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El año que vivimos peligrosamente

Se nos va de la mano este 2008, el año en que vivimos peligrosamente. Peligrosamente en la economía, con una crisis galopante que se ha colado por la ventana de las economías domésticas y anida ya en muchos hogares, una crisis que nos retrotrae a los tiempos de la sopa boba, de la comida de caridad, de los comedores benéficos que en este año han batido récords de asistencia.

Un año que vivimos peligrosamente desde el principio al fin, hasta hoy mismo, en que hemos registrado la última víctima mortal de la violencia, la que hace el número 73, la muerte de un chaval de 16 años, lo que nos ratifica en la sensación de que este año que se muere hemos vivido en el filo de la navaja, naufragando en esa travesía imposible hacia el buen puerto del cese de la violencia de género, porque en este 2008 han sido 12 las mujeres asesinadas por sus parejas en nuestra Comunidad, y un hombre a punto de morir por intentar defender a una mujer agredida que en un acto de ingratitud intolerable no se sintió golpeada.

Se nos agota el año en que vivimos peligrosamente en las páginas del calendario de los sucesos, y que nos trajo la catástrofe aérea más importante de los últimos años, con escenario en el aeropuerto de Barajas y la muerte volando en un avión de Spanair. La muerte multiplicada por 154.

Se nos consume el año en el que un grupo de madrileños, entre ellos la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, vivió peligrosamente unas horas terribles en Bombay y sobrevivió milagrosamente a los sangrientos atentados.

También la política se ha vivido peligrosamente en nuestra Comunidad por culpa de quienes son "listos de narices" (pongamos que hablo de la moción de censura en Pinto) y del político que llama "tontos de cojones" a los que no le votan, y también ese amor-odio que se ha vuelto a manifestar entre Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre, con besos en público y puñaladas en la oscuridad, rematado el pastel 2008 con la guinda de la Ley de Cajas.

Sin  entrar en más detalles, despedimos con las doce uvas de la crisis este año 2008, con la esperanza de que 2009 sea mejor, que nos reserve muchas sorpresas, pero todas ellas agradables, y que sea el año en que Madrid despierte a la realidad y compruebe que su sueño olímpico ha dejado de ser eso, un sueño, para convertirse en un hecho tangible.
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