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Francisco Bobadilla

La cumbre del G-20 y la crisis económica global

La cumbre del G-20 y la crisis económica global

El pasado 15 de noviembre se reunieron en Washington los líderes de las economías más desarrolladas y las emergentes para examinar las causas profundas de la actual crisis económica mundial, a fin de adoptar medidas inmediatas y de mediano plazo que sanen el debilitado sistema financiero global y restablezca el crecimiento económico. No ha sido un acto de refundación del capitalismo mundial como algunos esperaban y anunciaban, pero es cierto que la apuesta que se sigue haciendo por una economía global abierta, incluye también el imperio de la ley: el simple dejar hacer y dejar pasar ha mostrado con creces su insuficiencia en el mercado.

El documento final de la cumbre del G-20 no tiene mayores sorpresas. No podía ser de otro modo, dada la premura de la reunión y lo alarmante del debacle financiero. Mientras tanto la crisis cobra sus primeras víctimas nacionales: Alemania y Japón han entrado en recesión. Los dos últimos trimestres del PBI de ambos países arrojan índices negativos, pequeños, pero suficientes para desacelerar el crecimiento de la economía global. Los Bancos se siguen ajustando como es el caso del City Group, el segundo más grande de Estados Unidos, que ha anunciado un despido de miles de sus trabajadores.

Los minerales por su parte siguen en baja; el petróleo, es el más afectado. Se agrega a este panorama, la crisis de la industria automotriz, seguida de  miles de despidos en todo el mundo: España, Argentina, Estados Unidos han acusado el golpe seriamente. El panorama económico mundial no es, desde luego, el mejor y eso lo perciben las Bolsas de valores del mundo que continúan con una altísima volatilidad.

Nuestro país, por esas cosas de la vida, en esta ocasión no está en lado oscuro de la fuerza. El escenario es otro. El sano manejo macroeconómico que se vino haciendo desde la época de Fujimori, continuado por Toledo y conservado prudentemente por García, nos permite tener una economía sólida que ya quisieran tener los países europeos en este momento. El sector real de la economía peruana no sólo no está a la defensiva, sino que incluso seguirá creciendo en el 2009.

Lo que está en retirada es la especulación, pero no el trabajo ni la producción. Puestos a aprender, me parece que el Perú es buen ejemplo que puede y debe ser  mirado por el G-20 en su próxima reunión. Ya se ve que la receta de la abuela funciona: el gasto, aún cauteloso en consumo, de buena parte de los peruanos nos ha mantenido alejados de la codicia. La sobriedad sigue siendo un buen patrón de conducta.

La Cumbre del G-20 deja una serie de enunciados en su documento final que vale la pena mirar con calma. Me quedo con uno de los principios que sostiene: promover la integridad de los mercados financieros. Podría haber dicho explícitamente que de lo que se trata es de promover las prácticas éticas en el manejo financiero global, pero ha preferido decir tímidamente “integridad” que, para efectos prácticos, es lo mismo: sí, hace falta más ética e integridad en los mercados financieros.

El gran triunfador en esta cumbre ha sido Adam Smith y no Karl Marx,  pero no el Smith de La Riqueza de las naciones (1776), sino el de La Teoría de los sentimiento morales (1759) en dónde el filósofo moral se pregunta por dos cuestiones clásicas de la ética: en qué consiste la virtud y de qué forma hemos de determinar que una acción es virtuosa. El mercado dejado a sus anchas, sin el soporte ético, genera crisis económicas globales.

 

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