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Tony Manero: un sujeto del mercado

Tony Manero: un sujeto del mercado

Tal vez “Tony Manero” no es la película más taquillera del cine chileno pero es la que más ha provocado discusiones y encontrados puntos de vista. También es el filme que ha recibido más trofeos y elogios en festivales internacionales. Es digno de atención este revuelo. El cine chileno     –muy prolífico en esta temporada- rara vez produce inquietudes políticas o estéticas. Sus realizadores han optado en general por las comedias divertidas o por un realismo criollista, en el que no se omiten las peores vulgaridades del lenguaje. “Tony Manero” es un crudo retrato de un hombre alienado, un producto del colonialismo cultural impuesto por un modelo de sociedad del que todos somos víctimas.

Un hombre llamado Raúl Peralta Paredes habita en una pensión miserable y se ha olvidado de su propia identidad. Solo quiere ser igual a Tony Manero, el protagonista de la película norteamericana “Fiebre de sábado por la noche”, estrenada en Santiago en 1978, cuando la dictadura de Pinochet manejaba el país a su antojo. En la realidad el falso Manero es un sicópata que cree de tal manera en su impostura que repite sin saber inglés los diálogos de la película en un rotativo de su barrio. No es un pobre hombre limitado que se realiza imitando a su ídolo. Es un criminal cuyos brutales asesinatos no tienen causa aparente. Sus víctimas son ancianos que despiertan su furia y sobre los que descarga un sadismo alevoso y cobarde. Además, es un sujeto de mórbidos impulsos sexuales.

Con impecable traje blanco y una mano arriba y la otra en la cintura se presenta en un concurso de dobles de John Travolta en el papel de Manero. Es convocado por el programa de TV “El festival de la una”, el más visto en esos momentos. Allí debe competir con varios otros que se creen igual a Tony Manero. El hombre sufre la gran decepción de no ganar el concurso. Hay otros mejores que él y no es el único que se cree una reencarnación de Travolta.

El filme ambienta su acción en los años de la dictadura. Lo que está presente siempre son sus valores. De cierto modo Tony Manero es un arquetipo cultural de los gringos, al que solo le importa el mercado y los productos de entretención que se venden. El resultado humano coherente podría ser perfectamente un Tony Manero del tercer mundo, una burda imitación de costumbres ajenas y lejanas de cualquiera idea progresista. En buenas cuentas, el Tony Manero de este filme es un personaje repulsivo, un yanacona cultural.

La película del director Pablo Larraín tiene el mérito de transmitir el subtexto de una época sin recurrir a ninguna referencia panfletaria y señala con la eficacia del actor Alfredo Castro a un personaje abyecto del subdesarrollo.

Así parece que se entendió en la quincena de los realizadores del Festival de Cannes, del año 2007.

Es una película chilena digna de todos los aplausos.

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Luis Alberto Mansilla
Periodista
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