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Kore eda

> Crítica de la película

Kore-Eda recupera el pulso con 'Después de la tormenta' después de la irregular 'Nuestra hermana pequeña'. El director japonés vuelve a confiar en su estilo pausado y amable, sin dejarse llevar ni por el melodrama, ni por la comedia, encontrando el punto exacto entre lágrimas y sonrisas. Sin ser una película completamente redonda 'Después de la tormenta' se eleva por encima de la media gracias al genial personaje de la abuela interpretada por Kirin Kiki.

Crítica de la película

El japonés Hirozaku Kore-eda es uno de los grandes directores de los últimos tiempos, sus películas siempre suelen girar en torno a la familia o los niños, desde la maravillosa 'Nadie sabe', pasando por el homenaje al cine de Ozu en 'Still Walking', hasta ese pequeño milagro que fue 'Kiseki', su anterior película. Por eso no es de extrañar que su reciente paternidad le haya llevado a 'De tal padre, tal hijo' una película en la que se plantea qué lazos son más fuertes los genéticos o consanguíneos, o los de la educación y la crianza.
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Se suele hablar de Kore-Eda como un heredetro de Ozu y muchos han visto en esta película un sentido homenaje al cine del creador de ‘Cuentos de Tokio’ pero al maestro le daría mucha vergüenza tener que emocionar utilizando un recurso tan barato como la cámara lenta y la música recalcada. Soy un gran admirador de este director japonés pero 'Nuestra hermana pequeña' está llena de subrayados innecesarios que la hacen perder parte de su encanto, que lo tiene.

Crítica de la película

'Kiseki (Milagro)' es una película ligera, optimista y tierna, eso llevará a que los talibanes de los festivales de cine la califiquen de obra menor. Ya se sabe si una película no te remueve el estómago o te deja los ojos inundados de lágrimas no se la puede calificar como buena. Claro que el error viene de confundir el tono amable de la película con su supuesta superficialidad y 'Kiseki' puede pecar de algunas cosas pero no de banal o superficial. Puede que sea una película sencilla, pero es precisamente esa sencillez su mejor virtud, ya que esta película nos habla de, como decía Serrat, "aquellas pequeñas cosas". Esas que hacen que lloremos cuando nadie nos ve.