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Menú a precio fijo

Menú a precio fijo

Era de esperar que, en un trasunto de aquel “café para todos” autonómico de las Cortes Constituyentes, el Gobierno cerrase su proyecto de financiación autonómica ofreciendo un menú único y a precio fijo. El evidente malestar (en realidad, cabreo supino) de la Generalitat de Catalunya ante la oferta de Pedro Solbes no es el único. En Galicia, el bipartito ha vuelto a poner sobre el tapete sus divergencias internas, lo cual tampoco es una gran novedad, al aprobar la fórmula gubernamental los socialistas y poner serios reparos a los porcentajes contemplados en el reparto los nacionalistas del BNG.

    La propuesta, que puede convenir a muchas comunidades autónomas, acaba obviando la introducción de unas variables básicas y razonables, en función de la población y de la extensión territorial de las 15 comunidades autónomas más las ciudades de Ceuta y Melilla. Euskadi y Navarra se salvan de la quema al tener ambas comunidades sistemas distintos. El cupo vasco y el Amejoramiento del Fuero navarro se negocian bilateralmente con el Gobierno del Estado. Es lo estatuido y lo establecido.

    Puestas así las cosas, hoy por hoy, en España hay tres modelos de financiación autonómica: el vasco, el navarro y el del resto de las comunidades. Claro que, mientras el Tribunal Constitucional no diga lo contrario, existe un cuarto modelo, el fijado en el Estatut(o) de Cataluña, nominalmente en vigor, pero que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no quiere llevar a término o, al menos, en las condiciones que plantea el Gobierno tripartito catalán. Es lo malo de los menús cerrados y a precio fijo. Lo que está sobre el plato les puede apetecer a algunos (especialmente si están hambrientos) y, en cambio, a otros les puede llegar a provocar sino náuseas –que igual sí, si en el caso catalán no atenemos a la furibunda reacción de Convergència i Unió—al menos inapetencia.

    Sería de desear que, ante el borrador cerrado el 30 de diciembre, a la hora del reparto, en el seno del Consejo de Política Fiscal y Financiera se llegasen a acuerdos más razonables, en la buena inteligencia que tanto el Gobierno central como las comunidades autónomas allí representadas acercasen posiciones. Ciertamente todos, el Gobierno también, van a tener que ceder y fijar el orden real de las diferentes prioridades. Así lo aconsejan el sentido común y la crisis económica. Y es lo menos que cabe esperar en época de vacas flacas.
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