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Fernando J. López, autor de 'Los nombres del fuego': "Cervantes era un visionario y, a su modo, ya era un escritor transmedia"

jueves 05 de mayo de 2016, 11:21h
Fernando J. López, autor de 'Los nombres del fuego': 'Cervantes era un visionario y, a su modo, ya era un escritor transmedia'
(Foto: Fernando J López)

Doctorado en Filología, profesor, novelista y dramaturgo, Fernando J. López nació en Barcelona en 1977, pero se trasladó muy pronto a vivir a Madrid. Publicó su primera novela con diecinueve años (In(h)armónicos, Premio Joven y Brillante) y ese mismo año fundó su propia compañía teatral, Armando no me llama, con la que estrenaría sus primeros textos. Fue finalista al Premio Nadal 2010 con La edad de la ira, un thriller que plantea -entre otros temas- el problema de la homofobia en las aulas del siglo XXI. En su narrativa destacan títulos como Las vidas que inventamos o La inmortalidad del cangrejo, y novelas juveniles de gran aceptación entre los lectores adolescentes como El reino de las Tres Lunas o, más recientemente, su novela transmedia Los nombres del fuego.

Como dramaturgo, Fernando J. López ha estrenado y publicado numerosas obras tanto en España como en otros países. Entre sus títulos teatrales destacan piezas como Cuando fuimos dos, Darwin dice, Tour de forcé, De mutuo desacuerdo y Los amores diversos).

J.M.V.- ¿Qué es una novela transmedia?, ¿por qué has elegido este formato para publicar ‘Los nombres del fuego’?

F.J.L.- La novela transmedia es una novela que se sigue escribiendo a través de internet, es decir, que no se cierra en el libro como tal, sino que el universo de la novela se expande con diferentes contenidos a través de la red (audiovisuales, música, videoarte, ilustraciones, periodismo...), que también tienen valor literario en sí mismos. Son contenidos y lenguajes múltiples que se van expandiendo más allá del propio libro y, de alguna manera, llegan a ser casi autónomos. Se puede leer la parte transmedia sin leer el libro, se puede leer durante la lectura del libro o hacerlo después. El lector puede jugar con muchas formas de leer y eso a mí me parece muy interesante.

P.- La discriminación, la desigualdad y la lucha por la identidad son temas constantes en tus novelas y en tu producción dramática. Supongo que sigues en la misma línea, ¿no?

R.- La novela transcurre, en una parte, en el siglo XXI, y, otra, en el mundo azteca y, efectivamente, esos son los grandes temas que subyacen en el texto. Todos los autores tenemos temas que nos obsesionan y a los que les damos formas distintas, pero acabamos siempre hablando de lo mismo, si realmente somos sinceros Y, de hecho, he escogido dos mundos muy diferentes para demostrar que esa lucha por la igualdad, por el género y por la no discriminación siguen dándose a lo largo del tiempo. El adolescente que se adentre en la novela me gustaría que reflexione sobre cuantas batallas quedan por ganar… Si estás leyendo la novela en el libro, puedes ir al universo transmedia y curiosear los mitos que se cuentan allí. O, si estás en el siglo XXI, y el personaje está escuchando una canción, puedes ir a la red y escucharla al mismo tiempo que él. El libro es autónomo y, aunque el transmedia no le resta identidad, el lector tiene derecho a elegir si quiere o no enriquecer su lectura, pero con todas esas herramientas, el libro crece y crece.

P.- Tratas también siempre temas que tienen que ver con el machismo y la homofobia. ¿Quieres convertirte en una especie de baluarte del mundo homosexual...?

R.- No. En absoluto. Es verdad que trato mucho el tema gay y el LGTB, pero solo como una parte más de la realidad. El problema de muchas realidades es precisamente que no figuran, y por tanto no están en los libros, en las obras de teatro… Deben de estar porque todo lo que no se visibiliza, lo que no se menciona, no existe. A mí, con mis novelas, me llegan e-mails de adolescentes que me demuestran que eso sirve para algo. Con Los nombres del fuego he recibido esta misma semana un correo de una chica de 16 años que me ha hecho llorar. Ha vivido una situación de rechazo brutal por parte de sus padres hacia una amiga suya por el hecho de que era lesbiana y ella cree que también puede serlo, y tiene un miedo atroz a contarlo por si sus padres tampoco lo admiten. Al ver en este libro que hay muchas formas de amor entre los personajes, (chicos con chicas, chicas con chicas, chicos con chicos, o chicas y chicos que no quieren estar con nadie), ver esa diversidad a ella la ha hecho estar un poco más fuerte y sentirse menos sola… En el fondo, todos son excusas para hablar de la diferencia, una situación que yo conozco en carne propia, y creo que puedo aportar mucho desde mi experiencia. Todos tenemos una diferencia y yo lo que quiero es que los jóvenes empaticen con ella.

