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Un documental finlandés tiene la receta sobre cómo vivir sin petróleo

Un documental finlandés tiene la receta sobre cómo vivir sin petróleo

lunes 10 de noviembre de 2008, 10:30h
Actualizado: 17 de noviembre de 2008, 12:32h
Durante todo un año, John Webster y su familia siguieron una estricta dieta basada en no comprar nada (o casi nada) que implicara la utilización de petróleo. 'Recipes for disaster', el documental que filmó sobre la experiencia, demostró en el Festival de Cine del Amazonas las probabilidades de éxito.
La película, rodada en un tono cómico pero contundente deudor del cine de Michael Moore, compite en la sección de documentales internacionales y rompe una lanza a favor de la acción individual para poner freno al deterioro que sufre la Tierra, en concreto con la emisión de dióxido de carbono en la atmósfera.

Esta suerte de ensayo general de la extinción de recursos naturales comienza con una afirmación en tono irónico: "Nos enorgullecemos de ser seres razonables, de planear nuestro futuro, de saber que nuestros actos tienen consecuencias", asegura Webster (Helsinki, 1967), que ha realizado otros documentales como "What comes around" (2005).

Y así, comienza a lanzar los datos que le llevaron a esta drástica decisión: un ciudadano finlandés arroja una media de 13.000 kilogramos de dióxido de carbono a la atmósfera en un año, una cantidad relativamente baja en comparación con Estados Unidos, cuya polución per cápita asciende a 30.000 kilos por año.

Webster denuncia la falta de concienciación con una pregunta: "Se puede decir que somos inocentemente felices, ¿cómo puede eso herir al mundo?" y, a partir de ahí, convence a su familia de, por un lado, hablar en inglés durante un año para dar una forma más comercial al experimento y, sobre todo, ejecutar el eco-plan.

Gasolina y plástico son los principales elementos a desechar en esta dieta vital que la familia Webster, de manera experimental, comenzó a desarrollar un buen día y, desde entonces, los obstáculos no dejaron de aparecer.

Más allá de usar la bicicleta en vez de el coche o de solicitar bolsas de papel y no de plástico, en el día a día del hombre del primer mundo el petróleo se revela como una suerte de hilo conductor y el entusiasmo de los "protagonistas de esta historia" se va minando poco a poco.

Al final de la película, Webster se pregunta: "¿Qué hemos conseguido además de poner nuestra felicidad en riesgo?".

Por no usar pasta de dientes, cuyo bote está realizado con plástico entre otros materiales, una receta casera de dentífrico causa llagas en sus hijos; el viaje familiar a Italia se hace en tren y no en avión, por no hablar de la esposa de Webster, que se niega a hablar en inglés desde el principio y convierte a la amenaza de divorcio en una inesperada robaescenas.

El proceso de renuncia al propósito comienza con la compra de un automóvil que funciona con un combustible vegetal, pero ¿cómo regalar juguetes a unos niños en Navidad sin recurrir al plástico? ¿cómo rodar un documental sin que la carcasa de la propia cámara sea de plástico?

El filme, más allá de sus reflexiones cómicas acerca de los hábitos poco ecológicos -"lavamos todo nuestro cuerpo con agua, ¿por qué la parte más sucia la limpiamos con papel?", bromea- desemboca en un relativo fracaso.

La familia Webster, tras adoptar excéntrico y a veces anacoreta modo de vida, "ahorra" un total de 9.655 kilogramos de dióxido de carbono durante doce meses, pero es sólo en 52 por ciento del total. La pregunta que sobrevuela el final del filme es: ¿Qué sucederá cuando no sea un experimento sino una imposición de la naturaleza?
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