Pues sí, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados niños y niñas que me leéis, que, como ha dejado escrito hoy el Fernando Jáuregui (un tipo al que hay que leer con atención) en Madrid han sacado los cuchillos cachicuernos, que son como navajas albaceteñas pero con un filo de dientes de tiburón o así. Toda España no habla de otra cosa, desde hace un par de días. Miguel Sebastián (sí, el candidato sociata a ser concejal de la oposición en el Ayuntamiento de la Villa y Corte) digamos que le intentó meter un gol rasante, allá por lo(s) bajo(s) a Albertito Ruiz-Gallardón a cuenta de su vida privada. Y claro, esto ha sentado mal en muchísimos ambientes.
Y ha sido mi buen amigo Elisardo de Serrano, nuestro socio madrileño, el que me ha pedido que ante el conflicto suscitado, sea yo, con mi savoir faire, savoir dire, savoir écrire, ponga el oportuno punto de encuentro. Algo así como que ejerza de pacificador. Makarios macariotetes panta mataiotes..., escrito sea en el griego original, como leemos en el capítulo 5, versículo del 3 al 12, del Evangelio de San Mateo: “Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios”.
He atendido al requerimiento de mi amigo y consocio y, por ello, desde el lúdico eclecticismo que ejerzo, creo que debo procurar, con adecuada visión de futuro, a que las relaciones entre quien está llamado a ser, después del 27M, el líder del primer partido de la oposición madrileña (o sea, Sebastián, si no quedaba claro) y el llamado a continuar siendo el alcalde de todos los villanos y de los cortesanos de la capital de estos Reynos (Ruiz-Gallardón, para entendernos). Cero que es no ya un favor, sino un deber cívico el promover este arreglo, esta entente cordiale, entre el uno y el otro.
Supongo yo que el conflicto televisivo surgió porque ambos, Sebastián y Gallardón, apenas se conocen. Y es que el desconocimiento mutuo es la madre de muchísimos malentendidos que pueden llegar a enconarse. Alguien, como paso previo al debate del miércoles (en el que el tercero en discordia, Ángel Pérez, el alcaldable de Izquierda Unida se lo debió de pasar en grande), tenía que haber propiciado un encuentro distendido entre el desconocido sociata y el conocidísimo pepero. Ese fue el fallo, pequeñines/as míos/as.
Pero bueno, aún estamos a tiempo de enmendar el hierro y favorecer las relaciones personales entre Gallardón y Sebastián y viceversa. Por ejemplo, ¿han pensado en quedar para tomar una copa juntos la jornada del 26 de mayo, día de reflexión? Sería algo hermoso, que podría fin al incidente. Y esa es, precisamente, la solución que yo propongo.
Sí, que, digan lo que digan los demás, y Elena Salgado, la ministra de Sanidad en particular, queden ambos para tomar una relajada copa de media tarde en un territorio propicio para ambos: el madrileño barrio de Chueca. Encuentro que podría ser inmortalizado por la revista Zero, de cuyo último número Gallardón ocupa la portada.
Pues lo dicho, amadísimos/as de mi paterno corazón. Un bar discreto pero alegre, con una barra con mucha gracia y más salero, luz suave, música adecuada, y unos gin fizz, para abrir boca. Con naturalidad. Sin rencores. Sin complejos. Como dos buenos amigos que desean profundizar en sus relaciones interpersonales. Incluso podrían, roto el hielo, presentarse a sus respectivas amistades personales. Ya os lo he dicho. Sería hermoso. O, al menos, una pocholada. Algo digno de pasar a los anales. O sea, que lo hagan. Que lo hagan ya. Y aquí paz y, en Chueca, gloria.