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PSOE: ¿cómo encontrar el norte socialdemócrata?

viernes 25 de noviembre de 2016, 07:34h

No es la primera vez que la socialdemocracia sale trasquilada de una crisis societal. Esta es la premisa histórica necesaria para encarar adecuadamente la búsqueda del norte socialdemócrata que encara el PSOE. Así sucedió en los años treinta del pasado siglo, tras la crisis de 1929, y volvió a suceder con la crisis del petróleo en 1973 y su impacto en el funcionamiento del Estado de Bienestar (quizás la mayor contribución de la SD al bien común).

En cada uno de los escenarios de crisis pueden apreciarse algunas similitudes respecto de las dificultades de la socialdemocracia. El malestar social permite el surgimiento de fuerzas populistas que, si bien plantean propuestas demagógicas o poco realistas, conectan bien con el estado de ánimo de los sectores sociales más afectados. El sistema político democrático es puesto en cuestión y la sensatez socialdemócrata no parece de recibo. Así, la SD entra en crisis -también interna- y parece condenada a desaparecer. Sobre todo, si tiene fuerzas a su izquierda que la consideran un obstáculo para enfrentar el populismo de derechas. Esa fue la consigna formal de los partidos comunistas en los años treinta: para combatir al fascismo primero había que derrotar a la socialdemocracia.

Afortunadamente, como el ave fénix, la SD siempre ha sido capaz de resurgir de sus supuestas cenizas, para impulsar una nueva fase de desarrollo humano. La razón última de que ello sea así reside en el hecho de que la SD ocupa un lugar insustituible en el avance hacia el bienestar de la gente. En otras palabras, el PSOE puede sucumbir como partido pero aparecería otra fuerza política socialdemócrata para ocupar ese espacio. Porque la si la SD desapareciera habría que inventarla de nuevo.

Así las cosas, la cuestión consiste en saber si el PSOE va a ser capaz o no de mantenerse en el espacio socialdemócrata. Se equivocan por completo quienes quieren la recuperación del PSOE desplazándolo de su espacio natural. Y cualquier intento, como el señalado por Pedro Sánchez en la entrevista en el programa Salvados, de mirarse en el espejo de fuerzas no socialdemócratas mete al PSOE en un callejón sin salida.

Ahora bien, ¿cómo puede el PSOE renovarse para enfrentar esta coyuntura particular de crisis sin abandonar el espacio socialdemócrata? En estos momentos hay dos tendencias internas para tratar de responder esa pregunta. Una, la representada por Sánchez, que está preocupada principalmente por la presión que siente a su izquierda y considera que la renovación del PSOE consiste en girar en esa dirección, aunque para ello tenga que sobrepasar el espacio natural de la socialdemocracia. Y otra, que se hace visible en la actual gestora y en la federación andaluza, que opta por el énfasis contrario: mantenerse como partido socialdemócrata de mayorías, incluso si ello le significa perder algunas plumas en la competencia con el populismo y la extrema izquierda (hoy cada vez más incorporada en Podemos).

Ciertamente, podría hacerse un listado de ventajas e inconvenientes respecto a cada una de las dos opciones. Pero hay una cosa que las diferencia: la primera busca difuminar la raigambre socialdemócrata del PSOE en el corto plazo, para evitar su pérdida de apoyo en los sectores populares, y luego, más adelante, ver si es posible resituarse de nuevo en el espacio de la SD. Mientras que la segunda prefiere aguantar el diluvio a pie firme, para no perder su identidad SD y recuperar el apoyo popular con la superación de la crisis.

Los partidarios de la prima opción (con Sánchez) aseguran que el riesgo de hundimiento del PSOE es mayor en la segunda opción, como lo estaría probando –señalan- la sangría electoral reciente. Pero sus oponentes responden que tratar de parecerse a las fuerzas radicales no es la solución. El electorado molesto con la crisis siempre preferirá el original (Podemos) a la copia (un PSOE podemita).

La controversia, así formulada, puede acabar siendo indefinida, retorica. Por eso es necesario conectarla con el escenario político nacional en la perspectiva de superación de la crisis. Y en ese sentido, es necesario reconocer con claridad que el reparto de apoyo electoral refleja una España políticamente dividida. Una parte del electorado quiere enfrentar la crisis desde una óptica izquierdista más radical, intentando de nuevo –a fin de cuentas- la vía griega. Otra parte busca todo lo contrario: superar la crisis haciendo más atractivos los negocios, para reactivar la inversión que mueva de nuevo la producción y el empleo, aunque ello signifique el uso circunstancial de la desigualdad. Claro, cuanto más fuerte sea esa polarización, menos espacio quedará para una política socialdemócrata.

Sin embargo, precisamente por eso es por lo que se hace urgente reconstruir esa propuesta progresista y sensata de salida de la crisis, que acepte la necesidad de un período de estabilización económica que relance la economía privada, pero que la encauce evitando los excesos que implica una política económica descarnadamente neoliberal. Algún radical podría decir que esto es lo que siempre ha hecho la socialdemocracia: limar los aspectos más negativos del capitalismo. Pero ese planteamiento es falso por simplista, como demostraré en otra nota.

Lo que sí me parece inapelable es que la opción de mantenerse en el espacio SD presenta un riesgo mayor de sacrificar el partido en aras de sanear la sociedad. Desde luego, a Sánchez y sus partidarios eso les preocupa mucho menos: están dispuestos a pactar con el diablo si con ello evitan la caída del PSOE y la suya propia. Aunque el precio final vaya a cuenta del conjunto del país.

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