P.- Los prejuicios, las etiquetas, son malos compañeros de viajes, ¿verdad?

R.- A este respecto, hace unos meses recibí un correo en mi página web de una chica ciega, de 17 años, que había leído mi novela La edad de la ira y me decía que era el primer libro que le había gustado de verdad porque ella se sentía como Marcos, el protagonista, un chico con tendencias homosexuales. Me decía que se sentía parte de una sociedad que supuestamente acepta todas las diferencias, pero en la que ella no se siente integrada del todo. Decía que, como persona ciega, se sentía rodeada de buenrrollismo , pero no de soluciones, de aceptación y de integración reales… A mí ese correo me dio mucho que pensar y, sobre todo, me dio muchas fuerzas para ver que merece la pena contar estas cosas. Es necesario visualizar que no somos esas etiquetas que nos colocan, y que queda mucho para que todos y cada uno de nosotros nos sintamos de verdad integrados.

P.- ¿Te parece que esta nueva forma de propuestas transmedia son la nueva vía de contar?

R.- No sé si es una nueva vía, pero sí que cuenta con una ventaja, que yo de momento estoy empezando a explorar, y que espero que se abra aún más, y es esa posibilidad que se brinda a los lectores de que escriban y aporten textos, canciones, dibujos, fotos, etc. Realmente, menos insultar (eso no lo permitiré nunca como moderador…), pueden enviar lo que les parezca. Creo que es un buen camino para que el lector se vuelva autor. Esa comunidad de lectores que propiciará el universo transmedia, es un lugar donde la gente lee, escribe, comenta, plantea….

P.- Esa, es verdad, parece una vía muy interesante para el lector, pero, ¿para el autor no puede llegar a ser un condicionamiento muy fuerte?

R.- Puede llegar a serlo porque exige mucho tiempo. Pero tiene dos ventajas: una, que trabajas con un equipo muy numeroso (ilustradores, informáticos, editores… somos unas 15 personas en el desarrollo de la página web) y eso hace que puedan detectarse aspectos de la novela que lo mismo tú no ves; trabajar en equipo es estupendo. La segunda, es que en una novela que te gusta y que te implicas de verdad en ella, es bonito poder mantenerla en el tiempo. Lo que no se puede es abordar una novela transmedia de una forma netamente comercial. Si quieres hacer eso únicamente por aspectos de marketing, estás cometiendo un error gravísimo porque eso no va a llegar a nadie: ni el autor se va a implicar, ni el lector va a tener ningún interés en lo que se está haciendo.

P.- ¿Tú crees que si Cervantes hubiera vivido en estos tiempos habría publicado ‘El Quijote’ en transmedia?

R.- Es que, realmente, El Quijote es un transmedia. El hecho de jugar con diferentes novelas interpoladas, con diferentes mundos, con personajes que se repiten, el hecho de que los mismos personajes se hayan leído la novela y que la comenten, y que discutan sobre el “apócrifo”, y el “no apócrifo…”. Cervantes, como era un visionario, a su modo, ya hizo algo transmedia porque sus lectores son parte fundamental del propio libro, son parte de sus personajes. Ese nivel de metarrealidad que se inventó Cervantes y que los demás hemos ido heredando, y que vivimos aún de todos esos prodigios cervantinos, tiene muchísimo que ver con el transmedia. Este formato no es una invención de un lenguaje, sino que es una apertura tecnológica de lenguajes que ya existían…

P.- ¿Y qué te parece más interesante para un lector que quiera acabar siendo escritor: esta vía o la de los talleres literarios, que tan de moda se han puesto en los últimos años?

R.-Yo tengo poca fe en los talleres literarios. Es verdad que en ellos hay una serie de herramientas que se pueden adquirir, pero cuando vas a un taller, luego es bueno olvidarse de él. Es bueno en el sentido de que te permite compartir lo que escribes con otras personas que comparten tus mismas inquietudes. Además, como entorno de trabajo puede favorecer una cierta disciplina… Pero yo prefiero la indagación personal... Mira que soy profesor en un máster de Teatro, en la Universidad de Alcalá de Henares, de escritura dramática, además, pero yo ese taller lo planteo más que de fórmulas en las que no creo, como un estudio de formas de escritura dramática a lo largo del tiempo, que puedan abrir la mente de la gente que está escribiendo teatro. Es verdad que lo que te pasa a veces es que quieres escribir y no te das cuenta de que tienes tu propia voz porque no conoces los referentes previos. Si el taller se enfoca como un conocimiento de lo que se escribe, de lo que se ha escrito, de formas de escritura, que como una especie de ejercicio de redacción de instituto, sí funciona. En sentido contrario, creo que no, pero -repito- esa es una cuestión muy personal y seguro que hay autores que no están nada de acuerdo con mi punto de vista.

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