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Gloria Poyatos, jueza: "Las víctimas de violencia de género somos todas las mujeres"

sábado 26 de noviembre de 2016, 20:20h
La magistrada Gloria Poyatos (Imagen cedida)
La magistrada Gloria Poyatos (Imagen cedida)
Gloria Poyatos es magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Canarias y presidenta de la Asociación Española de Mujeres Juezas, una organización dedicada a la promoción de la igualdad tanto en la carrera judicial como en cualquier ámbito social. En conversación con Diariocrítico, Poyatos habla del machismo dentro de la justicia, de las nuevas medidas que podría contemplar un Pacto de Estado en materia de violencia de género y de la importancia de la educación para cortar de raíz lo que denomina el machismo tolerado.

La Asociación Española de Mujeres Juezas (AMJE) remarca la necesidad de empezar por la educación en igualdad para combatir todo tipo de discriminación y violencia por motivo de género. Para ello han puesto en marcha ya un primer proyecto en la isla canaria de Lanzarote denominado 'Educando en justicia igualitaria' con el que se promueve la defensa de la justicia con perspectiva de género. La presidenta de la asociación, Gloria Poyatos, reinvindica que también la educación y la formación sea un componente básico y obligatorio dentro de la carrera judicial, para poder hacer frente a la violencia de género y a la discriminación de las mujeres.

Habéis denunciado el machismo en el sistema judicial a raíz de unas grabaciones de unos jueces que, en una conversación informal, hacían comentarios descalificativos sobre las mujeres rumanas. ¿Creéis que es un caso aislado o es un indicativo de un problema más grave?

La judicatura no está fuera de la sociedad ni es un estamento aislado que no tenga influencias por parte de los numerosos estereotipos y prejuicios machistas que existen y que están instalados en todas las profesiones. Por tanto, los jueces y las juezas estamos contaminados por esa propagación del machismo en todos los ámbitos sociales. El problema es que el machismo en la justicia tiene un efecto mucho más pernicioso y dañino de que lo que pueda producirse en otras profesiones, como en un panadero o en un vendedor de botellas de coca-cola, por poner un ejemplo.

Los jueces y las juezas dictamos resoluciones que impactan directamente sobre la ciudadanía y, por tanto, tiene un efecto mucho peor. Desde mi punto de vista, en la carrera judicial existen dos tipos de machismo: un machismo endógeno o interno y un machismo exógeno o externo. El endógeno queda constatado a través de la foto oficial de la justicia que cada año perpetúa la apertura del curso judicial. En esa foto, que representa la justicia española, no hay ni rastro de las mujeres a pesar de que somos ya mayoría en la carrera judicial. Somos el 52% y el 60% en la franja de edad inferior a 51 años. Por tanto, esa foto es un mensaje simbólico de negación de la importante aportación que hacen las mujeres juezas a la justicia española.

El segundo elemento que constata el machismo endógeno está en que sólo un 13% de las mujeres juezas habitan en la estratosfera judicial, en el Tribunal Supremo o en los puestos de las más altas instancias judiciales. Sólo una mujer de 17 tribunales superiores de justicia ostenta la presidencia. Sólo 8 mujeres de un total de 50 audiencias provinciales son presidentas. Eso, teniendo en cuenta que somos mayoría en la carrera, no tiene mucho sentido, sobre todo desde que las mujeres accedemos en igualdad de condiciones con los hombres a la carrera, puesto que hasta el año 1966 teníamos prohibido el acceso a la justicia por mandato legal.

El machismo exógeno para mi es el más preocupante porque impacta directamente sobre la ciudadanía. Se proyecta a través de sentencias que desprenden un machismo del juzgador o juzgadora. Da igual los sexos, la contaminación se propaga de igual forma entre ellas y ellos. Esto se traduce en sentencias o resoluciones judiciales que están impregnadas por un machismo evidente, por prejuicios y esterotipos adquiridos educacional y socialmente y que no son compatibles con lo que es una justicia equitativa o igualitaria. Están tratando de manera desigual a un colectivo históricamente discriminado, que es el de las mujeres.

¿Existe algún tipo de formación o sensibilización previa en el caso concreto de los profesionales de la justicia que tratan casos de violencia de género, por ejemplo?

Ese es el grave problema de la carrera judicial. No existe una formación obligatoria y transversal y no sólo en supuestos de juzgados de violencia de género, donde tampoco existe. Cuando digo transversal digo en todas las jurisdicciones porque el machismo impera y se reproduce en todas las jurisdicciones de igual manera y debe atajarse en todos los ámbitos.
Yo creo que aquí (en las grabaciones) la gravedad de las palabras es que eran dichas por jueces que están sentenciando cada día casos de prostitución y trata de seres humanos. Es realmente peligroso que piensen de esa manera y que a la vez tengan que resolver cada día supuestos en el que hay mujeres rumanas o supuestos de prostitución cuando tienen unos prejuicios que se manifiestan claramente es esas conversaciones.

