Es un tipo grande, muy grande. Toda la vida en su oficio, la interpretación, y no pierde el entusiasmo nunca. Es Curro Jiménez, aquel bandolero que mataba gabachos en nombre de la UCD, un hombre insondable al que le acompaña su leyenda. Sancho se llama Félix, nació en Madrid pero se crió en Uruguay donde Margarita Xirgu le hizo actor.
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En la foto tiene cara de protagonista de “El Padrino”. Tipos como él deberían ser una fundación que sirviera de ejemplo para actores más jóvenes, como Felé Martínez que también viene en el séquito. Sancho Gracia ha hecho buenas migas con Enrique Cerezo, presidente rojiblanco que aquí juega en casa porque el Atlético de Madrid es llorado en todas partes del mundo, pero especialmente en Argentina de dónde salieron el ratón Ayala, Simeone y otros tantos. Sancho Gracia no sé de qué equipo tiene pero he descubierto que tiene voz de tormenta y mirada de turco.

Lo que se dice un galán aunque no haga falta, un seductor latino que canta tangos en el autobús o cuenta el chiste del oso con mucha gracia. Al consejero Fisas le han hecho “Huésped de Honor” de la ciudad, que es tanto como si te dan las llaves o te ponen un monumento pero sin necesidad de llamar al escultor. Ya le dije que en qué parque quería su estatua ecuestre y se rió porque iba de día premiado y feliz. Fisas tiene mano en la cultura porteña y le aprecian. Hasta se hizo la foto con José Sacristán que actúa en un teatro de la calle Corrientes, (referencia en la geografía del tango).
Palermo es un barrio curioso, de tendencias, alternativo y cosmopolita. Allí encontré el cartel que se comenta por sí mismo y que responde a qué es la felicidad. Todo parte de un palito, por ahí comienza.
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