Si alguna contribución ha hecho el Gobierno del presidente Correa al periodismo ecuatoriano es convertirlo en un blanco móvil.
Tras dos años de persistentes descalificaciones, estigmas, amenazas y desprestigio, el Régimen ha logrado que, a diferencia de sus fuerzas policiales convertidas en intocables, los periodistas nos volvamos potenciales objetivos de los fabricantes de miedos.
Es el caso de Daysi Pico, corresponsal de diario Expreso en Manabí desde hace tres años.
Reportera todoterreno, valiente, decidida, digna y persistente, nunca se ha dejado sorprender por incidentes que a otros colegas llenarían de angustia: en sus 18 años de periodismo ha vivido decenas de episodios en los cuales los protagonistas de sus reportajes han intentado sutiles mecanismos de censura para silenciar los gritos silenciosos de las víctimas.
Convencida de que parte de la rutina informativa es la agresividad de quienes se sienten perjudicados por su aguerrido trabajo, segura de que al periodista honesto la incertidumbre siempre le pasa factura, Daysi ha seguido indagando, hurgando, escribiendo sin permitir que nada le impida desplegar sus alas y denunciar hechos que los culpables preferirían mantener en secreto para siempre.
Seguidora del maestro Juan Montalvo, sabe que su pluma hiere cuando penetra en lo hondo de una realidad sórdida que otros periodistas solo la cuentan a medias o se callan. Pero desde mayo pasado su vida entró en un cambio drástico.
Tras recibir advertencias contra sus hijas y sufrir una campaña de desprestigio público, tomó la decisión de denunciar a Mauricio Montesdeoca Martinetti, ‘El justiciero’.
Daysi asegura que este ciudadano la amenazó de forma indirecta luego de que ella se negó a entregarle información adicional a la publicada en Expreso sobre sucesos violentos en Manabí.
Tras la denuncia, las autoridades policiales le dieron seguridad durante 45 días, pero ahora, por un formalismo burocrático, la han dejado sola.
Ella está resuelta a seguir escribiendo. Aunque las tenazas del desamparo han empezado a apretarla, con expresión serena y apacible reflexiona que el temor crea zozobra, pero no mata.
No obstante, el problema es más complejo: el Estado ecuatoriano está negando a Daysi Pico sus legítimos derechos a la vida y a la justicia, supuestamente reafirmados en la nueva Constitución redactada por quienes hoy manejan todos los poderes.
Desprotegida por los organismos públicos que tienen la obligación de darle seguridad, a Daysi solo le queda el apoyo de quienes tenemos el deber de traducir la indignación en acciones colectivas concretas para evitar que los fabricantes de miedos la toquen e impedir que el país estalle de oscuridad.
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