Por eso desde la asociación creemos que es urgente establecer una formación obligatoria para todos los jueces y juezas de este país. Y además debe ser sistemática y permanente . Es decir, no sólo al inicio de la carrera sino que se debe mantener hasta la jubilación porque si no podemos incurrir en una justicia que no es equitativa. Una justicia machista no es una justicia igualitaria.

Habéis defendido que se juzgue desde una perspectiva de género, ¿a qué se refieren exáctamente con esto?

Bueno, este mandato ya está incluido en artículo 4 de la Ley de Igualdad, no es algo que nos hayamos inventado. Quiere decir que los jueces y juezas tenemos que aplicar el principio de igualdad transversalmente a la hora de interpretar todo el ordenamiento jurídico. Juzgar con perspectiva de género quiere decir pararse antes de resolver y analizar si a la hora de dictar una resolución podemos estar contaminados por esos prejuicios y estereotipos que nos afectan e irradian en todos los ámbitos sociales.

No puedes tratar en justicia igualitariamente a colectivos que no son iguales socialmente. Por ejemplo, no puedes tratar igual a una persona discapacitada. Tienes que tener en cuenta esa situación de origen y esa discriminación histórica que recae en ese colectivo. Con respecto a las mujeres pasa lo mismo porque las estadísticas que tenemos y que están constrastadas por organismos internacionales te dicen que las mujeres están discriminadas laboralmente a través de la brecha salarial y el techo de cristal, que son víctimas de violencia de género, que padecen una discriminación institucional y simbólica, etc.

Tienes que tener en cuenta esos criterios para aplicar una justicia equitativa. Si no, lo que haces es aplicar una justicia automática que no es una justicia justa. Un ejemplo de cómo juzgar con perspectiva de género lo tienes en la última sentencia del Tribunal Constitucional en relación a un pronunciamiento que dice que los permisos de maternidad o embarazo no pueden equipararse a otros permisos. Una justicia mimética te diría que un permiso de maternidad es exáctamente igual que cualquier otro y que se le aplican las mismas normas. Una justicia con perspectiva de género dice que, aunque formalmente sean permisos iguales, realmente no lo son. Y si yo no protejo más ese permiso de maternidad o embarazo coloco en una situación peor a las mujeres respecto a los hombres a la hora de competir laboralmente.

Hablando más concretamente sobre la lucha contra la violencia de género, en la actualidad los datos de denuncias y de víctimas mortales no muestran una tendencia clara. ¿Diría que la situación está mejor, peor o igual que en los últimos años?

Yo siempre digo que la violencia sobre las mujeres ha existido siempre. Mi punto de vista profesional es que ahora se visibiliza más que antes y que ahora las mujeres tienen herramientas que antes no tenían para poder denunciar y salir de esa situación. Dicho eso, también considero que la situación de crisis global y de desempleo exacerba más la violencia. ¿Por qué? Porque esa desazón que tienen las personas ante una situación crítica les hace ser menos tolerantes y explotar antes. Es posible que haya una relación de causalidad entre la situación de crisis y esa eclosión de violencia al que hemos asistido en los últimos años.

Pero también el hecho de visibilizarlo y de hacer campañas de visibilización lo que hacen es brindar a las mujeres salidas que a lo mejor desconocían. Y muchas, claro está, se acogen a esa posibilidad y denuncian, por lo que aumentan las estadísticas. En cualquier caso, sí que es cierto que se ha producido un repunte en la violencia entre los jóvenes, que ha incrementado el trabajo de los juzgados especializados en menores. Esto también debe ser objeto de análisis y, desde el punto de vista de nuestra asociación, creemos que debe ser abordado en un plan educativo que modifique el actual y en el que, de forma transversal, establezca una enseñanza en valores de igualdad.

Nuestros jóvenes son más dúctiles y permeables al establecimiento de buenos hábitos y a la implementación de valores ya desde la temprada edad para evitar que un futuro sean personas que puedan incurrir en esa violencia que pretendemos erradicar. Por tanto, la educación es muy importante y es la gran abandonada por todos los partidos políticos. En la educación está la vacuna frente a la violencia de género porque es más fácil educar a una niña fuerte y a un niño en la igualdad que reparar a una mujer rota.

¿Cómo es posible que parezca que exista una mayor sensibilización y se haya producido un repunte de la violencia entre los jóvenes?

