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la guindalera

La Guindalera, esa mítica sala alternativa del teatro madrileño echa el cierre el domingo, 17 de julio. Construida en el número 20 de la calle Martínez Izquierdo -una antigua ebanistería con un patio trasero- que ha venido funcionando durante los últimos 13 años en Madrid, ha sido, desde su constitución, una bombonera. Sus montajes han sido siempre garantía de calidad, de trabajo concienzudo y riguroso de punto de atracción de esas “grandes minorías”, como le gusta decir a Juan Pastor, actor, director y maestro de actores durante muchos años en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) de Madrid, y fundador de la sala, que quiso hacer de su proyecto familiar su razón profesional de existencia. Digo familiar porque La Guindalera no se entiende tampoco sin su esposa, Teresa Valentín Gamazo, gerente, ni sin su hija, María Pastor, actriz. En La Guindalera se ha hecho siempre un teatro riguroso y, después de cada función, el licor de guindas que la sala ofrece siempre al espectador, es la excusa para la reflexión natural y compartida de público y equipo artístico.

> El gran Juan Pastor, que lo fundó y lo dirige, explica las razones

La tragedia llega a la Guindalera. Y no como representación de una obra, no. Mucho peor: la durísima censura actual del sistema, que es la económica y sus restricciones, obliga a cerrar a este 'sancta sanctorum' del teatro, con tantos años de servicios a la Cultura. Madrid y España son hoy peores tras esta pésima noticia, que, al menos tien el envés de la dignidad. Porque su 'alma mater', su fundador Juan Pastor, no cede a planteamientos comerciales. Con la esperanza de que sólo sea un paréntesis, La Guindalera siempre estará en los corazones de la buena gente y ahí se mantendrá 'per omnia saecula saeculorum'. Nada ni nadie mejor que él para explicarlo en el siguiente texto.
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