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Los británicos votan 'sí' a salir de la Unión Europea: el Brexit triunfa por sorpresa

> Con el 100% escrutado, la salida gana la consulta con el 51,9% de los votos

viernes 24 de junio de 2016, 06:56h
Fiasco, sorpresa y sensación de fracaso generalizado. Son las sensaciones con las que amanece este viernes fatídico toda Europa, que verá cómo su miembro Reino Unido deja la UE tras un referéndum que ha acabado rompiendo todas las expectativas y, por supuesto, todas las encuestas. Gana el 'sí' al Brexit y comienza una nueva era para todo el continente, y parece que con más noticias negativas para la economía global que positivas.
Los británicos votan 'sí' a salir de la Unión Europea: el Brexit triunfa por sorpresa
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(Foto: EP)

Esta madrugada se ha podido conocer el recuento de los votos del referéndum que decidía la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Con un 51,9% sobre un 48,1%, ha triunfado el 'sí' al Brexit.

Los británicos aprueban por tanto, pese a las últimas encuestas y las apuestas de las casas de juego, que se han equivocado estrepitosamente, decirle 'no' a Europa pese a lo que supondrá para su economía.

El Brexit ha logrado el respaldo de 17,41 millones de electores, frente a los 16,14 millones de personas que se han decantado por la permanencia del país en el bloque comunitario, un 48,1% del electorado, lo que supone una diferencia de más de un millón de votos. La participación en la consulta se ha situado en el 72,2 por ciento del total de 46,5 millones de votantes registrados para la cita electoral.

Las primeras reacciones en las bolsas asiáticas están siendo escandalosas, con pérdidas de incluso el 8% en el Nikkei japonés y del 5% en China.

El primer ministro, David Cameron, ha fracasado gravemente y es posible que dimita en los próximos días u horas.


Todas las claves del Brexit

El referéndum se ha saldado a favor de la salida de la segunda economía del continente, un desenlace sin precedentes en el proyecto comunitario y que abre un período de incertidumbre tanto para el nuevo encaje británico en el continente, como para la sostenibilidad de un bloque que ha perdido a uno de sus más influyentes miembros.

Con una participación del 71,3% , la mayor en una votación en Reino Unido desde 1992 y más de 6 puntos por encima del plebiscito de 1975 que había confirmado la permanencia en la por entonces Comunidad Económica Europa, el escrutinio ha dado un vuelco sin precedentes a una noche electoral que había arrancado con las encuestas a favor de la continuidad.

Este desenlace tiene profundas connotaciones políticas e institucionales, puesto que el debate sobre la sostenibilidad de Cameron al frente del Gobierno, del que había avisado que no dimitiría en caso de Brexit, está ya planteado, incluso pese a la carta de dos tercios de los diputados conservadores que habían defendido la salida y que le han expresado su apoyo para permanecer en Downing Street por el "mandato y deber" obtenido hace tan sólo un año.

Además, otra de las incógnitas es el grado de preparación de Reino Unido para un proceso que podría llevar años, puesto que el propio primer ministro había asegurado públicamente que no había "plan B".

Tras jugarse su credibilidad a la carta de una apuesta que, según él, haría al "más fuerte y más seguro", Cameron ha quedado ya como el principal perjudicado de una campaña que ha dividido a la sociedad británica por una estrategia partidaria, puesto que, más que por clamor popular, el referéndum surgió para sofocar el incendio que Bruselas llevaba generando en los conservadores desde hace décadas.

La oposición laborista ha sugerido ya la necesidad de su dimisión ante un escenario sin precedentes en el que la única certidumbre es que, de vencer la salida, la decisión sería "irreversible". No en vano, David Cameron había avanzado ya que el proceso formal de retirada de los Veintiocho comenzaría de inmediato.

Aunque el Tratado de Lisboa establece las pautas de este procedimiento en el artículo 50, el primer movimiento ha de partir del estado miembro, que debe notificar a la UE su deseo de abandonar. De hecho, Londres no está obligado a proceder inminentemente, es más, los partidarios de romper con Bruselas han manifestado ya su preferencia por aguardar, puesto que, pese a meses de campaña, la fórmula que regiría sigue siendo una incógnita.

Los plazos, a priori, están marcados, si bien los 2 años establecidos en la normativa comunitaria podrían ampliarse siempre que lo autoricen los otros 27 socios. Expertos en Derecho europeo creen que, dada la complejidad, las negociaciones podrían llevar hasta una década y los propios defensores del divorcio asumen que, como mínimo, serían necesarios 4 años.

Los mercados

De momento, los mercados han evidenciado las secuelas del escenario que se abre en el bloque occidental: la libra ha caído a niveles inéditos desde 1985, lo que podría acarrear una intervención de contingencia del Banco de Inglaterra, que ya había avanzado que tenía previstas medidas para garantizar la estabilidad financiera.

Junto a la City y Downing Street, la atención estará en el continente, donde se espera que los demás líderes, que han mantenido en secreto su plan de acción en caso de 'Brexit', se reúnan a la máxima urgencia y exijan a Reino Unido clarificaciones sobre las áreas más delicadas, como el futuro de los casi tres millones de ciudadanos comunitarios que residen al norte del Canal de la Mancha.


La política


En consecuencia, junto a la resolución de una profunda crisis política en casa, el Gobierno, independientemente de su constitución, tendrá que resolver un proceso sobre el que no hay precedentes, tan sólo la salida de Groenlandia, ni siquiera un estado, sino un territorio que formaba parte de Dinamarca, hace más de 30 años, cuando la UE no era tampoco la unión política en la que se ha convertido hoy en día.

Por si fuera poco, este nuevo capítulo tendría que acordarse con socios que difícilmente mostrarán empatía hacia quien ha decidido abandonar, a pesar de los compromisos que tanto costaron en febrero y que hubiesen garantizado para Reino Unido el ansiado estatus de verso libre de una Europa cada vez más cohesionada.

Por otra parte, a escala europea, el temor es que la partida británica genere un efecto dominó entre otros integrantes de los Veintiocho y, sobre todo, que desencadene un peligroso auge del populismo.

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