Humor
lunes 15 de diciembre de 2008, 17:45h
Actualizado: 19 de diciembre de 2008, 12:31h
TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.
Sinceramente, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y obameados niños y niñas que me leéis, no creo yo que, en el caso que nos ocupa, sea de aplicación eso de “la política hace extraños compañeros de cama”. Tanto el presidente electo, Barack Obama, como la que será su secretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton, están para conllevarse, pero no para otro tipo de revolcones, más allá de los meramente dialécticos. Ambos se enfrentaron, a cara de perro rottweiler, en las elecciones primarias y paren ustedes de contar.
Eso sí, Obama y Hillary, con todo merecimiento y antes que los listillos de la canallesca se nos adelanten, quedan proclamados The Couple of the Year, la pareja del año. Vamos un puntazo mediático-organizativo que deja pálida la relación entre George Bush, el presidente saliente, y Condoleeza Rice, la todavía secretaria de Estado. Y eso que, en ambos casos, la cosa tiene su miga multirracial. Algo así como claroscuros en la imagen. Blanco-negra; negro-blanca. Aunque, eso sí, en el segundo caso, con matices color café con leche.
Y, a todo esto, pequeñines/as míos/as, ¿cómo se ha tomado el ascenso de su esposa el ex presidente William Jefferson Clinton? ¿Es verdad que tiene celos? Dicen que sí los amigos norteamericanos de papá. Clinton, el saxofonista aficionado y sexofonista pasivo, está celoso. En principio de los logros de Hillary. Pero sólo en principio. Porque a un depredador sexual como el que fuera inquilino privilegiado del Despacho Oval no le hace mucha gracia que, un poner, Barack Obama coja del brazo a Hillary. Eso dicen las lenguas viperinas del todo Washington. Incluso algunas profetizan que, dentro de nada, entre Obama y Hillary saltarán chispas… Es posible, aunque no precisan si estas chispas serán de desacuerdos (Hillary es muy suya) o de algo así como alto voltaje erótico-festivo-amatorio. Claro que la diferencia de edad entre ambos pesa lo suyo. Evidentemente no hay, lustro arriba, lustro abajo, la misma diferencia existente entre la duquesa de Alba (octogenaria) y su dicen que novio y –se supone—que probo funcionario (58 tacos). El presidente electo tiene 47 años y madame Rodham Clinton, 61. O sea, que sólo 14 años les separan. Una nadería si pensamos en los veinte que Demi Moore le lleva al pipiolo veinteañero de su actual marido.
Y eso que a Hillary, aparte de su todavía marido, no le faltan rondadores. En algunos casos, tan morbosamente notorios como el malvadísimo del Vilariño, empeñado en ser su becario para todo. La nueva secretaria de Estado, por supuesto, no tiene un cuerpo diez (dejémoslo en 5,07), anda sobradita de celulitis, pero desprende una gran carga erótica; eso que algunos cursis, hace años, llamaban la erótica del Poder. Vamos, que Hillary es una mujer de ordeno y mando… y hasta puede irrumpir en la escena internacional cual una estricta gobernanta, lo que, llegado el caso, seguro que llenará de gozo a Gordon Brown (el ser británico, ya se sabe, tiene estas cosas) y a Nicolas Sarkozy, le petit grand président de la France eternelle. Lo de Hillary disciplinando a los aliados díscolos será digno de verse sino en las páginas de la prensa seria y pudibunda, sí en las de Playboy, por ejemplo.
Otra cosa no, pero lo de la secretaría de Estado de EEUU se presta como nada al ejercicio de dominátrix múltiple en esas promiscuas conferencias internacionales, tan alejadas, por cierto de la genitalidad física. Y para una partouze de los gobernantes, una cama redonda metafóricamente hablando, puñetera falta que hace la genitalidad de cintura para abajo. Vamos, como que no. La cosa va de coco, de cerebro, de poderío mental… Traducido: Hillary Rodham Clinton es el mejor hombre para este trabajo. Lo que yo os diga.