ello. Escrituras, poderes, registros de marcas, modelos de contratos, seguros… me consta que no fue fácil. Pero es que además salí ganando, porque en el paquete venía su socio, y mi asesor fiscal y financiero, César Muñoz: serio, metódico, ordenado, legal, honesto… y sobre todo con esa flema imprescindible para aguantar a alguien como yo; somos muy diferentes, pero doy gracias de que lo seamos. Es otro de mis “ángeles de la guarda”.

Al cuidado del fuerte está Paloma Moreno, punto clave de la organización, y nuestro centro del campo: la que reparte balones por igual a todos los departamentos. Marcos Alonso, responsable de la Zona Levante, es mi amigo; él y yo sabemos que no hace falta decir más. Y José Antonio Peñaranda, que nos cuida la Zona Cataluña, es otro amigo leal, de los de hace más de dos décadas –y con el mérito añadido de serlo en la distancia– que también está siempre en mi corazón. Como forma parte de mi vida Rocío García, que fue responsable de Burgos, pero sobre todo es una amiga querida.

Y ahora tengo una nueva familia en mi vida. Son Carlos Pérez y Jaime Rodríguez, con los que muchos habréis hablado ya, pues se ocupan de las redes sociales, la app, los temas de prensa, la publicidad… Son dos locos maravillosos, que al don de ser creativos unen algo que antes era una garantía, y para mí sigue siendo un valor fundamental: son serios, detallistas y cumplidores hasta “decir ¡basta!”. Creen en mí, pero porque están también un poco pirados. No se lo tengo en cuenta…

Gracias a todos los anteriormente nombrados tenemos una familia simpar, y la marca Caralin Group es lo que es. A mí se me vienen a la cabeza ideas (algunas, disparatadas) y ellos las hacen realidad y las ponen en práctica.

«Una década después, muchas cosas han cambiado, y algunas, como nuestra ilusión, nuestro empeño y nuestra confianza, continúan intactas»

Hoy, una década después, muchas cosas han cambiado y algunas, como nuestra ilusión, nuestro empeño y nuestra confianza, continúan intactos. Estos 10 años nos han permitido crecer, aprender más sobre el siempre apasionante mundo de la empresa y los negocios, mejorar el servicio, y por encima de todo, generar lazos de confianza con nuestros clientes y amigos; conocerlos y entender sus necesidades.

He aprendido también a saber lo que no haré nunca. He aprendido el valor de ser agradecido, buena gente, generoso con el que lo necesita y respetuoso con el que se lo gana. Que no merece la pena ganar dinero a cualquier precio y de cualquier manera. Por eso puedo mirar a la cara al más pintado y no tener que cruzarme de acera como hacen otros.

Porque eso es lo que importa; es de lo único que se trata. «…que es un soplo la vida, que 20 años no es nada…», continúa el tango del genial Carlitos. Miro hacia atrás, y al repasar las notas garabateadas en un cuaderno infantil de mi hija Alejandra –que hoy es ya toda una mujer– compruebo que hemos cumplido muchos de nuestros objetivos marcados. Esos que hacen nueve otoños seguramente nos parecieron auténticas locuras.

Y comprendo que si hemos conseguido llegar hasta donde estamos es gracias a los más de 200 clientes satisfechos que llevamos acumulados en nuestra estadística y guardados en nuestro corazón. Y también a los cientos de colaboradores y profesionales que han aportado su granito de arena para que seamos quienes somos ahora. A los que están, y a los que estuvieron, nuestro más sincero agradecimiento.

«Vamos a seguir trabajando para mejorar lo que empezamos hace 10 años»

Si continúo recordando la letra de ‘Volver’, «…el olvido que todo destruye haya matado mi vieja ilusión…», es porque, a diferencia del tanguista argentino, nosotros no la hemos perdido. Más bien al contrario: el camino no sólo acaba aquí, sino que vamos a seguir trabajando para mejorar lo que empezamos hace 10 años. Cuando nadie hablaba aún de la puñetera recesión que tanto nos está costando remontar.

Quiero –queremos– agradecer a todas las personas y empresas que han tenido que ver con este modesto éxito. No voy a mencionar a ninguna porque estáis ahí y no querría olvidar alguna y que se puedan sentir mal, todos fueron necesarios y otros lo siguen siendo y les tenemos en nuestros corazones. Sin vosotros nada de esto habría sido posible. Sois grandes. No os puedo defraudar, y no lo haré. Los que me conocéis sabéis que si no escribo algo así, no sería vuestro Maté.

El tango, con el que quiero también cerrar estas líneas, concluye con un «…la esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón…». Muchos de los que leéis esta tribuna nos conocéis; a Paloma, a José Luis, a mí. Sabéis, y no tendría por que escribirlo, que vamos a seguir trabajando por y para vosotros, mejorando cada día, para que sean otros 10 años los que sigamos juntos, como mínimo.


Juan Carlos Maté, presidente de Caralin Group

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