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El jazz en Cuba

El jazz en Cuba

viernes 07 de marzo de 2008, 19:28h
El director español Manuel Gutiérrez Aragón ha emprendido la nada sencilla tarea de documentar la suerte del jazz en La Habana en los últimos 60 años, desde que era visto como instrumento de "penetración ideológica" hasta convertirse en quintaesencia musical de la isla.

Roberto Manzano y Juan Picasso caminan por una céntrica calle habanera. Les rebasan dos jovencitas por un costado y el segundo, de 78 años, le espeta a su compañero, de 72, sin contemplaciones: "Y todavía quieren que el león coma hierba".

La escena forma parte del documental "Música para vivir", dirigido por Gutiérrez Aragón con guión del periodista español Mauricio Vicent.

De la mano de Manzano, Picasso y otros bailarines, la cámara viaja por algunos rincones que en los años 50 cobijaron a los amantes del jazz.

"Es una historia de la amistad a través de la música, o de la música a través de la amistad. En Cuba la música es mucho más que música, es una manera de vivir, y eso es lo que pretendemos sacar
", explicó Gutiérrez Aragón.

La idea de que en Cuba la música es una forma de vivir, de que se vive para la música, fue lo suficientemente sugerente para que el director se involucrara en este proyecto en la isla, del que saldrán un documental y cuatro capítulos para Televisión Española centrados en ritmos particulares.

Con cuatro realizadores cubanos, un capítulo está dedicado al "feeling", con dirección de Rebeca Chávez; el de jazz latino es tarea de Pavel Giroud; Arturo Soto ofrece su visión de la "fusión" y Patricia Ramos aborda la música tradicional.

Gutiérrez Aragón confiesa su admiración por el hecho de que "esta isla de once millones dé tanto" musicalmente.

Aunque contiene un diálogo de Chucho Valdés y Pablo Milanés en el que se zambullen en sus influencias y orígenes, "Música para vivir" no es un repaso de actuaciones y autores, como otras películas, sino algo más "testimonial", la versión de una "música tejida con la vida", en palabras del director.

Manzano y Picasso se convierten en hilo conductor de un relato que transcurre por los sitios en que ellos bailaban cuando eran jóvenes y el jazz era perseguido. Cuando "sonaba bajito" en las "catacumbas" de La Habana.

"Han ido cambiando de mujeres, de barrio, pero ellos han seguido siendo fieles al jazz", explica Gutiérrez.
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