El repunte se produce porque estamos abordando de forma focalizada la lucha contra la violencia, sobre todo desde la justicia. Yo creo que esto es un error, porque cuando la violencia llega a la justicia nos convertimos en administradores del fracaso social. Entonces, el abordaje debe hacerse desde donde hunde las raíces más profunda el machismo, que es la educación y los medios de comunicación.

Debe abordarse mucho más ampliamente y también se debe tener en cuenta la violencia simbólica. Hay que recordar que entidades como la RAE (Real Academia de la Lengua Española) utiliza herramientas educativas como el DRAE (Diccionario de la RAE) que recoge machismos en toda regla. Por ejemplo, para determinadas profesiones femeninas se recoge entre sus acepciones que son 'las mujeres de'. Luego están los libros de texto en los que sólo habitan hombres en toda la historia de la humanidad; la foto de la justicia; la representación en los partidos políticos, en los que siempre los que hablan son hombres. Estamos negando permanentemente la capacidad y la competencia de las mujeres y, además, los mensajes que nos llegan de los medios de comunicación cosifican a la mujer.

Hay algo que siempre nos dicen a las madres: cuando quieras educar a tu hijo o a tu hija, le influyen más los hechos que la teoría. Esto es igual pero a nivel social. Por mucho formalismo que pretendamos trasladar, si luego la práctica diaria contraviene lo que decimos, lo que rige son los hechos. Y nuestros jóvenes, que están en esa sociedad machista, están inhalando cada día lo que se denominan micromachismos tolerados por todos sus poros. Y las nuevas teconologías, además, son una manera de maximizar estos micromachismos. Son muy peligrosas porque son una fuente dúctil para trasladar hasta extremos inquietantes todas las tipologias de violencia de genero en las que pueda pensarse.

¿Qué se puede hacer desde la justicia o desde otras instituciones contra los micromachismos, contra el machismo más cotidiano?

Desde la justicia poco se puede hacer contra el machismo tolerado. Eso se ha de atajar desde otras perspectivas. Yo siempre digo que el abordaje de la violencia de género debe ser un abordaje multidisciplinar y a tres niveles: un primer abordaje sería el preventivo o primario, y ahí tenemos la educación, los medios de comunicación o las campañas de sensibilización. También son importantes los centros de salud, que tengan conocimiento de la situación de violencia para poder detectar casos de víctimas.

Un segundo abordaje sería el secundario, el de asistencia integral a la víctima cuando esta es identificada. Aquí tenemos la educación que debe darse a los operadores judiciales y el refuerzo de las instituciones, asociaciones y cuerpos de seguridad. Luego hay un tercer abordaje, que sería el de reinserción y recuperación de las víctimas. Aquí entrarían los programas de reinserción social y apoyo psicológico.

Pero además no debemos olvidar tampoco a los maltratadores, que deben tener derecho a que se les pueda reinsertar en sociedad a través de cursos de reinserción y sensibilización. Hay que apoyarlos para cambiarlos porque no es que ya sean inservibles, cuando además la sociedad tiene una gran parte de culpa de ello porque nosotros hemos creado el caldo de cultivo en el que se promociona esos microchamismos, que son la base del machismo atroz que es el que mata. Por tanto hay una responsabilidad social en que exista esa situación de machismo radical que tenemos que asumir desde un abordaje plural o multidisciplinar. Y en la educación es donde nuestra asociación está empleando la artillería pesada, porque ese es el futuro y donde está la solución para atajar la violencia a medio plazo.

Ahora que se está hablando de hacer un nuevo Pacto de Estado en materia de violencia de género, ¿qué elementos cree que debería incorporar este acuerdo?

Debe incorporar medidas efectivas -reales y no formales- y una especificación del presupuesto que va a acompañar al proyecto. Y esto es importante para que no pase lo que ha pasado con el Estatuto de la víctima del delito, que es un insulto a la inteligencia de cualquier jurista porque se dice que hay una nueva norma en la que hay una serie de medidas multidisciplinares de protección a la víctima del delito y en la propia ley se recoge que no hay asignación alguna de medios materiales y humanos. Eso es tanto como convertir la ley en una ley anodina y sin efecto alguno.

También es importante que en el pacto se haga un abordaje multidisciplinar, que se proyecte desde la prevención, desde la asistencia y desde la reinserción y recuperación. Y, como medidas a reformar, habría que hacer una revisión profunda de la educación y una revisión de la coordinación de los distintos operadores judiciales que participan en la persecución del delito de violencia de género, estableciéndose una formación transversal. Es decir, que no formen independientemente a cada uno de los colectivos, porque ahí no vamos a averiguar dónde están las brechas del sistema por donde están siendo asesinadas todavía víctimas de violencia.

