Al igual que ocurriera en Galicia tras el recuento de votos procedentes del extranjero, el PSOE acorta distancias con el Partido Popular y minimiza la diferencia de escaños en el Parlamento Europeo. Más allá de la aritmética, que otorga a los socialistas un 55,23 %, con una subida de tres puntos respecto a 2004 y una caída de dos, con el 27,1%, para los populares, quisiera proponer una reflexión abierta sobre las posibles explicaciones a un cambio tan llamativo en relación a las urnas abiertas en territorio nacional.
La primera cuestión a aclarar es si, todavía, debemos operar con la vieja idea de la emigración o empezar a considerar a esos españoles como residentes en otros países del mismo corte sociológico y generacional que los ingleses, franceses o alemanes que viven y votan en España. Convendría saber si los que han conseguido ver reconocido su voto, y hay que valorar que nada menos que un 24% ha sido declarado nulo porque, por primera vez, se ha exigido una documentación que imponía un cierto esfuerzo para lograrla, no son precisamente quienes tienen al día su DNI o su pasaporte porque la vinculación con España es cercana y pertenecen a un colectivo que realiza misiones exteriores, institucionales o empresariales, disfruta de becas de estudio, etc. No debería resultar difícil acopiar datos para extraer conclusiones respecto a esos 173.424 votantes que han vencido la apatía abstencionista y han acreditado su identificación, pero también sobre los 55.284 a los que una nueva norma frustró su participación en el proceso electoral.
¿Qué mensaje político han recibido nuestros compatriotas residentes en el extranjero para provocar un resultado tan contradictorio con el producido en España? ¿Es posible que su dosis de europeísmo sea mayor? ¿Puede ocurrir que al no estar sometidos a la influencia mediática nacional, a una campaña electoral centrada en el rifirrafe interno, dispongan de una perspectiva más limpia de lo que significa la acción del gobierno y la de la oposición, y se inclinen por la primera? Tenemos un motivo más para profundizar en el análisis post-electoral y actuar en el futuro- faltan dos años para las elecciones autonómicas y municipales- desde bases ciertas de conocimiento de la motivación de voto, prescindiendo de valoraciones ciclotímicas, generalmente depresivas, ante resultados negativos pero en absoluto catastróficos, y superables en cualquier caso a partir de la confianza compartida en un proyecto que ven con más claridad-parece- quienes contemplan el bosque que quienes se andan por las ramas.