El PP valenciano no sólo se muestra contento tras la declaración de Francisco Camps ante el juez José Flors, sino que aún piensa que va a ganar las elecciones europeas por goleada. Puede ser, porque Dios a veces premia a los ingenuos.
Los analistas más perspicaces piensan, sin embargo, que el daño político ya está hecho, al margen de que la endeble imputación al presidente autonómico probablemente quede en nada. Las espaciadas y controladas filtraciones del sumario y sus conversaciones telefónicas con El Bigotes echaron por tierra el silencioso desdén inicial de Paco Camps. Esos mismos expertos creen que si el presidente valenciano hubiese admitido desde el principio su amistad “con un sujeto del que ignoraba fuese un sinvergüenza” todo habría concluido en un santiamén.
Ahora, en cambio, la actual situación procesal le ha permitido sacar pecho al todavía ignoto líder socialista, Jorge Alarte, ninguneado hasta la fecha por su propio partido. También ha obligado al PP autóctono a hacer un despliegue de adhesiones públicas y mediáticas al presidente, a la antigua usanza, incluida la cohorte de acompañantes ante el tribunal de justicia, práctica iniciada en el País Vasco cuando el procesamiento de Juan Mari Atutxa y elevada hasta el
virtuosismo en el caso de Juan José Ibarretxe.
No es eso lo malo. Lo peor es que las manifestaciones de palmeros siempre propician, como así ha sucedido, concentraciones en sentido opuesto, dividiendo y enfrentando a la ciudadanía. Y si uno comprende a quienes van a animar a su equipo –valga el símil futbolístico—, entiende mucho menos a los que acuden a silbar el himno nacional, como curiosamente también ocurrió hace días en la misma Valencia.
Lo importante, pues, no es la batalla judicial en sí misma, sino el ruido mediático que provoca, y éste ha sido tan ensordecedor que el sábado estará precisamente en la capital del Turia Rodríguez Zapatero, dando el pistoletazo de salida de las elecciones europeas.
Hace sólo unas semanas, las encuestas daban una ventaja al PP de 18 puntos sobre el PSOE, los mismos que le sacó en las elecciones autonómicas de 2007. Pero, ¿cuál será la realidad electoral del 7 de junio? Con todo lo que está cayendo, el Partido Popular podría darse por satisfecho si mantiene los 7,7 puntos que obtuvo sobre el PSOE en los comicios europeos de 2004. En cualquier caso, sin llegar al fenomenal desprestigio que se ha llevado por delante a Michael Martin en Gran Bretaña, el creciente descrédito de nuestra clase política puede hacer bajar del 50 por ciento la participación electoral en Valencia.
A falta de otros posibles resultados, ésa puede ser la primera víctima del famoso, lamentable y duradero caso Gürtel.