Si de algo no carece el PP es de banquillo. Sus 700.000 afiliados pueden tener la certeza de contar con importantes y asentadas baronías; es decir, todo lo contrario al PSOE que gracias a los triunfos de
Zapatero se ha ido convirtiendo en un auténtico erial. Tan erial que las figuras relevantes de la presente legislatura como
Teresa Fernández de la Vega,
Pedro Solbes y
José Antonio Alonso se pierden por los pasillos de Ferraz.
En el PP ocurre justo lo contrario. Hay muchos con poder y mando en importantes territorios y ahora, cuando toca administrar la derrota por digna que haya sido, lo que es una virtud se convierte en un problema. Son tantos los importantes que ninguna voz resulta indiferente. Si
Esperanza Aguirre no tuviera mayoría absoluta en Madrid sus movimientos serían puras cabriolas; nada importarían las palabras de
Camps y lo que dijera
Ruiz Gallardón no pasaría de la categoría de ocurrencia. Pero no. Nada de lo que digan estas y otras personas resulta indiferente en este patio en el que todos han decidido jugar al "
corre, corre que te pillo".
Rajoy ha decidido jugársela
Mariano Rajoy ha decidido jugársela. “
Estoy muy bien y voy a seguir, claro que voy a seguir y además voy a ganar”. Le faltó decir algo así como “
van a saber quien soy”.Pero no le hace falta. Poco a poco aquellos que no le conocían le van conociendo y les tiene desconcertados. Nunca supusieron su determinación, primero de seguir, y, segundo, de hacer las cosas como las ha hecho. Nombrar a
Soraya Sáenz de Santamaría como portavoz es un síntoma de por donde pueden ir las cosas y algunos de dentro y, sobre todo, muchos de fuera ni lo entienden ni lo soportan.
Pero
Rajoy ya sabe que el problema para algunos no es la nueva portavoz sino él mismo, que a quien cuestionan no es al nuevo staff parlamentario -que también- sino a sus intenciones. Y, en estas, el banquillo se mueve aunque el movimiento de verdad se reduzca al de
Esperanza Aguirre que asegura querer plantear un debate ideológico salpicado de algún pellizco de monja cuando se lamenta de las dificultades que el propio partido y su dirección mantienen para que pueda salir adelante una candidatura alternativa.
El ‘lobby Aguirre’

A día de hoy
Esperanza Aguirre, cuyos méritos políticos son difícilmente cuestionables, ha conseguido convertirse en un “
lobby” más que en una alternativa. Un “
lobby” que busca, legítimamente, influencia y a ser posibles cuotas de poder interno. En esta búsqueda surge
Ruiz Gallardón y todo apunta a que al final tanto ruido se va a quedar reducido al ya tradicional y lamentable enfrentamiento Gallardón-Aguirre que tanto ha desgastado a ambos.
El grueso del “
banquillo” está con
Mariano Rajoy cuya partida aún no ha terminado. En Génova hacen números y están seguros de que gana el Congreso casi de calle. “
El partido quiere estabilidad” asegura
Esteban González Pons para quien Rajoy tiene preparada alguna responsabilidad importante, pero en el patio del PP, en ese en donde se juega al “
corre, corre que te pillo” hay un punto de zozobra. No todos tienen la seguridad de que “
Mariano esté acertando” . Lo que si saben todos es que hay margen para que “
ocurran todavía muchas cosas” -es decir, que Esperanza se presente- y que desde algunos ámbitos de opinión que no hay que despreciar “
van a por Mariano”. Mariano calla, se fuma un puro y no tiene pilas para escuchar la radio.