Y luego, yo también diría que es importante llevar a cabo modificaciones en la propia norma para, por ejemplo, cambiar el artículo de la dispensa a no declarar contra familiares. Porque cuando llega la víctima de violencia una de las cosas que se les recuerda es que tienen esa dispensa y, en la situación anímica y psicológica en la que se encuentra la víctima, ofrecerle eso es tanto como decirle que se acoja. Dificulta mucho la persecución del delito cuando la propia víctima, que es la que tiene la fuerza probatoria, abandona o no declara como un elemento probatorio que permite al juez o a la jueza avanzar en la persecución del delito.

¿Por qué no ha sido hasta ahora cuando se contempla incluir en la violencia de género los casos ocurridos fuera del ámbito de la pareja?

Es un avance incluirlo. Nuestra ley integral de protección contra la violencia ya estableció el ámbito de aplicación al ámbito de la pareja, ex pareja o relación análoga. Pero tenemos que tener en cuenta que las víctimas de mujeres de género no son sólo las mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas. Las víctimas de violencia de género somos todas las mujeres porque las radriografías de las discriminaciones de género se proyectan en muchísimos ámbitos, desde el laboral hasta el social -donde nos infligen una violencia sexual permanente de distintas tipologías- y hasta otros ámbitos como son incluso el educativo, la violencia en salud o la violencia simbólica.

El enfoque de la violencia de género debe ser mucho más amplio que el de la pareja y debe ir a lo que se denomina el feminicidio. Es decir, aquellos supuesto en que se producen delitos contra la mujer por razones de género o de su sexo. Por ejemplo, los asesinatos a prostitutas, desde mi punto de vista, son un claro ejemplo de lo que es una víctima de violencia de género a pesar de que se les niegue. Porque en ese caso la relación asimétrica de poder o la fuerza física son los que están siendo la causa de ese tipo de asesinatos. Es una visión mucho más realista de una discriminación endémica y estructural, que no sólo tiene un carácter doméstico sino que tiene un carácter social mucho más amplio.

¿Confían en que se avance en la lucha contra la violencia de género ahora que el Gobierno está en minoría?

Hay que ser siempre optimista, pero es cierto que todas las políticas que hasta ahora se han implementado no han neutralizado ni han hecho disminuir este avance amenazante de la violencia. Pero bueno, hay que ser objetivos, tenemos buenas herramientas legales, el problema es que no se están aplicando. Si se aplicasen las normas vigentes en materia de impacto de género seguramente habría un cambio importantísimo en la situación actual en relación a la violencia. El problema es que las partidas presupuestarias han disminuido en casi un 30%, sin presupuesto no se puede formar, si no se forma no existe sensibilidad en aquellos que tomamos decisiones que tienen impacto en las víctimas, podemos cometer con más facilidad errores y, si cometemos más errores, pueden asesinar más a las mujeres.

Yo siempre digo, en el caso del abordaje judicial, que los jueces y las juezas no somos oráculos divinos, nos podemos equivocar. Pero, si tienes una formación especializada, estás minimizando el margen de error y puedes salvar la vida de una mujer. Por ejemplo, el que se produzcan preguntas como la que se realizó por parte de una juez en un supuesto de denuncia por violencia sexual, que le dijo si había cerrado bien las piernas, eso demuestra de forma evidente un déficit formativo muy importante. Ese déficit también es imputable al sistema y al órgano del gobierno judicial que establece los planes de formación.

Por útimo, siempre que se habla de estos temas hay reacciones de gente que no entiende por qué la violencia o el asesinato contra las mujeres deben tener un trato específico. ¿Qué le respondería a esa gente?

Que la discriminación de las mujeres es algo evidente e incuestionable a tenor de todas las estadísticas que existen en todos los ámbitos sociales donde las mujeres jugamos en desventaja. Que la discriminación de las mujeres es algo que ha acompañado a la historia de la humanidad desde sus inicios y también es incuestionable. Así como que la discriminación de las mujeres se produce en todos los ámbitos y ello sólo puede subsanarse o equilibrarse a través de medidas normativas y jurídicas que equilibren esas desigualdades de inicio. Igual que se hace con otros colectivos históricamente discriminados, debe hacerse respecto a las mujeres.

Llegar a la igualdad real, no sólo formal, nos va a llevar mucho tiempo, pero si no disponemos de una igualdad formal de inicio, imagínate los datos que aportarían las estadísticas. Porque aún existiendo esas leyes las mujeres seguimos en desigualdad social y en todos los ámbitos. Entonces, es imprescindible es un Estado social, democrático y de derecho el que, de acuerdo con la Constitución, la igualdad sea un valor fundamental. Es una desigualdad estructural del sistema, endémica e histórica.

Frustradas, amargadas, rabiosas y fracasadas

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