No cabe duda de que España debe estar en la cumbre de Washington de los próximos días 14 y 15 de noviembre. Por su peso político internacional que se puede medir en su participación en misiones internacionales en Afganistán, Líbano, Balcanes, Congo etc…; por su peso económico, más allá de si es o no la octava economía mundial, con las inversiones en Estados Unidos y en América Latina; y por su peso social e histórico que tiene en distintos ejemplos una muestra de la pujanza, la calidad, el mérito y la excelencia en diversos campos de una sociedad que crece diariamente y se proyecta cada día más a nivel internacional. España tiene una experiencia bancaria impagable en estos momentos. La reforma aplicada tras las crisis de los años ochenta y noventa ha
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permitido navegar a nuestros bancos con relativa tranquilidad al haber provisionado en el Banco de España las cantidades correspondientes a las operaciones de alto riesgo. Todo un ejemplo para los tiburones internacionales. Sobre todo para los norteamericanos que rechazan cualquier tipo de regulación. En Washington esa va a ser la pelea, entre europeos reguladores y estadounidenses neoliberales. Las negociaciones se presentan duras y complicadas mientras el sistema se sostiene ante el abismo de la quiebra.
La política tiene sus servidumbres y sus injusticias. Ha sido patético todo el proceso que hemos vivido hasta que se ha decidido la presencia de España en una cumbre que es el comienzo de un proceso histórico. Habrá más cumbres. El nuevo sistema financiero internacional no se construye en unas horas. Lo vimos en 1944 en Bretton Woods. La situación es tan grave, el sistema se ha deteriorado tanto que no es posible que unos cuantos políticos lo solucionen en una cena y en una sesión de mañana al día siguiente. Hace falta un trabajo extraordinario de los técnicos, de los expertos, de los que no están condicionados por intereses partidistas o particulares. Por eso es mucho más importante tener presencia en los grupos de expertos que se van a crear que en la primera reunión de dirigentes políticos. Insisto en que España debe estar; la foto política para España y para el presidente del Gobierno es muy importante; pero es mucho más trascendente para los intereses de todos los españoles que algunos de nuestros expertos con notable prestigio internacional formen parte de los equipos que van a hacer el trabajo real. Lo ideal es conseguir las dos cosas, pero es mucho más estratégico contar con la información de cómo se desarrollan los trabajos, la orientación, las propuestas y poder incluir y defender aspectos concretos que puedan beneficiar a nuestra economía. Después vendrán los políticos a dar el visto bueno a un guiso que ya estará cocinado. Ahí está la clave realmente importante. La foto es lo que más se vende pero lo que más vale es estar en la cocina e influir en los ingredientes.