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El sueño de pasear por Sol

miércoles 23 de julio de 2008, 18:50h
Actualizado: 31 de julio de 2008, 12:48h
No creía que pudiera llegar a verlo, pero, al menos en plan virtual, he podido contemplar la Puerta del Sol peatonalizada. Bueno no toda porque eso ya hubiera sido perfecto pero casi. Después de haber dedicado numerosas columnas a la defensa de un centro urbano dedicado al viandante parece que se ha terminado imponiendo el buen juicio.

A falta de pan, en tiempos de Álvarez del Manzano me conformaba con aquellas ampliaciones de calles que en un 'quiero y no puedo' le quitaban medio carril por un lado a los vehículos y otro medio carril por la otra acera, medida que era aprovechada para poner unos arbolitos y eliminar unos cuantas plazas de estacionamiento. Luego, Sigfrido Herráez, como concejal de Movilidad, tomó algunas medidas de más calado como la de crear un eje peatonal entre el Palacio Real y el museo del Prado a través de Ramales, Santiago, Milaneses, plaza Mayor, calle Zaragoza, plaza de Santa Cruz, Bola, plaza de Jacinto Benavente, plazuela del Ángel y calle Huertas.

Cuando Alberto Ruiz-Gallardón accedió a la alcaldía se pronunció claramente: no quería prohibir el acceso a los conductores sino crear las circunstancias idóneas para que fueran ellos mismos los que desistieran del uso del coche. Comenzó con las áreas de prioridad residencial donde sólo tienen acceso los residentes. Así se crearon las áreas de Las Letras, Cortes y Embajadores. Paralelamente y de forma muy tímida, procedió a peatonalizar una parte de la calle Montera, una parte de la calle Arenal, la cuesta de Moyano y llegó a anunciar en campaña, el mismo día en que presentaba la sustitución del aparcamiento de Santo Domingo por una plaza peatonal, el ensanchamiento de la acera oeste de la Gran Vía.  De entre todos estos proyectos y realizaciones destaca, sin embargo,  la futura  peatonalización del paseo del Prado entre Cibeles y Atocha, que, al igual que el actual proyecto de Sol, espero ver y, sobre todo, pasear.

En las últimas semanas, sin embargo, parece haberse producido la catarsis. A la presentación de la futura plaza de Isabel II,-ya se podía aprovechar para cambiar su nombre por el asentado de Ópera- el alcalde suma ahora las segundas fases de las calles Montera, Aduana y Caballero de Gracia, además de la reforma de la propia Puerta del Sol y del arranque de la calle Alcalá hasta Peligros. Ya sólo falta salvar la calle Sevilla y dedicar a los viandantes buena parte de la carrera de San Jerónimo y ampliar la acera de la calle Alcalá más próxima al Círculo de Bellas Artes para que Madrid comience a sentir que cuenta, como otras grandes ciudades, con un centro peatonal.

No es suficiente y sería extraordinario que se tomaran medidas parecidas en el Madrid de los Austrias y en otras zonas incluidas dentro del círculo Cibeles-Gran Vía-plaza de España-Bailén-puerta de Toledo-rondas y paseo del Prado, pero, desde luego, el espacio peatonal que se nos promete es infinitamente mayor que lo que nunca Madrid ha tenido
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