La dignidad de los salvadores
viernes 10 de octubre de 2008, 14:51h
Última actualización: lunes 20 de octubre de 2008, 12:25h
El Ayuntamiento de Madrid copa las portadas de todos los medios informativos con una noticia que bien se podría haber producido el Día de los Inocentes, porque la prohibición de los hombres-anuncio para “salvar su dignidad” suena a inocentada. El Consistorio se adelanta y celebra su particular 28 de diciembre, y su alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, escribe el guión: “Nos parece que obligar a alguien a soportar esos carteles y transitar por las calles ataca la dignidad de las personas”.
Asegura que la prohibición no tiene razones estéticas por lo feo que resulta para el turista y los viandantes su presencia, a veces molesta, cuando se cruzan con estas personas que venden no sé qué mediante dos pantallas de cartón u otro material embutidas en su cuerpo a través de la cabeza. Tantas cosas hay en las ví¬as urbanas que nos impiden recorrer la ciudad sin problemas de movilidad, y tantas barreras arquitectónicas que hacen la vida imposible a las personas que tienen alguna discapacidad, mucha edad o un embarazo transitorio, que causa extrañeza que hayan elegido una que da de comer a ciudadanos que necesitan dinero para mantener su dignidad.
Parece una inocentada en pleno otoño que sólo es entendible si uno cierra los ojos y se encuentra con una imagen iluminada con millones de bombillas que muestra a pastorcillos con panderetas y zambombas, junto a familias enteras celebrando la paga de Navidad.
Claro que es indigno transformar a un trabajador en anuncio andante por un salario más bien precario, una jornada laboral interminable y un peso en las espaldas que podría dañar sus vértebras. Pero más indigno es quitar los euros que dignifican a ese empleado que hace un curro indigno para los muní¬cipes de la capital. Podrí¬an haber propuesto la obligación de revisión médica de estas personas para garantizar que se cumplen las reglas de ergonomí¬a, o de llevar un uniforme que estéticamente relacione su dedicación con la excelencia que acompaña a tan digna ciudad, capital de España.
Armonía, estética y dignidad, podría ser el lema de los nuevos hombres-anuncio. Si lo que es indigno es el sueldo que cobran, habría que hacer algo urgente a favor de los miles y miles de jubilados que cobran entre 300 y 400 euros al mes. Lo único que les salva es que no llevan un cartel encima, pero sí llevan mucho a sus espaldas y no encuentran la fórmula para ser mayores con dignidad. También es indigno que muchos jovencitos cobren menos que un hombre-anuncio trabajando de esto o lo otro, o de periodista en una empresa que le paga como becario y le hace currar como a los demás. También es indigno comprobar cómo crece el parque móvil de todas las instituciones debido a que los que piden a los demás que usen el transporte público se sienten encantados con tener coche oficial y, en muchos casos, escolta.
Ya sé que los salvadores que se preocupan por la dignidad de los demás hacen todo pensando en el bien común, y que creen hacer algo digno, pero esta inocentada recorre un camino que puede terminar prohibiendo las camisetas que lleven puestas los madrileños porque el anuncio no es de su agrado, es decir, poco digno.
Nino Olmeda